jueves, 6 de enero de 2011

RUEDAS DE MOLINO PARA COMULGAR(CIFU)

Hola otra vez. Como habrán podido comprobar, traspasar el abismo del que hablaba la semana pasada al final era una bobada. O lo pasas o te pasa el por encima sin muchos remilgos. Pero como lo que ocurre es que nos tienen tan inoculado en la sangre estas “fechas tan señaladas”, pues es que hasta el iconoclasta más talibán acaba ablandándose (si no llorando) de la misma manera que un etarra de los que se fueron a América en otros tiempos, llora si le ponen un pasodoble. Así somos.
El caso es que con el recién estrenado año otra vez, la cosa nacional empieza con marcheta de primera calidad. Me refiero a la cantidad de estupideces que ante la crisis y no crisis se convierten en cuestión de estado, pero para rellenar, así a bulto, el contenido de los noticiarios y las columnas de opinión como esta. Así, ante lo aciago, la vamos pasando.
Y los primeros en dar la campanada después de las de las doce uvas, cómo no, son los señores vestidos de señoras que conforman la Iglesia de Roma. Esos travestidos consentidos legalmente que bajo el pastoreo del Jefe de la Conferencia Episcopal, el sin par Monse Rouco Varela, nada más empezar el año han hecho un bolo efímero en la capital con motivo de criticar las “leyes laicas” del Gobierno, del que de nuevo han vendido “poquísimas entradas”. Menos mal que les quedan “los kikos” y los del Opus Dei.
Ya le pasó al Papa cuando vino a Santiago de Compostela, que no se comió un colín, trayendo la perspectiva de comerse el mundo y montar una “rave”. Y es que esta gente o no se entera, como da muestra el Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, cuando dice que la Unesco “tiene un plan para hacer que en los próximos veinte años la mitad de la población mundial sea homosexual”. Que venga Dios y lo vea. O la opción B, que es que están tramando una muy gorda de la que no nos enteramos nosotros.
Lo cierto es que esta cuadrilla hace un cuarto de hora tenían bajo su yugo la vida entera de este país. Todavía estas navidades comentaba en las tertulias con los abuelos de mi pueblo cómo el luto antiguamente era obligatorio durante dos años de tal modo que en ese período quien lo sufriera, si no tenía ya suficiente pena, no podía salir de casa para nada que tuviera que ver con el ocio (salir de paseo, ir al baile, escuchar música…) Dos años así, que si no se cumplían eran constitutivo de ser señalados por el dedo acusador del resto del rebaño. Y así, el omnipresente poder de las sotanas en todo.
Ahora las iglesias se están vaciando, y los que quedan, que mayormente son viejos o talibanes psiquiátricos, tienen que ser nutridos por mensajes exacerbados que alimenten su recalcitrante intolerancia. Pero a esos les queda otro cuarto de hora. ¿Para quién serán las ventajas económicas que el Gobierno ha dado a la Iglesia, cuando no haya nadie dentro?

Jesus H. Cifuentes

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