viernes, 19 de junio de 2009

YO TAMBIÉN SOY UNA CEREZA (CIFU)

El mundo en que vivimos es una gran aspirina efervescente regalando burbujas en el agua, cada una de ellas generándose de la nada, intentando salir a flote a trompicones entre la maraña de cientos de otras burbujas que quieren lo mismo de forma atropellada y, por supuesto, sin tener en el camino grandes quebraderos de cabeza, que para eso salen de una aspirina.
Es de este modo como vamos observando el día a día tan extremo de la raza humana, tan incondicional en lo que cierne al desatino. De la controversia electoral entre Musaví y Ahmadineyad con sus muertos de por medio; los inmigrantes que el PP llevó a mítines con la falsa promesa de un trabajo a cambio del voto; de los eternos zulos que ETA tiene enterrados en el subsuelo que hay más allá de sus muertos; de los 'mossos d'esquadra' absueltos tras propinar palizas en la comisaría de Les Corts; de los obamas que no acaban de arrancar las malas hierbas; de la pérdida de empleo que España está protagonizando a la cabeza de Europa (en algo tenemos que ser mejores); de las cosas que echamos a la basura con relajo, sean brazos mutilados de un trabajador inmigrante o sean los datos íntimos que se destilan de los juzgados; de los contratos lujuriosos de los futbolistas del Madrid, que realmente son intergalácticos... Demasiadas burbujas queriendo lo mismo a la vez: salir a la superficie.
Pero como ya les he contado en alguna otra ocasión, hay un lugar en el mundo en el que toda esta suerte de mezquindades todavía revolotean de una forma inocua. Es mi pueblo, Mieza de la Ribera (Salamanca), que forma parte del balcón de Los Arribes del Duero, de la raya con Portugal, y en este momento está en plena campaña de la cereza. Ahí tienes a toda la tribu subida a los árboles cual barón rampante, sudando la gota gorda por recoger las preciadas cerezas pagadas a unos despreciables 60 céntimos de euro, que al final es lo de menos.
Lo importante es la tribu y sus conversaciones y sus risas, sus historias del pasado que se vuelven a hacer presente cada vez que son contadas. Me siento como una raíz viva y feliz por poder escribir que yo también soy una cereza.

Jesús Cifuentes - El norte de Castilla

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