viernes, 12 de febrero de 2010

El “síndrome químico” sale del armario en España

Fatiga permanente, dolor de articulaciones, disfunción mental o dolor de garganta. Le llaman síndrome químico o intolerancia química múltiple y es una severa dolencia que condiciona toda la vida de millones de pacientes, cada vez más, pese a lo cual, en España, la Administración ni siquiera reconoce la enfermedad. Ahora, afectados de toda España han decidido “salir del armario” y han redactado un manifiesto cívico sobre el derecho a exigir protección y el “no uso de ciertos productos contaminantes” en lugares de trabajo, escuelas o edificios residenciales.

En Estados Unidos, se calcula que el 16% de la población sufre intolerancia a los químicos de uso común. En nuestro país, no se sabe cuántas personas sufren esta dolencia o síndrome porque la Administración sanitaria no ha hecho ninguna estadística ni estudio epidemiológico ni presta una atención especial a estas personas. La Fundación Alborada está preparando un estudio sobre la incidencia en España, pero seguramente tardará años en concluirlo dadas las limitaciones económicas de esta entidad privada y la complejidad de la enfermedad y de los enfermos.
Ana Cárdenas es una de esas “víctimas de la química”. Trabajaba en la Seguridad Social de Sabadell (Barcelona) y su oficina, como otras muchas, fue fumigada con un cóctel contra plagas compuesto, básicamente, por pesticidas organofosforados, según ella y otros compañeros, “sin tener en cuenta las malas condiciones de ventilación de la oficina”. Aunque en 1999 cesaron las fumigaciones, la contaminación del ambiente era tal que, dos años después del último rociado, un estudio medioambiental llegó a la conclusión de que la instalación seguía contaminada. “En cinco o seis oficinas –explica la afectada- empezó a haber problemas de salud con la gente de nuestra oficina, de las cuales, dos están incapacitadas y otras dos han muerto sin que se les haga siquiera una autopsia para ver cuantos contaminantes había en su cuerpo”. Ana tiene más suerte: sus dolores y disfunciones “sólo” la tienen incapacitada. para trabajar.
El manifiesto redactado por enfermos como ella, que será enviado a numerosas instituciones públicas y privadas, reivindica su derecho a respirar aire sano y libre de productos nocivos, así como saber, “de forma clara y detallada”, qué tipo de productos de limpieza, ambientadores, pinturas y demás químicos se han utilizado o se van a utilizar en los lugares de trabajo, las escuelas de sus hijos, los centros administrativos o cualquier otro lugar público “para poder enterarme de sus componentes y potenciales peligros para mi salud antes de inhalarlos irremediablemente”. “Se nos ha tachado de enfermos, demasiado sensibles, débiles, simuladores, exagerados o incluso faltos de “cordura” -lamenta la doctora Pilar Muñoz Calero, presidenta de la Fundación Alborada, y afectada ella misma de sensibilidad química-. Todo ello por no ser capaces de adaptarnos a múltiples venenos que por innecesarios y excesivos no tendrían ni siquiera que existir”. “Ya somos demasiados afectados –advierte-. Médicos, químicos o biólogos ya sabemos las múltiples vías de derivación que recorren los productos químicos que introducimos en nuestro organismo desencadenando cáncer, depresiones, alteraciones hormonales, agresión, hiperactividad y otras múltiples manipulaciones”.

Rafael Carrasco / ECOticias.com

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