martes, 20 de noviembre de 2012

¿En qué piensan los policías cuando nos pegan? (JUAN TORRES LÓPEZ)


Cuando tuve que empezar a correr delante de los grises, algo que ya no me puedo permitir, esa es la verdad, ni aunque quisiera, esa era la pregunta que me hacía: ¿en qué pensarán cuando nos pegan?

Siempre he comprendido que quienes llevan generación tras generación gozando de todo tipo de privilegios los defiendan con ahínco y recurran a mil estrategias con tal de evitar que se los quiten los de abajo, aquellos a los que temen y desprecian.

Es comprensible que gasten dinero y tiempo en establecer todo tipo de barreras y defensas y que no duden en cometer, directamente o por encargo, cualquier tropelía si se ven en peligro.

También comprendo que haya personas nacidas de lo más bajo pero que a cambio de un puñado más o menos suculento de prebendas se conviertan en arqueros de quienes en realidad no tienen nada que ver con ellos, de quienes seguramente los desprecian igualmente, e incluso quizá más, porque saben que se venden y que han sido simplemente comprados. Entiendo perfectamente que haya tanto periodista, abogado, economista, político, y tanta persona de origen humilde erigida en portavoz de los intereses de los de arriba. Es patético (basta ver cualquier días las televisiones), pero me resulta humanamente comprensible: viven para tener y los de arriba son generosos cuando se trata de fortalecer las barreras y de evitar los peligros, sobre todo, porque al fin y al cabo le pagan con su propio dinero, ni siquiera tienen que renunciar al suyo, ni a su poder, que en última instancia nunca van a compartir, como tampoco los espacios más sagrados en donde los advenedizos nunca van a entrar, por mucho que sea su servilismo y su docilidad.

Todo eso lo comprendo, pero supongo que reconocerán ustedes conmigo que es mucho más difícil de comprender la conversión de quienes, para colmo, siguen sin tener donde caerse muertos, los que no levantan cabeza en toda su vida y saben que no van a levantarla ni ellos ni sus hijos, ni los hijos de sus hijos, ni los hijos de los que vengan detrás.

Por eso me he preguntado siempre de dónde saca la rabia un policía cuando, como el 14N en Tarragona, apalea a un menor, o cuando corre desaforado contra quienes podrían ser sus hijos o contra los que, en todo caso, tienen sus mismos problemas y reclaman los mismos derechos que ellos quisieran disfrutar, en una manifestación que simplemente reclama justicia y que se ejerzan derechos sociales reconocidos por las leyes. ¿De dónde saldrá la indignación para apalear a los manifestante si ellos tienen los mismos sueldos de miseria, si sus hijos corren igual peligro que el de quienes se manifiestan: no poder ir a buenos colegios públicos, o que sus padres o ellos mismos pierdan las pensiones o la atención sanitaria o los cuidados?

¿En qué piensan seres humanos exactamente igual que nosotros, o incluso con más problemas y miserias económicas, con menos derechos laborales posiblemente que la mayoría de la población, cuando muelen a palos a quienes reclaman que la sociedad en la que ellos también viven, como sus esposas, sus madres y padres, sus hijas e hijos, sea más justa y trate mejor a las personas que son exactamente como son ellos, los policías, gente de origen humilde, de rentas bajas, trabajadores como puedan serlo los demás, a los que, sin embargo, se enfrentan a palos?

¿En qué pensarán los policías cuando nos apalean para no darse cuenta de que los que corren delante de ellos en las calles simplemente quieren una sociedad en donde las gentes más desfavorecidas, como lo son sin duda la mayoría de los policías, vivan mejor y con más derechos y bienestar? ¿En qué pensarán para no darse cuenta de que los porrazos que pegan se los están dando también a ellos mismos, a sus familiares, a sus hijos, y que con esas porras durísimas no solo están rompiendo la cabeza de unas cuantas personas sino el futuro y la felicidad, ¡también!, de los seres a los que más quieren, por los que seguramente serían capaces de dar su vida con la mayor generosidad? ¿Y en qué estarán pensando esos policías que se infiltran, como hemos visto en tantas imágenes, para provocar ellos mismos la violencia y los altercados que justifiquen la carga contra jóvenes de su misma clase que están a su alrededor sin ánimo alguno de ser violentos?

¿En qué pensarán los policías para no darse cuenta de que los han colocado en el bando equivocado, que se están enfrentando en realidad a quienes son como ellos, que lo que hacen es el trabajo sucio de defender a porrazo limpio a los privilegiados que los obligan a malvivir y que condenan al paro, al sufrimiento y al malestar innecesario a sus seres más queridos?

Post Scriptum.

Después de haber escrito este texto, tuve noticia de una muy numerosa manifestación de policías en Madrid para luchar por sus derechos, recortados como los de tantos otros trabajadores. La contemplé con especial simpatía, y solo espero que llegue un día en que ni un solo policía levante su porra contra los que reclamamos justicia, democracia real y un futuro digno para nuestros hijos y que, de la mano de una gran mayoría social, ayuden también a conquistarlos.

Spain is experiencing a period of intense social crisis (VICENÇ NAVARRO)

El blog del profesor Navarro publica su artículo que se publicó en el blog de la London School of Economics a petición de tal institución, que resume la situación social en España durante la crisis. 12 de noviembre de 2012.

Today we are witnessing a frontal attack (and there is no other word to describe what is happening) to the welfare states of the countries of the eurozone, which is especially accentuated in the periphery of this monetary union. In Greece, Portugal, Spain, and Ireland, we are seeing wage reductions, increases in unemployment, dilution and weakening of social protection, reduction of public social expenditures, privatization of public transfers (such as pensions) and public services of the welfare state (such as medical care, education, and social services), reduction of labor, social and even civil rights, and weakening of collective bargaining and trade unions. All these public interventions represent active aggression against the welfare and well-being of their populations, in particular of their popular classes (working and middle classes). They are hurting a lot. In Spain, the suicide rate has increased threefold as a consequence of the unbearable stress among people who have lost their homes. Every day, almost 500 families are forced to leave their homes because they cannot pay the rent.

All these policies respond to the understanding held by the European financial, political, and media establishments that the welfare state in Europe is no longer sustainable. As Mario Draghi, President of the European Central Bank, put it quite clearly in an interview with the Wall Street Journal: “The social European model is not sustainable any longer.” Mariano Rajoy, head of the conservative Spanish government, has said the same, just using different words: “We are spending in our welfare state far above what we can afford.” Spain, incidentally, is one of the countries in the EU-15 that spends the least on its welfare state, at only 22 per cent of its Gross National Product, compared with the 27 per cent average of the EU-15. Only one out of every 10 adults works in the public services of the welfare state (such as medical care, education, and social services) compared with one out of every six on average in the EU-15 and one out of every four in Sweden, the country in the EU-15 that has the most developed welfare state. Regardless of the indicators one uses, the fact is that the Spanish welfare state is underfunded and undermanned. And, with the cuts of public social expenditure, the situation is getting worse. The average time for patient visits to their general practitioners, in the National Health Services, has been reduced by 30 per cent since the crisis started in 2007.

The 20 per cent of the population with the highest rent, however, has not been affected by the deterioration of these public services, since they use private services, both in medical care and in education. They go to see private physicians when they are sick and send their children to private schools. Social class is indeed an important variable in understanding Spain. The Spanish state (as well as the Greek, Portuguese, and Irish states) is poor, with scarce social conscience and with limited redistributive effects, the result of very regressive fiscal policies. And the cuts are weakening the situation even more.

The causes of the crisis

There are three causes of this situation in Spain. One is its history. The Franco dictatorship was highly repressive and regressive. The Spain of today is still the country of the EU-15 with the highest number of policemen per 10,000 inhabitants and the lowest number of adults working in the welfare state.

The second reason is the way in which Spain entered into the eurozone. The required reduction of the public deficit of the Spanish state (stipulated by the Stability Pact) – from 6 per cent of Gross National Product to 3 per cent – was achieved primarily by cutting public expenditures (in particular, social public expenditure) rather than by increasing taxes. Because of the way the Stability Pact’s conditions were achieved, the reductions of the public deficit, which enabled Spain to become a full member of the eurozone, were done at the cost of its welfare state. The revenues to the state that, during the period 1978-1993, had gone to reduce Spain’s enormous social deficit have, since 1993 (when major decisions were made to reduce the public deficit), gone to reduce the public deficit of the Spanish state. In this way, the deficit on social expenditures has increased dramatically, reversing many of the reductions that had been occurring before entering the eurozone. The popular classes were the ones who paid, through the weakening of their welfare state, the entrance costs into the eurozone.

The third reason has been the way the Spanish state has responded to the crisis since 2007. During the housing bubble (created by the alliance of the banking and real estate sector, the most speculative sector of the Spanish economy), state revenues increased because of rapid economic growth. The response of the government to this growth was to reduce taxes (in particular, corporate taxes) in 2006. Those reductions created a hole in the state of more than 22 billion euros. When the crisis started in 2007, the economy stopped growing and that hole appeared in all its intensity, and instead of filling it in by increasing taxes, it was filled with savings achieved by cutting public social expenditures. Examples are abundant. The socialist Zapatero government reduced public pensions (in order to save 1.2 billion euros). But, he could have obtained more by retaining property taxes (which had been eliminated and would have achieved 2.5 billion euros). Later on, the conservative President Rajoy went even further, cutting 6 billion euros from the National Health Service. He could have obtained the same amount by eliminating the cuts on corporate taxes of large corporations, which made more than 150 million euros per year that he had approved previously. For every cut the government imposed to the welfare state, there was an alternative that was not even considered. The dramatic reductions of public social expenditure (that are clearly affecting the quality of life of the majority of the population) have been accompanied by a higher public assistance to banking (this aid represented 10 per cent of the Gross National Product).

All these governmental policies were not in the governing parties’ electoral platforms. There was no popular mandate to carry them out. Quite the contrary, they are extremely unpopular. In the last few years, there have been four general strikes. Indeed, the popularity of not only the governing parties, but also the political system, is very low, calling into question the legitimacy of governments that are forcing policies on the population, policies that were never approved by those populations. The crisis of democracy in Spain is a consequence of the economic and social crisis.

A final point: The reduction of public expenditures and salaries has created an enormous problem of lack of demand. The population is deeply in debt (as a result of the reduction of salaries). This explains the decline of economic activities, further complicated by the austerity policies. Meanwhile, the most profitable sectors of the economy are the speculative ones, such as the previously mentioned real estate sector. Spanish and German banks have been the primary investors in these speculative sectors, facilitating the housing bubble. Today, German banks have loaned 200 billion euros to Spanish banks and to the state. And the “rescate” (meaning the aid to the Spanish banks by the European Union) is money that could enable Spanish banks to return the money owed to the German banks, with the Spanish people paying the bill. It is not surprising that Europe is very quickly losing, at the street level, the attraction that it used to have in Spain. Europe, which during the fascist dictatorships led by General Franco was perceived by the democratic forces as the dream to be reached once democracy had been established, has become a nightmare. The percentage of people who want to leave the euro is already 30 per cent and growing. It has been the end of that dream.

sábado, 17 de noviembre de 2012

COMIDA CON ÁNGELA Y CÉSAR EN EL LLAR

Confit de pato
Entremeses

Entrecot


Solomillo en hojaldre

Tarta de castañas

Tarta de queso
Hoy han venido a León Ángela y César, desde la Nochevieja del 2009 que pasamos en Ponferrada, no nos habíamos vuelto a ver ¡casi 3 años! ¡no puede ser!. Así que tenía muchas ganas de verles. Me invitaron a comer en "El Llar" y como veis nos pusimos las botas ¡estaba todo riquísimo!, luego tomamos un cafetito en la Plaza Mayor y ya se fueron (que también tenían que visitar a su familia). 
Me lo pasé muy bien ¡la verdad es que me encanta estar con ellos, siempre me lo paso tan bien! Muchas gracias chicos, por todo.
Ojalá nos volvamos a ver prontito.
Anina

viernes, 16 de noviembre de 2012

¡Aquel Tratado de Maastricht! (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en Sistema Digital el 16 de noviembre de 2012

Es curioso que solo muy poca gente se acuerde ahora del Tratado de Maastricht, cuando es en él donde se encuentra el origen de los problemas que tiene ahora la Unión Europea. A base de muchas mentiras se está haciendo creer a la gente que lo que le sucede a los países que sufren las mayores perturbaciones es que han realizado mucho gasto público social y que eso ha aumentado hasta niveles insoportables el peso de la deuda pública, de donde deducen la exigencia de llevar a cabo políticas de austeridad basadas en el recorte de derechos y prestaciones sociales. La realidad es otra bien distinta: lo que verdaderamente ha hecho que crezca la deuda pública (además del impacto más reciente de la crisis financiera internacional y la subsiguiente caída en los ingresos públicos) no ha sido el incremento del gasto público primario (es decir, el asociado a gastos corrientes o de inversión), sino el dedicado a pagar intereses y la deuda que ha ido siendo necesaria para afrontar la deuda anterior.

Se calcula que los Estados europeos vienen pagando a la Banca privada unos 350.000 millones de euros cada año en concepto de intereses desde que dejaron de ser financiados por sus antiguos Bancos centrales y después por el Banco Central Europeo (Jacques Holbecq y Philippe Derudder, ‘La dette publique, une affaire rentable: A qui profite le syste`me?’, Ed. Yves Michel, Pari´s, 2009). Esa es, pues, la verdadera losa que ahora lastra a las economías europeas y no en el peso insoportable, como quieren hacer creer, del Estado de Bienestar. No podemos cansarnos de repetir que si los saldos primarios que ha ido teniendo el Estado español desde 1989 se hubieran financiado a un interés del 1% por un Banco central (como es lógico que hubiera sido) el peso de la deuda pública española sería ahora del 14% del PIB y no el 87% actual (Eduardo Garzón Espinosa. ‘Situación de las arcas públicas si el estado español no pagara intereses de deuda pública’: http://eduardogarzon.net/?p=328). Esa es la demostración palpable de que son los intereses financieros y no el gasto social el verdadero origen de la deuda, que se quiere combatir a base de recortar derechos y democracia.

Y se olvida ahora que fue el artículo 104 del Tratado de Maastricht el que consagró esa prohibición de que los Bancos centrales financiaran a los gobiernos. Una condición completamente absurda desde el punto de vista económico y financiero, que solo beneficia a la Banca privada, que así ha podido hacer un negocio de dimensiones auténticamente astronómicas: es fácil calcular que gracias a ello los Bancos europeos habrán recibido graciosamente alrededor de unos siete billones de euros desde que se ratificó el Tratado de Maastricht en concepto de intereses. Un dinero, además, que en lugar de haberse dedicado a financiar preferentemente el desarrollo productivo europeo ha sido el que ha alimentado la especulación financiera, la formación de burbujas que al estallar se han llevado por delante a economías enteras y las cuentas multimillonarias que los Bancos europeos mantienen en los paraísos fiscales o que dedican a financiar todo tipo de crímenes y delitos, el tráfico de armas, de personas, de droga o la corrupción política.

Para que eso fuese posible, el Tratado también estableció otra medida igualmente carente de fundamento científico: la independencia de los Bancos centrales que, en realidad, simplemente ha sido el procedimiento que permite que actúen con total libertad al servicio de la Banca privada. Prueba de ello es que la gestión de los Bancos centrales desde que son independientes ha sido la menos exitosa de toda su historia, pues en esta época es cuando se ha producido el mayor número de crisis financieras y los episodios más graves de inestabilidad monetaria. Aunque, eso sí, la mayor distribución de renta a favor de los poderosos gracias a la política de tipos de interés y al manejo de la cantidad de dinero circulante.

Con tal de favorecer a la Banca privada, el Tratado de Maastricht es el responsable original de que los Estados europeos estén maniatados a la hora de hacer política económica, cuyo éxito se basa inexcusablemente en la coordinación constante entre sus diferentes responsables y entre sus diferentes manifestaciones e instrumentos. Y de ahí, desde Maastricht, que sean tan impotentes para controlar lo que ahora se nos está viviendo encima.

También fue ese Tratado el que por primera vez estableció reglas igualmente absurdas de convergencia nominal, que el tiempo se ha encargado de demostrar que eran completamente inútiles para conseguir el equilibrio y la armonía que precisa una unión monetaria para funcionar correctamente y sin generar más problemas que los que resuelve. O las de estabilidad presupuestaria, tan infundadas e injustificadas desde el punto de vista científico, que han sido incumplidas en unas 140 ocasiones por los diferentes Estados. Y cuya perversión se demuestra simplemente preguntándonos en qué situación se encontrarían hoy día los países, ahora más avanzados del mundo, si hubieran estado sometidos a esas normas de estabilidad presupuestaria desde hace 100 o 150 años.

Pero el Tratado de Maastricht no solo fue decisivo por la introducción de estas ataduras económicas y privilegios que condenaron a los pueblos de Europa y a sus diferentes naciones a la situación en la que ahora nos encontramos, sino que igualmente lo fue por la forma tan antidemocrática en la que se ratificó, soslayando el debate social sobre este tipo de aspectos esenciales, o mejor dicho, ocultando a los ciudadanos sus consecuencias, e incluso haciendo trampas a la hora de aprobarlo.

Maastricht fue, por eso, la primera y más clara alerta de que los constructores y beneficiarios de la Europa neoliberal que allí se ponía en marcha no necesitaban democracia, sino todo lo contrario y que, por tanto, con el Tratado comenzaba su desmantelamiento real.

El lado positivo de Maastricht es que demuestra el origen ilegítimo que ha tenido la deuda que injustamente se hace recaer sobre los pueblos europeos. Y, por lo tanto, la primera razón para auditarla en toda Europa y repudiarla cuanto antes.

Tony Blair y el declive de la Tercera Vía (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 16 de noviembre de 2012

Este artículo señala las características de la Tercera Vía y su responsabilidad por el gran declive de la socialdemocracia en la Unión Europea. Señala también a la figura de Tony Blair como personaje característico de aquella tradición política, mostrando a nivel personal las consecuencias de la ideología dominante en tal Tercera Vía.

Uno de los desarrollos que dañaron más a la socialdemocracia europea fue la aparición y desarrollo en su seno de la corriente liberal conocida como la Tercera Vía, también llamada blairismo, enfatizando así el liderazgo que Tony Blair, el Primer Ministro del gobierno laborista británico, proveyó en la aparición de tal corriente dentro de la socialdemocracia. Tal blairismo se caracterizó por la sustitución de los principios socialdemócratas por principios de clara orientación liberal. Entre ellos, el que llamó más la atención fue su abandono de las políticas redistributivas, enfatizando en su lugar, la necesidad de facilitar la concentración de las riquezas a fin de crear y acumular capital que, indirectamente, se filtrara al resto de la población. La aplicación de tales principios despertó gran interés y apoyo al blairismo por parte del gran capital británico y muy en particular el financiero, basado en la City (el Wall Street de Gran Bretaña), que se benefició enormemente de las políticas fiscales que favorecieron a las personas que derivaban sus rentas no del trabajo, sino de la propiedad. Tony Blair se convirtió así en la figura preferida y promocionada por las grandes fortunas de la City de Gran Bretaña. En realidad, atrajo capital financiero a la City, presentándola como el paraíso fiscal de mayor rentabilidad. Tony Blair estaba orgulloso de que la City permitiera prácticas irregulares que no se permitían en Wall Street. Ello determinó un enorme aumento del capital financiero que, durante el mandato de Blair, alcanzó a ser el 32% del PIB, crecimiento que tuvo lugar a costa del sector industrial, que pasó de representar el 20% del PIB al 12%, durante el mismo periodo (ver mi artículo “El fracaso del nuevo laborismo y del socioliberalismo”, ‘Sistema digital’, 21.05.12).

Tony Blair, como Gerhard Schröder en Alemania, hicieron también reformas laborales que redujeron los salarios como consecuencia de su desregulación. Y Tony Blair también desalentó las políticas de expansión de gasto público como medida de estímulo económico, argumentando su imposibilidad en una economía globalizada, ignorando que algunos de los países más integrados internacionalmente, como los países escandinavos, tenían un gasto público mayor, base de su expansión económica. Tony Blair continuó las políticas de austeridad de gasto público que había iniciado Margaret Thatcher. De ahí que se le conociera popularmente como la “señora. Thatcher con pantalones”. Naturalmente que esta expresión era un tanto exagerada pero sí que reflejaba la percepción popular de lo que Blair significaba en la Gran Bretaña: la incorporación del liberalismo (en el área económica neoliberalismo) dentro de la socialdemocracia, cambiando radicalmente las políticas públicas que habían caracterizado a esta sensibilidad política.

EL COSTE ELECTORAL DEL BLAIRISMO

Tales políticas explican el declive electoral del Partido Laborista, disminuyendo de una manera muy significativa su representatividad parlamentaria. En otro artículo he documentado que, en contra de lo que se presentó en los medios de mayor difusión, el blairismo llevó al Partido Laborista a un desastre (ver artículo “La crisis de la socialdemocracia en Europa”, publicado en ‘Sistema Digital’ y disponible en www.vnavarro.org). Baste recordar que el Partido laborista pasó de recibir el apoyo electoral de un 33% del electorado en el inicio de su periodo gobernante, 1997, a un 25% en 2001, y un 22% en 2005. Si Gran Bretaña hubiera tenido un sistema electoral proporcional, el Partido Laborista habría perdido la mayoría parlamentaria ya en la segunda elección. El que consiguiera la mayoría parlamentaria hasta el año de su colapso parlamentario, 2005, no fue –como sus ideólogos, como Anthony Giddens, indicaban- resultado de su supuesta popularidad, sino al contrario, como consecuencia del enorme sesgo del sistema electoral y de la crisis del Partido Conservador. Un tanto semejante le ocurrió, por cierto, al partido gobernante socialdemócrata alemán. Todos los partidos socialdemócratas pertenecientes a la Tercera Vía (que eran la mayoría que gobernaban la Unión Europea) han sido derrotados electoralmente con gran pérdida de su apoyo electoral, perdiendo a la vez un gran número de militantes y simpatizantes.

¡POR FIN PODEMOS VER QUE FUE EL BLAIRISMO!

Pero el significado de Tony Blair y lo que él representó quedó incluso más claro una vez éste dejó su cargo en el Gobierno de Gran Bretaña. Sus ansias de enriquecerse se han desarrollado extensamente a través de sus asociaciones con algunos de los regímenes más crueles y rechazables hoy existentes en el mundo, entre los cuales destacan Kazakhstan y Azerbaiyán, países que han sido señalados por las organizaciones a favor de los Derechos Humanos entre los regímenes en el mundo donde tales derechos están más limitados. Son dictaduras sin ningún respeto a la existencia de derechos políticos, civiles, sociales y laborales, en las que una superminoría explota sus recursos naturales, incluyendo el petróleo, con la alianza de las compañías extranjeras que mantienen una relación privilegiada con los dictadores que oprimen su ciudadanía. Tony Blair ha recibido y continúa recibiendo millones y millones de dólares como asesor en relaciones públicas, entre otras funciones, asistiendo a cambiar la imagen de tales regímenes. Opositores a tales dictaduras han pedido a las fuerzas democráticas del mundo que denuncien al señor Blair por su defensa y ayuda a tales regímenes.

Las fuentes de ingresos del señor Blair son numerosas. Ken Silvertein, codirector de la revista estadounidense ‘Harper’s’ ha citado algunas de ellas en su artículo sobre tal personaje, publicada en ‘The New Republic’ (04.10.12), del cual saco la mayoría de datos presentados en este artículo. La lista es enorme e incluye algunas de las empresas más conocidas por su comportamiento inmoral, como JP Morgan Chase (que pago 4 millones de dólares a Blair) y el Gobierno feudal de Kuwait, entre muchas otras dictaduras, además de las citadas, consiguiendo sólo en un año (según el ‘Financial Times’) 30 millones de dólares. También recibe ingresos por conferencias (a 200.000 dólares la conferencia) sobre el futuro de la socialdemocracia y del mundo. Lo que encuentro extraordinario no es lo que este ex líder de la socialdemocracia hace (ya era predecible viéndolo gobernar) sino que círculos socialdemócratas le inviten, incluyendo la Fundación Ideas, el ‘think tank’ del PSOE. Supongo que no les pagarían 200.000 dólares. Pero, me pregunto, ¿de verdad quieren aprender de Blair cómo se construye el socialismo?

jueves, 15 de noviembre de 2012

¿Quiénes son los patriotas? (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 15 de noviembre de 2012

Este artículo analiza el concepto de patriotismo, ampliamente utilizado estos días por las fuerzas conservadoras tanto en España como en Catalunya, para movilizar a la ciudadanía a favor de sus propuestas. El artículo define epistemológicamente el significado de patriotismo, mostrando que el criterio por el cual puede consensuarse el significado de este concepto queda claramente violado por las políticas públicas que tales fuerzas políticas están hoy imponiendo a la población española, incluyendo la catalana.

Mark Twain, uno de los autores más críticos de la sabiduría convencional que ha tenido EEUU, escribió frecuentemente que el concepto de patriotismo, en cualquier país, es uno de los más utilizados para esconder intereses de grupos sociales que quieren mantener, por todos los medios, sus privilegios utilizando el sentimiento patriótico como mecanismo de movilización popular, identificando sus intereses particulares con los intereses de lo que llaman patria. Antonio Gramsci, en Italia, uno de los analistas más importantes que han existido en Europa de cómo el poder se reproduce en las sociedades, subrayó con gran agudeza la función ocultadora de los símbolos de la patria para defender los intereses de las clases dirigentes.

España (y Catalunya dentro de ella) es un ejemplo claro de lo que Mark Twain y Antonio Gramsci indicaron. Las derechas han sido siempre las que se han presentado como las grandes defensoras de la patria, defensa que requiere los máximos sacrificios de los que están a su servicio. Uno de los eslóganes de la Guardia Civil (el cuerpo de policía armado que históricamente ha tenido la función de mantener el orden público y reprimir cualquier agitación social que cuestionara las relaciones de poder existentes en España) era “Todo por la patria”, lo que podía significar incluso la pérdida de  la vida de los guardias civiles aunque también, mucho más frecuentemente, la de los represaliados. La Monarquía, el Ejército y la Iglesia han sido siempre las estructuras institucionales que han defendido el poder de los grupos dominantes en las esferas financieras y económicas (y, por lo tanto, políticas y mediáticas) del país, utilizando el amor y el compromiso con la patria como mecanismo de movilización popular en defensa de sus intereses. Las pruebas históricas que avalan esta utilización de la patria para dichos fines particulares son robustas y abrumadoras.

Tales instituciones de derechas son pues las que se consideran a sí mismas como las defensoras de la patria. Hace sólo unos días, el diario monárquico profundamente conservador ABC ponía en portada a la Duquesa de Alba como la gran defensora de la patria española acusando a los catalanes de ser poco patriotas (11 Nov. 2012). Tal personaje es una de las terratenientes más importantes de España y está entre los que reciben mayores subsidios del estado español y de la Unión Europea, a cargo del erario público. Su linaje familiar, por cierto, ha jugado un papel clave, junto con otros terratenientes, en reproducir una situación en el campo andaluz responsable, en gran parte, de la pobreza de las poblaciones rurales de aquella parte de la patria española.

Pero la credibilidad de tal tesis (de que las derechas son las que sostienen el patriotismo) depende, en gran medida, de lo que se entienda por patriotismo, el cual, como la mayoría de sentimientos, no es fácil de definir. Después de todo, ¿qué quiere decir amor a la patria?

¿Qué es patriotismo?

Pero, independientemente de las muchas maneras mediante las que tal concepto y sentimientos puedan definirse, sí que debería haber un componente que coincidiera en todas las definiciones posibles. Y éste es que el amor a la patria debería incluir amor a la ciudadanía de la entidad así definida. No se puede amar a España (o a Catalunya) sin estar dedicado al bienestar de la población que constituye tal país (España y/o Catalunya). Y, puesto que la mayoría de la población pertenece a las clases populares, un indicador de patriotismo debería incluir como elemento definitorio el compromiso y dedicación a la mejora del bienestar de las clases populares. No se puede amar a España (y a Catalunya) sin este compromiso, pues de lo contrario se tiene una visión excesivamente esencialista, casi mística, de lo que es la patria, una concepción poco coherente con la vida real de las personas. En realidad, si la definición de patriotismo no incluye un compromiso por mejorar la vida y bienestar de la mayoría de la población, entonces hay que sospechar que el concepto de patriotismo está siendo utilizado, confundiendo los intereses de la patria con los de un sector minoritario de la población.

Parecería, pues, razonable aceptar, incluso por las derechas, que un elemento común de tal patriotismo fuera la dedicación de las fuerzas patrióticas al bienestar del pueblo, que en términos cuantitativos, serían las clases populares, clases populares que en cualquier país incluyen las clases trabajadores y las clases medias de renta media y baja.

¿Son patriotas las fuerzas que se autodefinen como tales?

Pues bien, tal dedicación puede evaluarse incluso numéricamente. Como decía Mark Twain, el amor no puede cuantificarse, pero sus consecuencias sí. Veamos, pues, los datos. En aquellos países de Europa donde las derechas (que se autodefinen como las fuerzas patrióticas) han tenido más poder históricamente, tales como el Sur de Europa (España, Grecia y Portugal), el nivel de desarrollo económico, social y político ha sido el más bajo de la Unión Europea. Los datos son abrumadores. Tanto el PIB per cápita como el gasto público social per cápita, o el número de recursos públicos (desde transferencias públicas, como pensiones, hasta servicios públicos, como sanidad y educación, que contribuyen enormemente al bienestar y calidad de vida de las clases populares) han sido, y continúan siendo, los más bajos de la UE-15. Es también en estos países donde los ingresos al Estado son los más bajos, donde la política fiscal es más regresiva y menos redistributiva, donde hay más fraude fiscal y donde hay mayores desigualdades y concentración de la riqueza.

Estos datos permiten, entonces, hacerse la pregunta ¿dónde está el amor a España de los súper patriotas españoles? Su compromiso con el bienestar de la población parece estar muy sesgado hacia ciertos grupos y clases sociales, a costa de los intereses de la mayoría de sus poblaciones. La evidencia de ello es abrumadora. Así como es también abrumadora la evidencia de que este sesgo clasista del patriotismo aparece en varios momentos de la historia de este país. En todos ellos, cuando el gobierno elegido por la ciudadanía a través de procesos democráticos llevó a cabo políticas públicas que beneficiaron a las clases populares, reduciendo los privilegios de los grupos y clases sociales antes mencionados, las derechas superpatriotas se rebelaron militarmente para interrumpir tales políticas. En España, los superpatriotas –la Iglesia, el Ejército, la Monarquía, la banca y la oligarquía empresarial- establecieron un régimen enormemente represivo (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000, según el Catedrático Malefakis, de la Columbia University, experto en el fascismo europeo) que dañó enormemente a la mayoría del pueblo español. Cuando el golpe militar de 1936 ocurrió, el nivel de desarrollo económico español era casi idéntico al italiano. Su PIB per cápita era semejante al PIB per cápita italiano. Cuando la dictadura terminó, en 1978, España tenía un nivel de riqueza que era sólo el 68% de la italiana. Este fue el coste que aquel supuesto patriotismo significó para el pueblo español. El golpe militar se realizó no para salvar la patria sino para que la Iglesia pudiera continuar controlando la educación de los españoles y también la tierra que poseía (la Iglesia era el terrateniente con mayor extensión de tierra en España. Hoy es el segundo); para que la Monarquía continuara siendo el sistema político que garantizara el dominio por parte de las derechas de los aparatos del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas, la Judicatura y las Fuerzas del Orden; para que el Ejército tuviera sus privilegios, garantes de la unidad de la Patria (convirtiendo al Ejército en instrumento de represión interna); para que la banca y la oligarquía empresarial pudieran mantener sus escandalosos privilegios (que todavía se mantienen hoy, como queda claro con la excesiva protección de la banca frente a los desahuciados); y así un largo etcétera.

La oposición popular a tales medidas regresivas del sistema establecido por los supuestos patriotas explica la enorme represión que caracterizó aquel periodo de dominio del estado por las derechas supuestamente patrióticas. Su carácter nacional, por cierto, quedó negado por el hecho de que su victoria se debiera primordialmente a la ayuda que les prestó la Alemania nazi y el fascismo italiano. Sin esta ayuda extranjera, el golpe militar no podría haber conseguido parar la oposición a tal golpe.

¿Dónde estaba y dónde está ahora el amor a España de los supuestamente patriotas?

Esto podría también preguntarse hoy al gobierno de derechas español, que está llevando a cabo el ataque (y no hay otra manera de definirlo) más feroz al bienestar de las clases populares. Hoy se están haciendo reformas que afectan muy, pero que muy negativamente al bienestar de la población, y muy en particular de las clases populares. La evidencia de ello es contundente. Nunca antes en el periodo democrático, el ya insuficientemente financiado Estado del Bienestar español ha estado bajo un ataque tan frontal. Y este ataque se está haciendo para el beneficio de los mismos intereses económicos de siempre: el capital financiero español y el mundo empresarial de las grandes corporaciones, a costa del bienestar de todos los demás. De nuevo, la evidencia de ello es robusta y convincente.

Y todo ello se hace justificándose con la necesidad de aplicar tales políticas de austeridad que son –según el establishment español- las únicas posibles, lo cual es fácil de demostrar que no es cierto. Podrían aplicarse otras que no afectarían a los intereses de las clases populares, afectando, en cambio, a los intereses de los grupos que, de nuevo, se presentan como superpatriotas, defensores  de España. Esta desfachatez (y no hay otra manera de definirlo) se hace violando la soberanía de la Patria que dicen amar tanto, obedeciendo  dócilmente al gobierno alemán, como lo hicieron también en los años treinta. Es la repetición de la historia. Ahora, como entonces, los superpatriotas utilizaron la bandera para defender sus intereses de clase. Así de claro. Y haciéndolo así están traicionando, una vez más, al pueblo español.

Hoy, en España, los movimientos de protesta social que salieron a la calle ayer, en la Huelga General, en defensa de los derechos de las clases populares y de la soberanía de España son los auténticamente patriotas, entendiendo como tales a los que defienden a la mayoría de la ciudadanía frente a una minoría que defiende sus propios intereses y los de sus aliados internacionales, incluyendo las elites financieras que dominan el gobierno alemán.

Una última observación. Le ruego al lector que haya considerado de interés este artículo, que lo distribuya ampliamente, pues los medios de mayor difusión no publican jamás este tipo de artículos. La dictadura mediática exige una respuesta movilizadora que permita presentar otros puntos de vista distintos y críticos de la sabiduría convencional del país que se reproduce a través de tales medios.

PASEO EN BICI A LOMBILLO CON PAPÁ




Sigo de vacaciones, así que ayer aproveché para ir con mi padre hasta Lombillo por Salas, y hoy hicimos la ruta que suele hacer él todos los días: a Lombillo por la carretera de Molina ¡lo conseguí! jajaja, ahora que casi no llego arriba, ¡lo mal que lo pasé! es una ruta (por lo menos para mi) muy dura, pero es muy bonita, y eso que está todo arrasado por el incendio que hubo en septiembre, que pena.
Anina

miércoles, 14 de noviembre de 2012

MANIFESTACIÓN 14N PONFERRADA

 
 


A la huelga

A la huelga, compañero;
no vayas a trabajar.
Deja quieta la herramienta
que es la hora de luchar.

A la huelga diez, a la huelga cien,
a la huelga, madre, yo voy también.
A la huelga cien, a la huelga mil,
yo por ellos, madre, y ellos por mí.


Contra el gobierno del hambre

nos vamos a levantar
todos los trabajadores,
codo a codo con el pan.

Desde el pozo y la besana,

desde el torno y el telar,
¡vivan los hombres del pueblo,
a la huelga federal!

Todos los pueblos del mundo

la mano nos la van a dar
para devolver a España
su perdida libertad.

Chicho Sánchez Ferlosio

martes, 13 de noviembre de 2012

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MAMÁ!!

¡¡Mamá, Feliz día!!
¡Hoy estoy a vuestro lado para celebrarlo los tres juntos! ¡que bien!
Te quiero, mucho mucho mucho!! 
Anina

lunes, 12 de noviembre de 2012

LA DÉLICATESSE (DAVID & STÉPHANE FOENKINOS, 2011)

Nathalie (Audrey Tautou) pierde en un accidente al hombre del que está perdidamente enamorada. Después de una etapa de duelo, no puede creerse que el amor llame de nuevo a su puerta de la mano de Markus, un compañero de trabajo que nunca ha tenido éxito con las mujeres, pero que rebosa bondad y ternura. Un hombre que para ella supone la vuelta a la vida. (FILMAFFINITY)

PREMIOS 

2011: Premios Cesar: Nominada a Mejor ópera prima y mejor guión adaptado

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"La narración es un poco confusa, pero Tautou da todo su encanto para soportarla. La verdadera revelación, sin embargo, es François Damiens, que se adueña del show (...) Puntuación: *** (sobre 5)" (Anna Smith: Empire)
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"Foenkinos nutre su historia de alivio ligero, de oxígeno sin complicaciones, y envuelve bien su relato con un fuerte apoyo musical (...) sin embargo acude a la rémora de los subrayados." (Javier Ocaña: Diario El País)
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"Una película que, aunque a tramos resulte un poco sosita, intenta al menos dignificar el hoy maltratado género evitando el tono rosa (así como las escenas de cama) y el melodramático. (...) Puntuación: *** (sobre 5)" (Carmen L. Lobo: Diario La Razón)
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"Sin el magnetismo de Audrey Tautou, 'La delicadeza' sería un ejercicio caligráfico que busca denodadamente una originalidad sólo presente en la parte final. (...) Puntuación: *** (sobre 4)" (Lluís Bonet Mojica: Diario La Vanguardia)
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"'La delicadeza' tiene chispazos de ingenio dentro de un conjunto que va mutilando sus posibilidades para instalarse, sin dudarlo, en el bostezo." (Pere Vall: Fotogramas)
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Hoy fui a ver esta película con mis compañeras de la Escuela de Idiomas, Ángela y Mari Cruz. Es una película francesa en versión original, y yo no sé francés, cuando iba al instituto lo estudié dos años de optativa, pero ¡no me acuerdo de nada! ¡que pena me da eso!. Pero con los subtítulos en español pues vimos la película estupendamente. Por cierto, ¡me encantó! ¡que bonita es! 
Anina

EN LA CASA (FRANÇOIS OZON, 2012)


Un profesor de literatura francesa, desalentado y hastiado por las insulsas y torpes redacciones de sus nuevos alumnos, descubre entusiasmado que, por el contrario, el chico que se sienta al fondo de la clase, muestra en sus trabajos un agudo y sutil sentido de la observación. Este chico, que se siente extrañamente fascinado por la familia de uno de sus compañeros, escribirá, animado por el profesor, una especie de novela sobre esa familia (y también sobre el profesor), en la que es difícil distinguir entre realidad y ficción. (FILMAFFINITY)

PREMIOS

2012: Festival de Toronto: Premio FIPRESCI
2012 : Festival de San Sebastián: Concha de Oro mejor película, mejor guión


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"Una obra maestra (...) un milimetrado juego de espejos en el que la realidad y la ficción, el drama y la comedia (...) se cruzan con una elegancia y maestría pocas veces contemplada." (Luis Martínez: Diario El Mundo)
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"Una película misteriosa y excelente. (...) Ozon crea una apasionante tela de araña, coronada con un final en estado de gracia. Todo resulta hipnótico y perturbador." (Carlos Boyero: Diario El País)
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"Su estructura es impecable: una narración perfectamente hilada, rica en matices, con diálogos brillantes y bien calzados. Y luego está el hermoso cierre de la película (...) Puntuación: **** (sobre 4)" (Jordi Batlle Caminal: Diario La Vanguardia)
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"Brillante (...) Ozon imparte una verdadera clase magistral sobre la construcción del relato (...) convirtiendo este complejo ejercicio de metaficción en una novela de misterio casi clásica" (Sergi Sánchez: Diario La Razón)
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Ayer fui al cine con Juanma a ver esta película, ganadora de la Concha de Oro a la mejor película y mejor guión en el Festival de San Sebastián, es una gran película, a Juanma le gustó mucho. A mi también me gustó, aunque me resultara muy inquietante y me diera mal rollo el dichoso chico, jejeje! la verdad es que está muy bien, los actores lo bordan, te mantiene intrigado e inquieto hasta el final. Es muy buena. Y encima es una adaptación de la obra teatral del autor español Juan Mayorga.
Anina 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Réquiem por la socialdemocracia (ALBERTO GARZÓN ESPINOSA)

Marx, como otros autores clásicos, consideraba que las reglas de juego del capitalismo, y en particular el motor de la competencia, obligaría a las empresas a luchar entre sí incrementando la explotación sobre sus trabajadores. Al fin y al cabo el objetivo de las empresas es mantener o ampliar espacios de rentabilidad, para lo cual es necesario sobrevivir en la selva de la guerra competitiva. Si una determinada empresa se despista y se muestra menos belicosa en esa tarea, por ejemplo subiendo salarios, las empresas rivales pueden tomar la delantera y aprovechar para rebajar sus costes en relación a la empresa en cuestión. Esos menores costes se traducirán en mayores ventas y en consecuencia en mayores beneficios, asumiendo que los compradores prefieren el producto más barato al más caro. Sabedora de este hecho, la empresa tendrá que reaccionar tratando de reducir sus costes al nivel de sus rivales. Es decir, volviendo a bajar los salarios. La amenaza es desaparecer en tanto que empresa.

Por estas razones apuntadas, Marx y los clásicos consideraban que la tendencia del salario era a alcanzar un nivel de mera subsistencia. La coerción de la competencia llevaría a todas las empresas a alcanzar equilibrios de mercado donde el salario estuviera totalmente deprimido y con ello se mantuvieran condiciones de precariedad absoluta para los trabajadores. Dado que además la coerción de la competencia también obligaba a reinvertir los beneficios empresariales, Marx sumaba a la predicción de los salarios de subsistencia la famosa advertencia de que el capitalismo estaba cavando su propia tumba al aplicarse la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Pero el desarrollo del sistema capitalista, bajo la tendencia de la concentración y centralización (empresas cada vez más grandes formando monopolios u oligopolios), junto con el ascenso al poder de partidos socialdemócratas y la aplicación de reformas que tenían como objetivo paliar las consecuencias de dicho desarrollo, mostraron una realidad histórica bien diferente a la que Marx había predicho. Las tesis de los revisionistas como Bernstein aparecían triunfantes en la creencia, aparentemente demostrada, de que el capitalismo podía domesticarse para evitar el negro oscuro que predecía el marxismo original.

Lo cierto es que la emergencia de las grandes empresas formando monopolios consiguió neutralizar la dinámica competitiva que, según Marx, debería haber conducido a salarios de subsistencia para los trabajadores. En un entorno de monopolio no es necesario luchar por reducir los costes laborales y en consecuencia se pueden compartir ciertos espacios de ganancia con los trabajadores si las instituciones, como el Estado, presionan para que así sea. El problema que puede emerger tiene más que ver, como apuntaron los autores neomarxistas (Sweezy, Foster, Magdoff), con la acumulación de ganancias por parte del capital que no puedan encontrar espacios de inversión (tesis del subconsumo). En cualquier caso, en ese marco de falta de competencia, los salarios no tienden hacia niveles de subsistencia. La socialdemocracia y el Estado del Bienestar pueden sobrevivir, si bien a costa de la sobrexplotación de recursos naturales y de los países en desarrollo.

Sin embargo, entre los ochenta y los noventa la caída del llamado socialismo real y la crisis de las organizaciones de izquierdas condujo a la hegemonía neoliberal y a la puesta en marcha de políticas económicas que promovían la libre circulación de capitales por todo el mundo. Estaba en marcha un nuevo estadio de globalización financiera y productiva, donde la competencia volvía a tener un lugar central en la actividad económica.

Las empresas de todos los países desarrollados, incluso aquellas que habían mantenido por mucho tiempo sus monopolios, tuvieron que entrar de nuevo en el tablero de la lucha competitiva. Y ese nuevo marco condujo de nuevo a la vigencia de la dinámica propia del capitalismo y, en consecuencia, a la validez de la predicción original de Marx. En todas partes las empresas luchaban por reducir sus costes laborales para poder vencer en una competición que ahora les enfrentaba con empresas de todo el mundo. Este sigue siendo nuestro contexto actual. El llamado capitalismo salvaje o capitalismo sin máscara.

Este marco de libre competencia mundial trasciende a los Estados y, en consecuencia, anula de facto la capacidad de la socialdemocracia de poder enfrentar esa dinámica a través de la actividad parlamentaria. Es decir, incapacita a las instituciones estatales para domesticar el capitalismo. Cualquier intento de alcanzar a nivel estatal políticas reformistas conduce necesariamente a una pérdida de competitividad de las empresas nacionales, lo que se traduce en mayores tasas de desempleo. He ahí el actual drama teórico y la confusión ideológica de los partidos políticos socialdemócratas en toda Europa, más allá de sus resultados electorales, al tener que enfrentar el dilema de precariedad o paro. Es decir, salarios de subsistencia o desempleo.

La socialdemocracia tiene que elegir entre aspirar a vencer en la lucha competitiva, aceptando un modelo de sociedad basado en salarios de subsistencia, o mantener nichos reformistas construyendo de nuevo monopolios, bien porque temporalmente domina tecnológicamente a partir de una determinada estructura productiva (modelo alemán) o bien porque introducen medidas proteccionistas que le aíslan de la lucha competitiva (modelo de capitalismo occidental de posguerra).
En un contexto de globalización financiera y productiva, estadio al que tiende siempre el capitalismo, Marx recupera su vigencia y sus tesis se reafirman. Al capitalismo le sobran, en este contexto, todos aquellos elementos que obstaculizan la posible victoria en una lucha competitiva. Dicho de otra forma, al capitalismo le sobran actualmente los servicios públicos y los derechos laborales. Y ante eso reaparece el viejo dilema de escoger entre un modelo de sociedad bárbaro y un modelo de sociedad alternativo. Y ese modelo alternativo sólo puede constituirse fuera del espacio capitalista, fuera del capitalismo.

Publicado en Público.es

Lo que no se ha dicho en los medios sobre las elecciones en EEUU (VICENÇ NAVARRO)

Artículo de Vicenç Navarro que se publicará el próximo lunes en el diario digital EL PLURAL, 12 de noviembre de 2012

Este artículo critica la cobertura de los medios de mayor difusión españoles sobre las elecciones en EEUU, proveyendo datos que cuestionan algunas de las interpretaciones que se han dado de las últimas elecciones en aquel país.

La cultura y comportamiento políticos de EEUU no es siempre fácil de entender desde el punto de vista europeo, pues sus símbolos, lenguaje y formaciones políticas –tales como los partidos políticos- son diferentes a los existentes en este continente, aún cuando la creciente americanización de la política en Europa está desarrollando similitudes que considero, por cierto, preocupantes.

Pero veamos las diferencias primero. Comencemos por los símbolos. El color rojo –el color de las izquierdas en Europa-, es el color de las derechas en EEUU. Y viceversa, el color azul, que es el color de las derechas en Europa, es el color de las izquierdas en EEUU. Cuando en el día de las elecciones el mapa electoral de EEUU se teñía de rojo, sobre todo en el centro y sur de EEUU, parecía que “los rojos” habían tomado todas estas partes del país. Los rojos, sin embargo, eran los azules en España, es decir, las derechas.

También existen diferencias en el lenguaje. Una persona definida como “liberal” en Europa es un político o un economista que desfavorece políticas redistributivas, minimiza las intervenciones gubernamentales y no quiere ni oír hablar de aumentar los impuestos de los ricos y de las rentas del capital. En EEUU, sin embargo, ser “liberal” es todo lo contrario. Es un político o un economista que está a favor de políticas redistributivas, favorece el intervencionismo gubernamental y ve con buenos ojos el incremento impositivo de las rentas del capital y de los súper ricos. En otras palabras, lo más próximo a un liberal estadounidense es un socialdemócrata europeo. Los medios de información españoles, sin embargo, al traducir literalmente el término “liberal” estadounidense cuando se refieren a personalidades progresistas de aquel país, crean unas confusiones tremendas. Referirse, como hacen muchos medios en España, al político Jesse Jackson sénior, uno de los dirigentes de la izquierda estadounidense, o al fallecido senador Kennedy, uno de los senadores más progresistas de EEUU, como “liberales”, desorienta en gran manera al público español que se informa a través de tales medios, que traducen palabra por palabra lo que leen en la prensa estadounidense. Tal confusión la he podido oír frecuentemente en voces de tertulianos y periodistas poco conscientes de este error.

Otra diferencia, esta vez en los instrumentos políticos en ambos lados del Atlántico Norte, es lo que se entiende por partido político. En Europa, un partido político es un colectivo que (en teoría) decide colectivamente con un ideario común compartido por la militancia que participa (en teoría) en el desarrollo de su programa y en la elección de sus dirigentes. Aunque esta militancia y el gobierno colectivo están desapareciendo en muchos partidos (de ahí que utilice el término “en teoría”), las diferencias de los partidos políticos europeos con los partidos estadounidenses son todavía sustanciales. El sentido de militancia en estos últimos no existe. El ciudadano se registra para votar como Republicano, como Demócrata, o como Independiente. Y no hace nada más hasta el día que vota en las primarias del Partido Republicano o Demócrata. Las primarias son un buen sistema, pero es la única participación que el miembro del partido tiene en la candidatura final. Por lo demás, los miembros activos que participan y deciden son los cargos elegidos y los aparatos de tales partidos. Se me dirá, con razón, que hoy la gran mayoría de partidos de Europa están también evolucionando hacia este tipo de prácticas. Pero sus raíces son distintas y sus prácticas todavía recuerdan sus orígenes. En Europa, la mayoría de partidos de izquierda eran la rama política de movimientos obreros que organizaban la vida social así como la política de tales grupos. No así con el Partido Demócrata, que es un aparato de representantes políticos y personas que aspiran a ser representantes políticos. Que ello esté también ocurriendo en muchos partidos de Europa (y España) no niega las diferencias todavía existentes entre los partidos estadounidenses y los europeos.

En EEUU, los partidos son paraguas que acogen una enorme variedad de sensibilidades. En el Partido Demócrata hay desde sensibilidades próximas a los partidos socialista y comunista hasta la derecha conservadora de los Estados del Sur, la parte más conservadora de EEUU. El Partido Republicano, sin embargo, es hoy menos diverso. El aparato del partido está controlado por el Tea Party, que con su nacionalismo extremo, inspiración y fundamentalismo religioso, sentido de superioridad, resultado de pertenecer a una nación escogida por Dios para realizar su labor “civilizadora”, liberando al mundo de comunistas y socialistas (que son todos los que no están de acuerdo con ellos), con un estilo jerárquico, machista e intolerante de la diversidad, tiene semejanzas con la ultraderecha presente dentro del partido conservador que gobierna España.

La privatización del sistema electoral. El punto vulnerable de la democracia en EEUU

Pero la mayor diferencia de las prácticas políticas entre EEUU y España es la financiación de las campañas electorales, que es predominantemente privada en EEUU. Las campañas electorales de los candidatos a cargos representativos son financiadas con fondos privados procedentes de donantes que en su gran mayoría son grandes empresas financieras y grandes corporaciones que quieren influenciar las decisiones legislativas que afectarán a sus intereses, y son los componentes de lo que se llama en EEUU la Corporate Class, es decir, la clase de los dirigentes de las grandes compañías que manejan la vida económica y financiera del país (la imagen idealizada del proceso electoral, que asume que los candidatos son financiados por las personas normales y corrientes, que envían sus donaciones de 25 o 50 dólares a su candidato, es profundamente falsa). Ello implica que las campañas electorales de los congresistas que se sientan en Comités del Congreso de EEUU, que tienen que tomar decisiones, por ejemplo, sobre el sistema sanitario, están financiadas por las compañías de seguro sanitario privado, las compañías farmacéuticas, el sector industrial sanitario, las grandes asociaciones médicas, y un largo etcétera, que incluye los grupos de presión que gestionan y actúan en el sector sanitario.

Esta situación no existe en dimensiones comparables en Europa, cuya regulación del sistema electoral no permite todas estas prácticas que se considerarían corruptas. Ni que decir tiene que algo de ello ocurre, más en los partidos conservadores y liberales, próximos al mundo empresarial, que en los partidos de izquierdas. Pero incluso entre los primeros, tal comportamiento es mucho menor que en EEUU, donde ni siquiera se considera corrupción esta práctica de comprar favores del legislador.

Esta situación crea un gran distanciamiento de la población hacia las instituciones representativas. El 72% de la población no se considera representada por el Congreso de EEUU, el cual se percibe como un instrumento de la citada Corporate Class. Sólo el 52% del electorado vota en las elecciones presidenciales, siendo este porcentaje incluso menor (30%) en las elecciones de los Estados (equivalentes a las CCAA en España) y en las elecciones municipales. Puesto que en EEUU hay una relación directa entre nivel de renta y participación electoral (a más renta, mayor participación), este dato implica que casi la mitad de la población, la que está por debajo de la mediana, no vota. Este sector no votante es la mayoría de la clase trabajadora estadounidense, que no vota por ser la que se siente menos representada. El 72% de esta población (cuya renta está por debajo de la mediana) se autodefine como clase trabajadora, y un 28% como clase media (General Social Survey. 2008).

¿Qué pasó en las últimas elecciones a la Presidencia y al Congreso de EEUU?

La falta de conocimiento de estas realidades ha dado pie a muchos malentendidos en los reportajes de lo ocurrido en las últimas elecciones. Por ejemplo, continuamente se presentan las propuestas de los candidatos ganadores como representativas de las propuestas deseadas por el pueblo estadounidense, sin clarificar que, en general, la mayoría de los candidatos tienen posturas mucho menos progresistas que la población, tanto votantes como no votantes. Se olvida, por ejemplo, que el candidato vencedor, el presidente Obama, sostiene propuestas definidas dentro de un marco condicionado por sus financiadores. La reforma sanitaria de Obama, por ejemplo, aunque importante, no resuelve el gran problema de la falta o insuficiencia de cobertura de los servicios sanitarios para millones de estadounidenses. Aunque su reforma disminuye el número de personas sin cobertura sanitaria o con cobertura limitada, no resuelve el problema de falta de universalidad que asegure a cada ciudadano el acceso a la atención sanitaria, y ello como consecuencia de que la reforma Obama no se atreve a enfrentarse con las compañías de seguro que controlan el sistema sanitario. Si, tal como hizo el partido socialdemócrata canadiense, hubiera eliminado las compañías de seguro, siendo el gobierno federal -junto con el gobierno de los Estados-, el que contratara los servicios sanitarios para atender a la población, en lugar de hacerlo a través de las compañías de seguros, como la mayoría de la ciudadanía estadounidense desearía que se hiciera (extendiendo a toda la población el programa Medicare, de financiación pública, que ahora cubre sólo a los ancianos). EEUU podría proveer cobertura universal –como ocurre en Canadá- a un costo mucho menor y con mayor satisfacción ciudadana, como ya ocurre en Canadá. Ahora bien, las compañías de seguro y la banca han financiado la campaña del Sr. Obama (y también la del Sr. Romney), lo cual limita lo que Obama considera factible en sus propuestas. Ni que decir tiene que el hecho de que los dos candidatos estuvieran financiados por las mismas fuentes no significa que adopten posturas semejantes. Obama es mejor que Romney en la gran mayoría de propuestas, incluidas las sanitarias. Pero Obama no se atreve a hacer los cambios que la mayoría de la ciudadanía desea por no enfrentarse a tales compañías, que controlan los Comités del Congreso, responsables de temas sanitarios. Y la población es consciente de ello, lo cual explica la escasa popularidad del Congreso. Tal institución es de las menos valoradas por la población estadounidense.

Otra información defectuosa que se ha publicado en los medios de comunicación es su presentación de que los dos candidatos estaban bastante equilibrados en su apoyo entre la población. Se ha llegado a esta conclusión cuando se hacían encuestas basadas en la población votante (las que, por cierto, fueron frecuentemente erróneas). Pero si se hubieran hecho entre la mayoría de la población, incluyendo la casi mitad de estadounidenses que no votó, podrían haber visto que la mayoría de éstos (según la encuesta de Pew Research Center), pertenecientes en su mayoría a la clase trabajadora, eran más progresistas que los votantes, apoyando más a Obama (como mal menor) que a Romney. También estaban más a favor de que el gobierno aumentara los impuestos de las rentas superiores que los votantes (que también favorecían tal aumento) y de que se interviniera más activamente en la esfera económica y financiera del país. También favorecían más la expansión de la cobertura sanitaria así como la retirada de las tropas del Ejército, que los votantes (que también era favorecida por la mayoría de votantes). Estas opiniones corresponden a la clase trabajadora estadounidense cuya movilización puso a Obama en el poder, lo cual tampoco apareció en los medios.

Tales medios dieron gran énfasis a los componentes étnicos y raciales, señalando el gran apoyo que recibió Obama entre afroamericanos e hispanos, sin subrayar que el elemento común de estos grupos es que la mayoría son de clase trabajadora, predominantemente no cualificada. Estos grupos votan menos que la población en general, aunque la gran mayoría vota Demócrata y votó al candidato Obama. Pero los sectores blancos de tal clase trabajadora que vota, vota también Demócrata (en menores porcentajes que los afroamericanos e hispanos). La gran abstención de esta clase es el mayor problema que tienen los Demócratas. De ahí que, como señala Mark Weisbrot, uno de los mejores analistas de la política y de la economía estadounidense, en su artículo en The Guardian, (“Barack Obama’s carefully crafted economic populism carries the day”, 07.11.12), Obama centró sus esfuerzos en movilizar al votante potencial entre los no votantes, la mayoría pertenecientes a la clase trabajadora y clase media de renta media y baja. Obama pudo movilizar a los no votantes, con un discurso (que los republicanos odian y llaman despectivamente “lucha de clases”) en el que presentó a los Republicanos como el partido de los ricos y a Romney como el representante del capitalismo de la banca que se había hecho rico especulando y destruyendo puestos de trabajo, una descripción como banquero especulador que definía bastante bien al candidato republicano, cuyos comentarios despectivos hacia las clases populares, en su famoso encuentro con sus financiadores, causó una tormenta que animó a votar a sectores de la clase trabajadora que probablemente se hubieran abstenido. Y fue esta movilización en Estados claves, sobre todo industriales, lo que le dio la victoria.

La división de la población en grupos raciales y étnicos, sin tener en cuenta su clase social, llega a conclusiones erróneas, como vimos en los reportajes de las elecciones. El que la mayoría de los votantes blancos no votaran a Obama se debe en parte a que en la composición de la población votante (la mayoría de clase media), los votantes blancos pertenecen a la clase media de renta mediana alta, y su comportamiento electoral tiene muy poco que ver con la raza. En realidad, aunque la mayoría de estadounidenses blancos votaron a Romney, los que votaron a Obama en este grupo aumentó. La clase social es una categoría raramente analizada en EEUU. Y sin embargo, juega un papel determinante en explicar el comportamiento electoral, tanto de los votantes como de los no votantes. Y de esto, usted, lector, no tendrá información a través de los medios. Espero que considere esta información útil y valiosa, y en este caso la distribuya extensamente.