miércoles, 13 de junio de 2012

El rescate traerá más recortes y no sirve para salir de la crisis (JUAN TORRES LÓPEZ Y VICENÇ NAVARRO)

Publicado con Vicenç Navarro el 12 de junio de 2012 en publico.es

Desde que la crisis se inició en 2007, la población española ha estado sometida a toda una serie de políticas públicas que han significado un gran recorte de sus derechos laborales y sociales, que han afectado de una manera muy notable al bienestar social y a la calidad de vida de las clases populares. Hemos visto durante estos años de crisis la congelación y pérdida de la capacidad adquisitiva de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la reducción del  gasto público en las transferencias y servicios del Estado del bienestar (con recortes muy acentuados de la sanidad pública, de la educación pública, de los fondos y servicios a las personas con dependencia, de las escuelas de infancia -erróneamente definidas como guarderías-, de los fondos para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, de los servicios sociales, de las viviendas sociales, del nivel de cobertura de los seguros de desempleo y de las ayudas a la integración de los inmigrantes). Y hemos sufrido las reformas del mercado laboral, que se han llevado a cabo con el objetivo de reducir los salarios y la capacidad de negociación de los trabajadores. Y a todas esas medidas se han añadido la reducción del empleo público y de los salarios a tales empleados públicos.
Pues bien, hoy día sabemos a ciencia cierta que todas estas intervenciones han empobrecido todavía más al conjunto de la clases trabajadoras y que, lejos de haber hecho germinar los “brotes verdes” que las justificaron, han llevado a nuestra economía a una situación mucho peor y más cercana a la depresión.
            El rescate no es una ayuda, es una imposición para realizar más recortes
Tales recortes se han justificado siempre como imprescindibles para reducir el déficit del Estado y el tamaño de su deuda pública, algo necesario, según se ha dicho siempre, para ganar la confianza de los mercados financieros y de esta manera poder conseguir dinero prestado para pagar los gastos del Estado.
Tanto el gobierno de Zapatero primero y ahora el de Rajoy han insistido constantemente en realizar esos recortes por encima de todo por el miedo a que no pudiéramos recuperar la famosa confianza de los mercados financieros y entonces fuésemos intervenidos por la llamada Troika, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Pero ahora resulta que a pesar de que se han llevado a cabo todos esos recortes, a pesar de que se han ejecutado una tras otra las imposiciones de los mercados, expresadas a cada momento muy claramente por esa Troika, España ha sido intervenida por esas tres instituciones
Digan lo que digan, lo cierto es que todos estos enormes sacrificios y recortes han sido en balde y cuando se ha producido su fracaso estrepitoso en forma de rescate, la respuesta del gobierno y del establishment político y mediático es la de negar que haya sido tal  y que vaya a llevar consigo una intervención de nuestra economía.
El artículo de Guillermo de la Dehesa “Precisiones sobre el rescate bancario”, (El País 09.06.12), en el que trata de disimular la verdadera naturaleza del rescate, y las manifestaciones del Ministro de Economía, Luis de Guindos, en la rueda de prensa en la que lo anunciaba como un triunfo, son representativos de esta postura.
Según esas manifestaciones, a las que hay que añadir la del propio presidente Rajoy afirmando que lo ocurrido es algo que “ha conquistado” España, los 100.000 millones de euros no son un rescate, sino una ayuda a la banca que tiene por objetivo reestructurar el sector bancario y sin implicaciones macroeconómicas. Unas interpretaciones que caen por su propio peso cuando se lee el documento del Eurogrupo donde se manifiesta textualmente:
El Eurogrupo considera que España ya ha implementado importantes reformas fiscales y del mercado de trabajo y medidas para reforzar el activo de los bancos españoles. El Eurogrupo confía en que España cumplirá sus compromisos en virtud del procedimiento de déficit recesivo y con respecto a las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco de la Unión Europea. Los progresos en estas áreas serán revisados de cerca y con regularidad, también paralelamente con la ayuda financiera” (subrayado nuestro).

¿Puede decirse de manera más clara que se trata de una intervención en toda regla?

El texto del acuerdo del Eurogrupo señala sin lugar a duda alguna que paralelamente a la supervisión financiera se hará la de las políticas fiscales y macroeconómicas. Y el significado y el objetico con el que se llevará cabo esta supervisión también aparece bien claro en los últimos documentos del FMI y en las declaraciones de sus responsables que constantemente insisten en que habrá que llevar a cabo más reformas del mercado laboral -para conseguir más bajadas salariales-, más reducción de las pensiones, y una reducción más acentuada del déficit, centrándose en el Estado del Bienestar que en España está gestionado por las comunidades autónomas.
Lo que ahora se busca con la excusa de eliminación del déficit de las éstas última no es otra cosa, en la práctica, que nuevos mayores recortes de las transferencias y servicios del Estado del Bienestar que gestionan, principalmente, en materia educativa, sanitaria y de cuidados a las personas.

El rescate no aumentará la confianza de los mercados sino todo lo contrario

Puesto que conocemos perfectamente lo que ha ocurrido en otros países y en situaciones semejantes cuando se toman este tipo de medidas, podemos afirmar ahora con seguridad lo que con toda probabilidad va a ocurrir en España, en contra de lo que vienen  diciendo las autoridades sin ningún tipo de fundamento ni base científica ni empírica.
En concreto, es importante que la ciudadanía sepa que, aunque en teoría estas reformas se hacen para recuperar la famosa “confianza de los mercados”, toda la evidencia muestra que los resultados serán precisamente opuestos a este objetivo.
El resultado de los rescates en los otros países supuestamente rescatados es que la prima de riesgo de su deuda pública no ha disminuido. Antes al contrario, ha subido. Y eso ocurrirá igualmente en España porque los recortes adicionales que van a acompañar al rescate van a ralentizar todavía más, y sin ningún lugar a dudas, la marcha de la economía española, acentuando así la recesión.
Además, y en contra de lo que se está diciendo, el rescate aumentará la deuda pública, pues el Estado –el receptor de la supuesta ayuda- tendrá que pagar por las pérdidas de las bancas fallidas en el rescate y asumir sus intereses y el principal.
Y, finalmente, el rescate tampoco garantiza ni que el sector bancario pase a ser solvente ni, por supuesto, que el crédito vuelva fluir a la economía.
La estimación del Fondo Monetario Internacional de las necesidades de capital del sector están hechas ad hoc, para justificar la cantidad con la que se pensaba jugar de antemano. Las cifras que proporcionen las auditorías solicitadas por el gobierno serán otras: las que se desee, porque la experiencia demuestra (como en caso de los bancos que fueron calificados de plenamente solventes meses o semanas antes de que fuesen rescatados en otros países) que dependen de la valoración que se quiera dar a activos que han perdido prácticamente todo su valor. La deuda inmobiliaria con los bancos no es menor de 400.000 millones de euros, así que 100.000 millones (el techo más alto del rescate) serán insuficiente incluso en los escenarios más optimistas de su recuperación.
Y tampoco se garantiza que vuelva a generar crédito a la actividad productiva no solo porque la capitalización será insuficiente sino porque, mientras que las políticas que se vienen  aplicando y que acompañarán al rescate sean recesivas, ni habrá demanda suficiente solvente ni compensará a la banca dejar de dedicar los recursos a donde obtiene mayor rentabilidad.
La realidad que el gobierno y los apologistas del rescate quieren ocultar es que éste no es sino únicamente el instrumento mediante el cual la troika gobernará la política fiscal y macroeconómica española para seguir imponiendo reformas y recortes y para asegurar la prioridad de cobro de la deuda que los bancos españoles tienen con la banca europea, y principalmente alemana.
Por tanto, hay que decirlo claramente: el rescate constituye un auténtico golpe de Estado bajo la apariencia de ayuda a la banca. A partir de ahora, el gobierno Rajoy hará lo que digan la Troika y el gobierno alemán. El federalismo de la Sra. Merkel (“queremos más Europa… y los Estados tendrán que ceder soberanía”) es una manera amable de definir una relación colonial en la que a España le toca ahora ser la colonia.

            ¿Por qué el rescate ahora?

La respuesta que las autoridades dan cuando se pregunta por qué se da justo ahora el rescate es que los intereses de la deuda pública estaban alcanzando un nivel prohibitivo y que, por tanto, había que hacer algo. Pero tal argumento también cae por su base porque significa ignorar que, como hemos demostrado en varias ocasiones, no son los mercados financieros sino el Banco Central Europeo el que realmente define los intereses de la deuda pública.
El hecho de que los intereses que está siendo obligada a pagar España sean altos se debe a que el BCE no ha comprado deuda pública española durante tres meses, lo que se podría considerar como una auténtica provocación de la situación final a la que se ha llegado que el BCE lleva a cabo habitualmente.
Así lo ha demostrado recientemente con datos indiscutibles la periodista Ana Tudela (BCE, la mano que mece la prima, Más Público, 11/05/12 en http://bit.ly/K5DrT8):
“¿Y si la prima (rentabilidad exigida a la deuda de un país respecto a la de Alemania) respondiese a algo más que a un mercado desquiciado? Hay algo más. El Banco Central Europeo (BCE) ha mecido al alza las primas en fechas concretas: las de las cumbres europeas y las semanas en que gobiernos y parlamentos decidían ajustes.
Como demuestra su propio calendario de actuaciones, el BCE dejó, en esas citas clave, de comprar deuda pública. Dejó solos a los Estados cuando más falta hacía. No una ni dos veces sino de forma sistemática desde hace ya dos años, el tiempo suficiente para cambiar Europa. Las peticiones de ayuda por gobiernos como el español, ante periodos de absoluta inactividad del BCE como el actual, caen en saco roto porque la autoridad monetaria, que se empeña en defender su independencia, tiene un objetivo.
Aunque desde Frankfurt se niegan a explicar el patrón de sus actuaciones, a concretar por qué han actuado en semanas con las primas relativamente relajadas y desaparecido cuando la tensión se disparaba, su intención no puede ser otra que propiciar reformas en línea con las tesis de la canciller alemana, Angela Merkel, y del Bundesbank”.
Y también se oculta que España podría seguir pagando la deuda pública a este nivel (y mucho más si el Banco Central Europeo ayudara a abaratar en lugar de encarecer su factura). De hecho, incluso ahora la deuda pública española es más baja que el promedio de la UE-15. Y según  los cálculos del FMI, España pagaría el 3,5% del PIB en intereses en 2017, lo cual es una cifra asumible, semejante a la que pagan otros países como Alemania o Gran Bretaña.
La razón, entonces, de que haya sido justamente ahora cuando se ha producido el rescate es otra, y como siempre, no aparece en los medios. Es el temor de la Troika a que en las próximas elecciones griegas gane la izquierda, y se cuestionen con mucha más fuerza las políticas de austeridad que han llevado a Grecia (y a España) al desastre. Es por eso que la Troika quiere tener la sartén por el mango y forzar la continuación de tales políticas, porque sabe que es muy probable que tras las elecciones del próximo fin de semana (y a pesar de las injerencias constantes que están realizando para influir sobre la libre voluntad de los electores griegos) sea mucho más difícil defenderlas. Así de claro.
En definitiva, hay que denunciar el intento de ocultar la verdadera naturaleza del rescate, que está bien clara en el comunicado del Eurogrupo y en los informes del FMI:
- quieren rescatar a los banqueros despreciando y por encima del bienestar de la inmensa mayoría de las personas.
- se ha acordado ya, y se va a producir materialmente cuando se selle la letra pequeña del acuerdo, un auténtico golpe de Estado, porque a partir de ese momento España ya no estará implícitamente intervenida, como hasta ahora, sino expresa y visiblemente por funcionarios extranjeros que impondrán las líneas de gobierno a las que se habrán de ajustar las políticas económicas: nuevos recortes, privatizaciones y reformas institucionales encaminadas a desarmar de derechos políticos y mecanismos de representación a la ciudadanía.
Y se puede adelantar que nada de eso servirá para recuperar la actividad económica:
- volverá a perderse empleo y cerrarán nuevas empresas.
- nada garantiza que vuelva a generarse crédito para la economía. y
- no bajará la prima de riesgo y ni siquiera el montante de nuestra deuda, sino todo lo contrario, cabe esperar que siga subiendo porque nada se ha hecho para frenar el impacto de la especulación generalizada en los mercados.
El rescate es un auténtico desastre para nuestra economía y para nuestra sociedad. Es una verdadera perversión política que el presidente del gobierno se alegre de que se haya producido y que el propio Rey Juan Carlos lo haya felicitado por haberlo reclamado a Europa. Los ciudadanos deben informarse bien, explicar con claridad a quienes tengan a su lado lo que de verdad ha ocurrido y exigir respuestas políticas que den la vuelta a la situación para poner en marcha medidas alternativas, que las hay sobradamente, como venimos poniendo de manifiesto en nuestros escritos y libros.

domingo, 10 de junio de 2012

Rescate: se consuma el engaño (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en publico.es el 10 de junio de 2012

Primero los gobiernos les crearon las condiciones para que financiaran una burbuja de crédito sin precedentes y con la que han ganado docenas de miles de millones de euros. Dictaron leyes de suelo para que los promotores les pidieran préstamos que financiaran construcciones en todas las esquinas de España, que irían quedándose vacías y sin vender cada vez en mayor número. Aumentaron las facilidades fiscales para promover las ventas y desincentivaron el alquiler y el consumo colectivo de servicios de ocio o residencia.
Solo de 2000 a 2007, los bancos multiplicaron el crédito total destinado a la actividad productiva por 3,1, el dirigido a la industria por 1,8, el de la construcción por 3,6 y por 9 el dirigido a la actividad inmobiliaria. Y eso que cada vez disponían de menos depósitos para generarlo: en 2000 la banca española recibía 1,43 euros en depósitos por cada euro que concedía a crédito, mientras que en 2007 solo 0,76 euros.
No contentos con los beneficios que les daba el negocio inmobiliario que condenaba al monocultivo a la economía nacional, impusieron políticas de bajos ingresos y recortes salariales para que las familias y pequeños empresarios vivieran en el filo de la navaja y tuvieran que endeudarse hasta las cejas.
Pero no contentos con obtener beneficios normales, los bancos utilizaron a sus tasadores para aumentar artificialmente los activos sobre los cuales iban a dar créditos, para así generar más deuda y cobrar comisiones más suculentas y recurrieron a todo tipo de prácticas comerciales predatorias para fomentar el consumo: manejaban a su antojo los índices de referencia, incluían la abusiva cláusula que autoriza al banco a vender el piso en subasta notarial si se produce el impago de la deuda, reclamaban importes elevadísimos por cuentas que creían canceladas, cobraban comisiones leoninas (más que en cualquier otro lugar de Europa) por cualquier cosa, giraban una y otra vez un recibo inatendido por el cliente generando múltiples gastos de reclamación por una misma deuda, embargaban saldos en cuentas corrientes sin respetar lo establecido en la ley… hasta cuatro folios me ocupa el listado de malas prácticas que han recopilado las asociaciones de usuarios, es imposible consignarlas todas aquí. Y eso, por no hablar de las estafas estrella, que han podido suponer un auténtico robo de entre 12.000 y 15.000 millones de euros, si no más, mediante las participaciones preferentes, las cláusulas suelo, etc.
Mientras sucedía todo esto, las autoridades dejaron hacer, consintieron las tropelías bancarias y permitieron que se inflase la burbuja sin cesar, haciendo oídos sordos a todas las advertencias.
El actual Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, decía en 2003: “no existe una ‘burbuja inmobiliaria’ (…) el concepto de burbuja inmobiliaria es una especulación de la oposición que habla insensatamente de la economía de ladrillo y olvida que la construcción es un sector fundamental para la economía del país y en el que trabajan cerca de un millón de personas” (El Mundo 2  de octubre de 2003). Y el más tarde Ministro de Economía, Pedro Solbes, afirmaría que quienes auguraban el riesgo de recesión por esa causa “no saben nada de economía” (El País, 11 de febrero de 2008).
Los dirigentes de uno y otro partido negaban lo que hiciera falta, por muy evidente que fuese para el resto de los españoles, con tal de dejar que los banqueros y los grandes empresarios de la construcción literalmente se forraran a costa de todos los españoles.
El gobernador del Banco de España que había colocado el PP, Caruana, se pasaba por el arco del triunfo la denuncia de sus inspectores que en 2006 le señalaban formalmente que no se hacía nada frente a un endeudamiento creciente y muy peligroso de la banca española. Pero eso sí, no había declaración suya o más tarde de su sucesor, el socialista Férnandez, en la que no reclamasen moderación salarial y recortes de gasto social.
Pero gracias a todo ello, los bancos españoles se convirtieron en los más rentables del universo, justo, eso sí, en la misma medida en que situaban a nuestra economía entre las más vulnerables.
Cuando estalló la burbuja y ya no se iba a poder disimular lo que había pasado, el inmenso negocio que los bancos habían hecho a costa de la deuda, todos consintieron en disimular.
Permitieron que los bancos declarasen en balance los activos dañados a precios de adquisición siendo cómplices así de un engaño descomunal que hirió de muerte la credibilidad de nuestra economía porque, por mucho que Zapatero dijese en septiembre de 2008 -como le dictaban Botín y compañía- que el sistema financiero español era “el más sólido del mundo”, los inversores y prestamistas internacionales sabían lo que de verdad había hecho la banca española.
Los dos grandes partidos, a los que se  suman los de los nacionalistas de derechas de Cataluña y el País Vasco, colocaron en las cajas de ahorros a sus amigos y militantes y crearon una red de oligarquías provinciales que alentó la especulación, extendió la corrupción y que comenzó a llevar al desastre a la gran  mayoría de las entidades, al convertirlas en clones de los bancos privados, sin tener capacidad real ni naturaleza legal para serlo.
Y para facilitar la recuperación de los bancos mas grandes y dejarles a ellos todo el mercado consensuaron la ley de cajas que las llevaba a su bancarización forzada, para provocar cuanto antes su caída y el reforzamiento por esa vía de los bancos más grandes.
Claro que, a cambio, esos mismos partidos han recibido cientos de millones de préstamos para ir ganando las elecciones, ahora uno luego otro, que no devuelven, y han podido colocar en sus consejos de administración, o en los de empresas participadas, a docenas de ex dirigentes o socios.
Luego, cuando el sistema saltaba por los aires porque a los alemanes les consumía el ansia de cobrar los préstamos que con la misma compulsión habían dado a los bancos españoles, todos se concitaron para negar que iban a pedir un rescate. Diez días hace que lo negaba rotundo el presidente Rajoy: “no va a haber ningún rescate de la banca española” (EFE 28 de mayo).
Y cuando lo han pedido, niegan lo que efectivamente han pedido: 100.000 millones de euros para entregar a la banca y que vamos a pagar todos los españoles. Niegan que vaya a tener efecto sobre el déficit y la prima de riesgo, cuando será el Estado quien tenga que devolverlo (¿cómo lo harían unas entidades que se capitalizan precisamente porque no tienen dinero?) y tratan de hacer creer que es algo positivo y una ayuda generosa: “Las noticias que traemos hoy son positivas”, dijo el Ministro de Guindos cuando empezaba la rueda de prensa que dio ayer para anunciar el rescate.
Nos han engañado a todos cuando dicen que van a rescatar a España cuando lo que van a hacer es hundirla para años. Nos han engañado los bancos, nos han engañado los gobiernos del PSOE y del PP. Nos han engañado los dirigentes europeos que están borrachos de ideología neoliberal y no se dan cuenta de que las medidas que toman llevan al desastre a los países que las aplican (¿o acaso es que está mejor la economía de Portugal, por no hablar de los ciudadanos portugueses, desde que fue “rescatada”?). Nos ha engañado el Fondo Monetario que se ha sacado de la manga un informe deprisa y corriendo solo para justificar la decisión ya tomada y en el que cifra las necesidades de financiación de la banca española en una horquilla que sitúa, nada más y nada menos, que entre 45.000 millones y 119.000 millones de euro. ¿En qué quedamos?
Y nos engañarán esta tarde el presidente Rajoy y el Príncipe Felipe si es que definitivamente se han ido a ver el partido de fútbol cuando griten ¡España, España!, porque lo que están demostrando es lo contrario: España, los españoles de abajo, les importamos un pepino. Ellos y el resto de los políticos que han permitido lo que acabo de señalar, junto a los banqueros y los grandes beneficiarios de la burbuja y de la crisis, que tendrían que vivir 500 años más para disfrutar de todo lo que han ganado a costa de los españoles, son los responsables de este engaño descomunal. Hay que pedirles cuentas a todos y echarlos para siempre.

POSDATA: TE QUIERO (RICHARD LAGRAVENESE, 2007)

Holly Kennedy (Hilary Swank) es una joven viuda que trata de encauzar nuevamente su vida tras la muerte de su amado marido Gerry (Gerard Butler). Pero un día descubre que éste le ha dejado varias cartas... (FILMAFFINITY)

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"Hay poco que querer del último film de Swank (...) Los diálogos son poco inspirados (...) Puntuación: ** (sobre 4)." (Claudia Puig: USA Today)
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"La película no es una cosa bella o culturalmente memorable, y aun así tiene encanto, aunque de un forma extraña. La ardiente sinceridad y desnudez emocional de Swank encaja bien con el exceso melodramático de LaGravenese." (Manohla Dargis: The New York Times)
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"Gerard Butler protagoniza una buena película donde ayuda a una mujer a superar una tragedia de su pasado. Se titula 'Mi querido Frankie' (Dear Frankie, 2004). Alquílese esa mejor. (...) Puntuación: ** (sobre 5)." (Helen O'Hara: Empire)
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"Un arranque interesante, curioso (...) en vez del insólito melodrama romántico que podría haber sido, es otra comedia sentimental trufada de lugares comunes, demasiado sensiblera (...) Puntuación: ** (sobre 5)." (Desirée de Fez: Fotogramas)
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"Los peligros del mucho amor. (...) Tras una primera escena bien tramada, interpretada y resuelta (...) se empieza a tensar el pellejo de lo razonable (...) Puntuación: ** (sobre 5)." (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)
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Ayer por la noche vi esta película en casa, para pasar un rato, no da para mas,
Anina

jueves, 7 de junio de 2012

Hay finanzas que matan empresas (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en Sistema Digital el 7 de junio de 2012

El último número fuera de serie de la revista francesa Alternatives Economiques  (nº 93, tercer trimestre de 2012) está dedicado a un tema que debería ser central en nuestras economías: ¿cómo salvar la industria?
Entre los artículos que contiene me gustaría destacar y comentar el del profesor Gabriel Colletis (La finance est-elle en train de tuer l’industrie?), quien así mismo ha publicado recientemente un libro de gran interés, L’urgence industrielle (Le bord de l’eau, 2012) en el que desarrolla, entre otras, las ideas que expone en este artículo.
Colletis señala con razón que la industria francesa, aunque yo creo que su juicio es perfectamente extrapolable a la española, incluso existiendo aquí hay problemas añadidos que no se dan en Francia, padece una enfermedad grave como consecuencia de las lógicas que imponen las nuevas formas de financiación de las empresas.
Lo que en su opinión ha ocurrido en los últimos años es que las empresas industriales (y creo que esto podría decirse igualmente de las de servicios) han debido recurrir a una financiación que responde a una lógica muy diferente a la tradicional. En lugar de que los capitales las financien buscando competitividad, mayor crecimiento y en función de las inversiones que debieran realizar para optimizar sus resultados y su posición en los mercados, lo están haciendo para aumentar su valor accionarial y así remunerar en mayor medida a los accionistas (razón por la cual retribuyen en gran parte a los directivos con acciones de la empresa).
Los capitales que deberían permanecer junto a la actividad productiva se han desplazado a la actividad financiera especulativa, y las empresas industriales han tenido que recurrir a ellos. Pero estas fuentes de financiación externa consideran a las empresas que financian simplemente como un activo líquido, como algo cuyo valor se puede y debe exprimir rápidamente en función de su cotización en bolsa y no de lo que produzca o de cómo lo haga. Es decir, que están dominadas por la visión a corto plazo, que buscan que el beneficio se produzca lo más rápidamente posible y que renuncian a fijarse cualquier otro tipo de horizonte que tenga que ver con el desarrollo interno de la empresa, con su posición en el mercado y, mucho menos, con la función que puedan tener en el sistema económico en el que se integran.
Se genera así una lógica financiera que domina, en el peor sentido del término, a las empresas industriales y que llega a esterilizar la riqueza que pudieran crear. Sobre todo, porque imponen que el beneficio que puedan obtener se utilice cada vez más para ampliar la autocartera, tratando de esta forma de mejorar su cotización, el valor de las acciones y la retribución de los accionistas, y no para mejorar su funcionamiento interno, para mejorar la gestión o incluso para conquistar más mercados.
Se puede decir que este proceso supone una auténtica financiarización de las empresas, entendiendo por ello que su funcionamiento general se articula exclusivamente para rentabilizar a corto plazo los capitales puestos por los accionistas pero solo en cuanto que valores cotizados, y en detrimento del valor que pudieran alcanzar como tales empresas, es decir, como creadoras de bienes o servicios reales para el mercado .
Las consecuencias de ello es que se obliga a que las empresas asuman estrategias de posición de los mercados y de gestión interna muy problemáticas, por muy rentables que a corto plazo sean para los financieros que se lucran con ellas. Por un lado, provocan deslocalización y reconversiones constantes no porque las empresas dejen de ser rentables sino porque no lo sean suficientemente, ya que los estándares de rentabilidad a los que deben responder no son los que tienen que ver con los ritmos de producción, con los costes y , en general, con la naturaleza mucho más pausada de la actividad productiva o real, sino los que establece la dinámica especulativa del capital en los mercados financieros, mucho más volátiles y arriesgados. Por otro, obliga a que las empresas se centren en conseguir el crecimiento externo, basado sobre todo en la adquisición de otras empresas y en una constante e imparable huida hacia adelante, y no en el crecimiento interno, habitualmente mucho más equilibrado, al basarse en el desarrollo de nuevos productos, en la innovación o en la mejora de sus posiciones competitivas en el mercado.
En la medida en que este último tipo de estrategias de consolidación interna dejan de ser necesarias, como lo que menos interesa o buscan los capitales especulativos que toman las empresas es producir bien o mejor, satisfacer a la demanda, innovar productos o estar a la vanguardia de la actividad productiva, el resultado es un recorte continuo de costes asociados con la dimensión real de la empresa, es decir, básicamente de los salarios, de los que se derivan de las relaciones con proveedores y clientes de la empresa, y de los fiscales.
En definitiva, lo que están mostrando estas nuevas prácticas es que se ha impuesto una nueva forma de financiar a las empresas (podríamos decir que no solo a las industriales sino en general a las productivas) que de hecho imposibilita, o al menos dificulta extraordinariamente, que puedan llevar a cabo su desarrollo natural como tales, como creadoras de riqueza efectiva, y no solo de la financiera que se manifiesta en alta cotización de sus acciones y en la casi exclusiva consideración del muy corto plazo como espacio temporal de la actividad empresarial.
Recuperar la actividad y el tejido empresarial es fundamental para que las economías salgan adelante y lo que estas reflexiones anteriores indican es que, si de verdad se quiere conseguir ese objetivo, hay que replantearse el modo en que se financia su actividad.
El sistema financiero actual está orientado a rentabilizar los capitales en un universo volátil y especulativo en donde prima el ritmo acelerado y el beneficio ultra rápido: ¿cómo puede competir cualquier empresa productiva con inversiones que se realizan al ritmo de 1.000 millones de dólares por segundo en los mercados financieros y sin que allí apenas se considere el riesgo porque la abundancia de operaciones y los márgenes elevados compensan el que sea muchísimo más elevado? Y con capitales “hechos” para esa dinámica es imposible financiar adecuadamente la actividad productiva empresarial que requiere perspectiva a medio y largo plazo, crecimiento hacia dentro, compenetración con la demanda, mecanismos de prueba y error que no pueden rentabilizarse inmediatamente, en fin, una lógica totalmente distinta a la de la inversión financiera.
Dejar que la actividad empresarial siga sujeta a esta lógica impuesta por la banca y los grandes fondos de inversión es condenarla a la desnaturalización y, a la postre, a su muerte segura.
Es preciso, por el contrario, que las empresas puedan disponer un nuevo tipo de sistema de financiación empresarial e incluso me atrevería a decir que una nueva ética bancaria y financiera. Para salvar a las economías y a las empresas, lo que viene  a ser lo mismo, es imprescindible poner bridas al sistema financiero: frenar su deriva compulsiva, disminuir la velocidad de crucero de los capitales hasta que se asemeje a la de la actividad productiva, penalizar su funcionamiento cortoplazista. Sabemos que hay capital suficiente y hasta sobrante (como demuestra que el total de operaciones financieras tenga un valor sea casi 70 veces mayor que el del PIB mundial) y conocemos cuáles son los mecanismos e instrumentos que pueden garantizar que las empresas cuenten con la financiación que precisen en cada momento sin hipotecar su actividad productiva y sin dedicarse simplemente a generar deuda para beneficio de los bancos: impuestos sobre las transacciones financieras, sobre la ganancia especulativa, banca pública o privada pero de servicio público… No es un problema técnico y ni siquiera económico. Es político, pues se trata de someter los intereses de los financieros que hoy día nos dominan a todos.

miércoles, 6 de junio de 2012

Hay que salvar a España, pero de quién y cómo (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en publico.es el 6 de junio de 2012

Desde que empezó la crisis, sus verdaderos causantes han conseguido evadir sus responsabilidades y hacer que quienes la sufren incluso se sientan como los culpables y que paguen sin rechistar los platos que otros han roto.
Los bancos españoles fueron los primeros responsables de lo que ha ocurrido en nuestra economía al haber financiado una burbuja inmobiliaria irracional y a una clase empresarial (si es que se la puede llamar así) que no ha hecho más que dar un pelotazo detrás de otro a base de endeudamiento, de favores administrativos, de  empleo precario y de fraude fiscal.
Los bancos han sido el mecanismo utilizado para evadir impuestos y para sacar hacia paraísos fiscales miles de millones de euros, y han obtenido los beneficios más altos del planeta a base de engaños y mil modos de estafas que han arruinado a miles de familias, que ahora se desgañitan para tratar de paliar su quebranto en los juzgados sin que los gobiernos hagan nada por apoyarles.
Los bancos españoles endeudaron artificialmente a familias y empresas para hacer negocio fácil y se endeudaron ellos al mismo tiempo, dando lugar así al auténtico problema de deuda privada que tiene España en estos momentos.
Los bancos españoles utilizaron su dominio sobre los medios de comunicación para hacer creer que su situación era saludable y que no tenían problemas patrimoniales. Y gracias al poder político que vienen acumulando desde el franquismo, y que ahora se traduce en partidos políticos esclavos de los préstamos multimillonarios que les conceden sin obligarles a devolverles, consiguieron que se aprobaran las medidas necesarias para salir del hoyo en el que han dejado al sistema financiero por la vía de quedarse con el mercado que ocupaban las cajas de ahorros. Pero a costa de seguir sin financiar a empresas y consumidores y de sumir a la economía española en una verdadera depresión.
Los bancos han obtenido los beneficios más elevados de toda nuestra economía pero los han obtenido arruinando a miles de empresas, destruyendo millones de empleos y facilitando el fraude fiscal y la corrupción política. Ahora, su situación se hace insostenible y tratan de que la paguemos los demás.
Los dirigentes del Banco de España han sido cómplices de ese desastre. Dedicados a pontificar sobre la necesidad de bajar salarios y de echar abajo las ya de por sí débiles estructuras de bienestar, han hecho la vista gorda ante el aumento del endeudamiento y de la pérdida progresiva de solvencia de la banca, y no solo de las cajas de ahorros. No oyeron ni a sus propios inspectores cuando éstos denunciaban lo que estaba pasando antes de que la crisis estallara, cuando ya habían empezado a detectar lo que se venía encima.
Los dirigentes de los partidos políticos mayoritarios son también corresponsables de lo que ha sucedido, aunque haya sido en medida diferente, pues incluso hasta algunos más radicales han mantenido hasta el último momento en Bankia y en otras cajas a sus representantes aliados con quienes han provocado el desastre, o han tenido dirigentes imputados. Todos ellos han alimentado un modelo de crecimiento y de gestión, sobre todo en los ayuntamientos y comunidades autónomas, vinculado a la obtención de plusvalías inmobiliarias, o tienen deudas millonarias con los bancos que nunca terminan de pagar, sin que el Tribunal de Cuentas u otros órganos jurisdiccionales hagan nada definitivo por evitar la corrupción que les rodea.
Es verdad que hay políticos honestos y que los partidos son necesarios siempre, pero eso no impide denunciar que sus dirigentes han generalizado una política de despilfarro en la administración pública, y de corrupción muy extendida, al mismo tiempo que reducían los ingresos que precisan los servicios públicos esenciales sin los cuales ni hay bienestar mínimo ni incluso democracia posible.
Y a estas responsabilidades habría que añadir las de algunos grandes empresarios, y las de otras autoridades, magistrados o incluso las del propio Jefe del Estado, que no han sabido estar a la altura de las circunstancias ni actuar con probidad cuando se le piden sacrificios enormes a la población.
Ahora bien. Si todas estas responsabilidades se han dado no ha sido solo como consecuencia de que se hayan multiplicado las conductas personales condenables. No. Estas ha ocurrido en un grado ya tan desastroso porque lo que ha fallado es nuestra armadura institucional, nuestro sistema político y, concretamente, nuestra propia Constitución, que no está sirviendo para que los ciudadanos disfrutemos de los derechos que nos reconoce ni para impedir las tropelías que a la inmensa mayoría nos avergüenzan.
Tenemos efectivamente derechos que no nos dejan ejercer, obligaciones que no cumplimos, tribunales que no investigan ni juzgan, delincuentes que no son perseguidos, o incluso culpables que no tienen que cumplir las condenas.
España lleva meses sacudida por especuladores, y bajo la amenaza más grave que ha sufrido en los últimos decenios, pero el empeño del gobierno es salvar a los bancos, se niega a investigar quién ha provocado el roto que hemos de pagar los españoles y se dedica a dividir y desprestigiar a los propios españoles y a sus propias instituciones.  Millones de españoles contemplan con estupor que haya dinero sin límite para los bancos y no para los servicios públicos que necesitan, y el Rey se va a hacer las américas con los responsables de las empresas que más dinero han defraudado a las arcas nacionales, que más empleo han destruido y que más responsabilidad tienen en el desencadenamiento de la crisis tan singularmente aguda que vivimos en el contexto del descalabro financiero internacional. Y mientras todo esto sucede, los medios de comunicación de mayor impacto de dedican a difundir programación basura, silencian a las voces y los debates más críticos, se criminaliza la indignación y se permite que los partidos políticos hagan en el gobierno lo contrario de lo que dicen a los ciudadanos que van a hacer cuando se presentan a las elecciones.
¡Claro que España necesita un rescate! Pero no en forma de préstamo que vaya directamente a los bancos y que paguemos los ciudadanos, como están negociando. No. Lo que España necesita es rescatarse a sí misma de quienes la han llevado al desastre: creando una Comisión de la Verdad que depure responsabilidades, impulsando una nueva mayoría social y política capaz de conseguir en las elecciones que salgan del Parlamento los culiparlantes y los políticos comprometidos con quienes han provocado la situación en la que estamos, y que desde allí abra un debate realmente democrático sobre nuestra institucionalidad, sobre cómo es mejor organizar nuestro Estado, nuestra economía y nuestra sociedad para que no vuelvan a producirse los desmanes y las barbaridades que nos han situado al borde del abismo y que con tanta razón están llenando de rabia e indignación a las personas decentes, con independencia de su ideología o de sus creencias.

martes, 5 de junio de 2012

Sudán: madre lactante condenada a muerte por lapidación - AMNISTÍA INTERNACIONAL -

Otra mujer ha sido condenada a morir por lapidación. Su nombre es Intisar Sharif Adbdallah y es madre de un bebé de cuatro meses al que todavía está dando de mamar.

Intisar fue condenada a muerte por adulterio, a pesar de que la propia Constitución de Sudán prohíbe la pena de muerte para mujeres embarazadas o madres de bebés menores de dos años. Ella y su bebé están detenidos, mientras sus dos hijos mayores viven con unos familiares. 


Si no lo impedimos, Intisar será apedreada hasta morir. La ejecución podría tener lugar en cualquier momento.
Firma aquí para salvar a Intisar de morir a pedradas.

No es la primera vez que, gracias a la presión internacional y a tu ayuda, lo logramos.

Muchas gracias por apoyar nuestra incansable lucha por la justicia.

Un fuerte abrazo,
Esteban Beltrán
Director Amnistía Internacional – Sección Española (
@amnistiaespana)

domingo, 3 de junio de 2012

COMUNIÓN DE LEYRE

¡FELICIDADES LEYRE POR TU PRIMERA COMUNIÓN!
Espero que disfrutaras mucho de tu día, ¡estabas guapísima peque!
Anina

sábado, 2 de junio de 2012

BODA DE PATRI Y RODRIGO!!

ENHORABUENA CHICOS!!

OS DESEO TODA LA FELICIDAD DEL MUNDO EN ESTA NUEVA ETAPA DE CASADOS!!
QUE SEÁIS MUY MUY FELICES!!

Un abrazo enooorme para los dos!
Anina

viernes, 1 de junio de 2012

HELADO DE CHOCOLATE - THERMOMIX y HELADERA -


Hoy mi padre y yo nos hemos decidido a estrenar la heladera que les regalé el año pasado y todavía no habían usado, así que buscamos un rico Helado de chocolate - La Juani de Ana Sevilla - ¡como no! ¡lo que no esté en este fantástico blog no está en ningún sitio! jejeje.
Pues quedó riquísimo, y eso que a nosotros no nos llama mucho el helado de chocolate, tengo muchas ganas de hacer uno de turrón, que es mi helado preferido, ¡tiene que ser la perdición! jajaja.
La heladera los deja cremositos, ¡requetebuenos!
Anina

jueves, 31 de mayo de 2012

Las mentiras del PP amenazan a España (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en publico.es el 31 de mayo de 2012

Cuando se haga historia, el Partido Popular será recordado como un partido de grandes mentiras y trampas. La pérdida de las elecciones después de su primea etapa de gobierno se debió a una gran mentira; alguno de sus dirigentes, como Esperanza Aguirre, llegó al poder después de una escandalosa compra de votos y voluntades; otros -en comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos- no disimulan a la hora de ocultar de mil modos cuanto les incomoda y por supuesto su connivencia con los corruptos a quienes solo salva la campana de la prescripción o la connivencia de jueces de su misma ideología e intereses. Y su paso por la oposición en los últimos ocho años de gobierno socialista han sido todo un culto permanente a la mentira, a la doble palabra y al juicio de intenciones.
Durante todo este ultimo tiempo se han dedicado a criticar al gobierno de Zapatero por medidas que sabían perfectamente que serían las que iban a aplicar sin lugar a dudas cuando estuvieran ellos en el poder, y así ha sido, o que ya aplicaban en las comunidades en donde gobernaban.
Decían que nunca negociarían con ETA y lo han hecho, como debe ser, en cuanto que los terroristas han dado muestras de rendición y abandono de las armas. Criticaban el uso partidista de los medios públicos, cuando nunca la oposición tuvo más presencia en ellos y cuando nunca existió en España una gestión más profesionalizada de RTVE, y han tardado semanas en entrar a saco para garantizar el control excluyente de su partido, como hacen de manera descarada en las comunidades en donde gobiernan.
Pusieron verde a Zapatero por realizar una reforma laboral mucho más suave que la que ellos mismos llevaron a cabo. Afirmaron que nunca rebajarían el coste del despido (“el problema económico de España no se soluciona con el abaratamiento del despido” afirmó Montoro en junio de 2010) y lo han rebajado más que nunca. Atacaron sin piedad al anterior presidente por subir impuestos, y casi juraron por lo más sagrado que ellos no lo harían (es un disparate quitarle recursos a los particulares y subir los impuestos” dijo Mariano Rajoy en Málaga el 11 de julio de 2009) pero los subieron en su primer consejo de ministros. Prometieron a los españoles que no recortarían gastos sociales básicos (“Le voy a meter la tijera a todo, salvo a las pensiones públicas y a la sanidad y la educación, donde no quiero recortar los derechos de los ciudadanos” dijo también Rajoy pocos días antes de las elecciones de noviembre de 2011) y han llevado a cabo el mayor recorte social de la historia reciente. Criticaron la subida del recibo de la luz (“La subida de la luz es una nueva vuelta de tuerca a la maltrecha economía de los españoles”, decía Rajoy el 27 de diciembre de 2010) y lo subieron a poco de empezar a gobernar. Prometieron que financiarían la ley de dependencia (“debe financiarse porque es una de las necesidades más importantes que tiene la sociedad española”, Mariano Rajoy en enero de 2008) y han dejado de hacerlo a las primeras de cambio.
Hemos vivido ocho años en los que el PP ha hecho un arte de la mentira y de la demagogia política, dedicándose sencillamente a debilitar al contrario solo a base de proclamar, sabiendo lo falso que eso era, que si ganase las elecciones nunca haría lo que hacían los socialistas.
Se podría justificar esa mentira constante por el ansia enfermiza de gobernar y disponer del poder, que las derechas han considerado siempre que por definición es suyo y que no tienen por qué compartir con quienes en realidad consideran que son la antiEspaña. Aunque, en todo caso, fueron mentiras que dañaron mucho a España. Primero, porque un país siempre se resiente cuando una fuerza política tan importante y representativa se empeña en crear y fomentar el clima guerracivilista, como hizo de mil formas el PP. Y segundo porque se hizo en momentos de crisis internacional en los que la confianza en España y en sus instituciones era más importante que nunca.
Pero si la mentira política es lamentable y costosa cuando se practica en la oposición, cuando se produce en el ejercicio del gobierno refleja una carencia total de patriotismo que la hace extremadamente peligrosa.
Y el problema es que el PP, como si ya no supiera sacar réditos políticos de algo distinto al engaño, no ha parado de mentir a los españoles también desde que llegó al Gobierno. Mintió, como he dicho, al inicio, desde el primer momento, cuando se sacó de la manga su programa oculto, las medidas que siempre prometió que nunca tomaría pero que puso en marcha inmediatamente.
Solo por eso, creo que habría que reclamar ya la dimisión de este gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. El Partido Popular disfruta de una mayoría absoluta como resultado de una oferta electoral falseada, de un colosal fraude electoral cometido al presentar a los españoles una propuesta de acción de gobierno que sabía perfectamente que no iba a cumplir.
Pero es que ha seguido mintiendo. Ha presentado reformas como parte de un plan de acción meditado cuando a las pocas semanas ha vuelto a presentar otras que la corregían, como ha sucedido con la financiera. Ha presentado medidas en la rueda de prensa posteriores a los consejos de ministros, o incluso en sus notas informativas, que luego no aparecían en los decretos, o han aparecido en los decretos temas que se habían disimulado o que se habían anunciado antes de otro modo para engañar a la gente (como pasó con asuntos sensibles como las retribuciones de los directivos o con varios aspectos de la amnistía fiscal). Y está mintiendo el gobierno ya de manera descarada en relación con su escandalosa gestión de Bankia. Afirman un día que prestarán el dinero para poder recuperarlo, y al día siguiente resulta que es aportación irrecuperable de capital. Dicen que la intervención no influirá sobre la prima de riesgo, y resulta que la hacen a base de inyectar deuda soberana. Hablan de que impondrán plena transparencia y se niegan a que haya declaraciones en el Congreso o comisiones de investigación. Un día dicen que hay un agujero de una cantidad y al día siguiente resulta que se triplica. Mienten cuando dicen que intervendrán a las comunidades que incumplan objetivos de estabilidad y luego se limitan a presionar a aquellas en las que no gobiernan ellos, mirando sin embargo a otro lado cuando el PP es el responsable de los mayores desfases presupuestarios de autonomía o ayuntamientos. Y mienten sobre Europa, dejando caer que España cuenta con un apoyo que en realidad no existe, como mienten sobre el riesgo en el que se encuentra la economía española, tratando de ocultar los estragos que están produciendo sus contradicciones, imprevisiones y mentiras.
Siempre está mal, pero no es igual mentir cuando se está en la oposición que cuando se gobierna. Mentir como hábito cuando se tiene la responsabilidad de dirigir los destinos de una nación es muy poco útil (como ya pudo comprobar el PP cuando gestionó mintiendo la matanza del 11-M) porque se está en un altar hacia donde todos dirigen las miradas y antes o después se descubren los engaños. Pero, sobre todo, es muy peligroso porque se pone en riesgo la estabilidad social y la integridad del Estado.
Las mentiras del PP, la falta de patriotismo que reflejan, son la principal amenaza que se cierne hoy sobre España. Para hacer frente a la situación tan extraordinariamente difícil en la que estamos es imprescindible transparencia, sinceridad, hablarle claro a los españoles y no hacer de trileros frente a ellos, que es lo que están haciendo sus dirigentes. Es complicidad de los de abajo y no el rédito político que pueda sacar un partido lo que puede hacer que España se enfrente con éxito a la situación a la que nos han llevado nuestras propias torpezas y la sumisión a los poderes financieros y de la gran patronal. El PP ya ha fracaso y estamos en tiempo de descuento. Cuanto más se alargue, más dramática será la agonía.

La jerarquía de la Iglesia católica no hace lo que le exige a los demás (JUAN TORRES LÓPEZ)

No soy experto, ni mucho menos, en doctrina de la Iglesia pero no es difícil conseguir testimonio de las declaraciones de muchos papas, autoridades eclesiásticas y teólogos católicos defendiendo la obligación de pagar impuestos.
He encontrado algunas como las siguientes:
- Pío XII: “No existe duda alguna sobre el deber de cada ciudadano de soportar una parte de los gastos públicos Pío XII, Alocución a los Congresistas de la Asociación Internacional de Derecho financiero y fiscal (2 de octubre de 1856)
- Juan XXIII: “Todos los hombre y todas las entidades intermedias tienen obligación de aportar su contribución específica a la prosecución del bien común. Esto comporta el que persigan sus propios intereses en armonía con las exigencias de aquél y contribuyan al mismo objeto con las prestaciones -en bienes y servicios- que las legítimas autoridades establecen”. Juan XXIII, Pacem in terris.
-Concilio Vaticano II: “Entre estos últimos (deberes cívicos) es necesario mencionar el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común”. GS, 75.
-Juan Pablo II: ‘Los ciudadanos, que deben ser defendidos en sus derechos, deben ser al mismo tiempo educados para participar justamente en las cargas públicas, bajo forma de tasas o impuestos, porque es también una forma de justicia, cuando se obtienen beneficios de los servicios públicos y de las múltiples condiciones de una vida apacible en común…”. Juan Pablo II, Discurso a la Confederazione Fiscale Europea (7 de noviembre de 1980), L’Osservatore Romano, 12 de abril de 1981, p. 18.
-Catecismo de la Iglesia Católica: ‘La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos…”. Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2240.
A la vista de estas declaraciones no puedo entender que la jerarquía de la iglesia católica se niegue a pagar los impuestos que le corresponden. Sobre todo, cuando al mismo tiempo reclama y obtiene ayudas y privilegios con recursos que aportan todos los ciudadanos (sean o no católicos), en cantidades que yo creo que son más elevadas que las que pueda recibir en cualquier otro país del mundo.
Hay que predicar con el ejemplo.
Los datos aquí: La Iglesia recibe casi la misma cantidad que el tijeretazo en Educación y Sanidad

miércoles, 30 de mayo de 2012

MICHAEL NYMAN BAND, EL HOMBRE DE LA CÁMARA, (EN EL PALACIO DE LA ÓPERA DE LA CORUÑA EL 30/05/12)


















Vino Elena con nosotros ya que se quedó un par de días en casa de los tios Domi y Jose, en Betanzos, así también aprovechamos para hacerles una pequeña visita.
Dice mi padre que hace ocho años que no vemos a Nyman en concierto ¡yo creo que no puede haber pasado tanto tiempo! jejeje, así que nos fuimos a Coruña a verle, al Palacio de la Ópera, sabíamos que iba a ser un concierto raro, porque era un concierto-cine, ya que este proyecto es la música de la banda sonora de esta película. Estabamos bastante lejos del escenario y no podiamos apreciar bien a los músicos. Se supone que lo importante es ver la película y escuchar la música, pero bueno, a mi me gusta más verles sólo a ellos tocar, realmente es lo que a todos nos encanta.
Después cenamos con Antonio unas tapitas y de vuelta a casina.
Anina

lunes, 28 de mayo de 2012

¿Quién quiere que haya mucha deuda? (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en Madrid 15m, nº 3, mayo 2012

Una de las muchas mentiras que se repiten continuamente es que las izquierdas defienden los déficit y la deuda mientras que las derechas son partidarias de la austeridad y de los superávits.
La cuestión no tiene fundamento así planteada, ni histórica ni doctrinalmente.
Baste recordar que fueron regímenes de extrema derecha los que endeudaron hasta las cejas a los países latinoamericanos en los años setenta y ochenta o que los déficits más grandes de la historia los han generado paladines de la austeridad como los derechistas Reagan o Bush.
Para entender lo que hay detrás de esa mentira conviene saber de dónde viene la deuda y cómo se financia.
Cuando alguien, bien sea un sujeto privado o el sector público, gasta más de lo que ingresa, tiene deuda y, por tanto, tiene que financiarla: alguien le tiene que prestar para que pueda realizar ese gasto mayor que el ingreso.
Hasta hace unos años (y todavía ahora en la mayoría de los países) cuando eso le ocurría al sector público podía recurrir el banco central. Este era un “banco de los bancos” y además el banco del gobierno, a quien le proporcionaba el dinero que necesitaba. Si se trataba de cantidades razonables, podía financiarlo sin problemas pero si se limitaba a imprimir dinero alegremente, con independencia de la situación de la economía, antes o después tendría ante sí un grave problema porque el dinero cada vez valdría menos. Solo Estados Unidos puede permitirse ese privilegio porque tiene la “suerte” de que su moneda se use en más del 60% de los intercambios mundiales (gracias a su poder económico, político y militar). Gracias a ello puede imprimir dólares con independencia de cómo esté su propia economía porque siempre habrá alguien fuera que los desee. Lógicamente, disfrutando de este privilegio, a Estados Unidos no solo no le importa que haya mucha deuda sino que la aumentará constantemente para poder financiarse sin cesar, mientras haya otros que estén dispuestos a adquirir su moneda.
Por otro lado, cuando los particulares nos endeudamos hemos de acudir a los bancos privados. Y estos, cuando necesitan más dinero del que tienen, también se endeudan, recurriendo para ello o bien a otros bancos o al banco central.
Esta situación cambió en Europa cuando se constituyó el Banco Central Europeo. Sus estatutos establecieron que no podría financiar a los gobiernos. Algo raro porque era como ser un banco central…¡que no era un banco central! La razón de esa decisión es fácilmente deducible: si los gobiernos necesitaban financiación deberían pedírsela a los bancos privados.
Y aquí está la madre del cordero porque, aunque mucha gente no lo sabe o no se da cuenta, el negocio de los bancos es prestar, es decir, crear deuda. Cuando lo hacen crean dinero y entonces obtienen beneficio y poder.
Veamos un sencillo ejemplo. Supongamos que yo tengo los únicos 100 euros que hay en la economía y que se los presto a mi amiga Y. En ese momento sigue habiendo 100 euros, solo que 80 en mi bolsillo y 20 en el de Y. Pero si el banquero Sr. Botines me convence y deposito los 100 euros en su banco, éste pensará que yo no los voy a retirar enseguida. Entonces, buscará un cliente a quien prestar con una parte de mi dinero. Supongamos que mi amiga Y va al banco y el Sr. Botines le concede un crédito de 20. En ese momento el dinero que hay en la economía ha pasado a ser… ¡¡¡120 euros!!! Parece magia pero no lo es. En dinero legal (monedas o billetes) sigue habiendo la misma cantidad (100 euros) pero el banco ha creado medios de pago: con mi cheques o con mi tarjeta puedo gastar 100 euros y mi amiga Y puede gastar sus 20 euros, luego el dinero que ahora hay en total en la economía es 120 euros. El Sr. Botines ha creado “dinero bancario”. Y al hacerlo gana dinero, porque a mí me dará quizá un 5% por depositar mi dinero y a mi amiga Y le cobrará un 8%, por ejemplo pero siempre más del 5%, por el préstamo.
Pero además de ganar dinero, al crear dinero el banquero Botines aumenta su poder porque todos sabemos que el dinero da poder, poder de satisfacción y también poder de decisión.
Resulta entonces que hay un grupo social (los banqueros) que cuando crean deuda, crean dinero, y cuando crean dinero aumentan sus beneficios y su poder. ¿A qué se van a dedicar entonces? Pues lógicamente a tratar por todos los medios de que aumente la deuda: obligando a que, como en Europa, los bancos centrales no den gratis el dinero a los gobiernos para dárselo ellos, influyendo en los gobiernos para que apliquen políticas de moderación salarial y así los trabajadores tengan que endeudarse, haciendo que bajen los ingresos de las empresas y tengan que pedirles créditos, haciendo que la gente compre viviendas en lugar de alquilarlas, etc, etc.
En definitiva. No es verdad que haya tanta deuda porque hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades sino porque la economía, la sociedad y hasta el poder político están dominados por un grupo social que tiene el privilegio de ganar dinero y de aumentar su poder aumentando la deuda y porque hay un país imperial, Estados Unidos, que tienen también el privilegio de endeudarse continuamente dándole sin fin a su máquina de imprimir dólares.
La conclusión es clara: si de verdad queremos que disminuya la deuda, acabemos con el privilegio de crear dinero que tiene la banca privada y con el imperialismo económico y monetario de Estados Unidos.

domingo, 27 de mayo de 2012

La crisis en Europa, o Europa como el problema (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en OBJETIVO EL TRABAJO. Anuario de Relaciones Laborales 2012. UGT

Como en otros lugares del mundo, la crisis de 2007-2008 estalló en Europa con extraordinaria fuerza. El sistema financiero saltaba por los aires, docenas de bancos hasta entonces tenidos como baluartes de las finanzas más solventes quebraban dejando mostrar la fragilidad de unas estructuras patrimoniales forjadas en los últimos años a base de inversiones especulativas y operaciones arriesgadas, y con ellos cayeron como naipes las economías de sus diferentes países. Y como en tantos otros sitios, enseguida dejó ver también en Europa que no se trataba de una simple perturbación financiera sino que tras de ella se encontraban fracturas estructurales muy profundas: medioambientales, productivas, sociales, institucionales, ideológicas, políticas… De manera que era todo el sistema lo que en realidad estaba haciendo agua por distintas partes, aunque nadie hubiera querido darse por enterado.
La magnitud de los primeros impactos y del daño producido, como igualmente en tantos otros sitios, fue impresionante en términos de empresas y puestos de trabajo destruidos, activos y ahorros volatilizados, economía enteras desplomadas y sociedades que quedaban estupefactas ante el poder destructor de un tsunami que se llevaba todo por delante.
Pero enseguida la crisis comenzó a mostrar justamente en la Unión Europea un efecto devastador especial y mayor que en cualquier otro lugar del mundo. Cuando se había hecho creer que la operación de ingeniería socioeconómica más reciente y vanguardista de la historia, la unión monetaria europea, iba a ser la defensa más firme frente a las marejadas que asolaran el planeta, resultó que toda su arquitectura se resquebrajaba sin ser capaz de proporcionar cobijo seguro a los países que habían confiado en el euro o el entramado institucional de la Unión Europea como el mejor recaudo para hacer frente a las desventuras.
Y en mucho mayor grado que en cualquier otro sitio, la inicial crisis financiera ha terminado siendo en Europa una crisis política de consecuencias impredecibles cuando a la caída de la actividad siguió una crisis fiscal sin precedentes y la aparición de un problema de deuda soberana que, ante la falta de respuesta adecuada por parte del Banco Central Europeo, se ha convertido finalmente en un problema político dramático y sin solución posible en el actual marco legal de la Unión Europa.
Las circunstancias que explican esto y que, por tanto, marcan los escenarios en donde posiblemente vamos a tener que movernos los ciudadanos europeos en los próximos tiempos son variadas y podrían resumirse en las siguientes.
a) El mecanismo que marca las coordenadas de la economía europea no ha funcionado correctamente, tanto por carecer de todas las piezas necesarias como por no estar bien ajustadas las disponibles. Europa no puede hacer frente a una crisis de regulación financiera con 27 supervisores, a una crisis de la deuda europea con 27 haciendas y políticas fiscales, a una crisis de demanda sin presupuesto, a una crisis financiera sin un verdadero banco central y a una crisis global sin ni siquiera una única portavocía o con instituciones en donde nadie es capaz de saber dónde reside el poder y quién lo detenta de verdad.
b) Desde el punto de vista de su capacidad de proporcionar estabilidad, protección, equilibrio y actividad, el euro es una moneda fallida. No solo no ha impedido los impactos asimétricos (como se sabía que iba a ocurrir dado su inadecuado diseño institucional y político) que ha generado la crisis sino que ha desarmado a unos espacios frente a otros y ha dado lugar a que Europa haya sido de facto intervenida y que algunos de sus países miembros estén sometidos y postrados al socaire de los mercados.
c) El modelo de generación y reparto del excedente impuesto con el euro y ahora predominante (de superávits comerciales en el norte y déficit en las periferias) implica un desequilibrio materialmente insostenible salvo a base de establecer una lógica redistributiva muy diferente a la actual y de la que expresamente reniegan Alemania y otros países centrales. En lugar de replantear el modelo, el capital alemán está imponiendo unas condiciones tan onerosas (aunque aún no sean del todo explícitas) a la Europa “periférica” que van a llegar a ser tan inasumibles y desventajosas para sus economías como para que antes o después se vean obligadas abrir el debate de la ruptura o salida del euro o, no se sabe si en el peor o mejor de los casos, una renegociación a la desesperada de extraordinaria dificultad y de resultados inevitablemente muy conflictivos. La situación extrema a la que se ha llevado a Grecia queriendo asegurar por encima de todo el cobro de sus acreedores pero impidiéndole generar ingresos para que pueda hacerlo es un buen ejemplo de las situaciones sin salida que se están produciendo.
d) Las políticas de “respuesta” europea frente a la crisis son en realidad fuertemente procíclicas, van a paralizar la recuperación de las diferentes economías europeas durante años, provocando asimetrías más fuertes, una gran desertización económica, descapitalización humana y social y que Europa se consolide como un simple espacio de oferta de servicios personales a bajo precio.
e) Ni en los años de expansión ni mucho menos en esta etapa de gran recesión, Europa ha sido capaz de consolidar una ciudadanía diversa pero cómplice y guardiana de Europa y consciente de los principios que implicaría su existencia como estado de estados y  nación de naciones y como referencia ciudadana. Por el contrario, las circunstancias anteriores han sembrado la desarmonía, los populismos, el fascismo… los valores que se suponía que la Europa unida estaba en condiciones de superar para siempre.
f) Finalmente, la puesta en marcha del modelo europeo dominante y de las políticas que lo sostienen y con las que se quiere hacer frente a la crisis es algo cada vez más contradictorio incluso con las formalidades más elementales de la democracia más convencional y por eso la insistencia en imponerlo está produciendo un auténtico aniquilamiento de la democracia en toda Europa.
Lo que ha ocurrido, en definitiva, es que en Europa la crisis global se ha convertido en la crisis de Europa y que la propia Europa, en lugar de ser el espacio institucional de la respuesta a la crisis, ha pasado a ser ella mismo el problema a resolver.
Por eso, en lugar de salir de la crisis en Europa se está volviendo a la recesión: no puede ser de otra manera porque lo que se hace, en lugar de tomar antídotos, es aumentar las dosis del veneno que hizo que nuestra economía fuese tan sumamente frágil ante una perturbación generalizada.
Europa no pude pretender salir de una crisis en última instancia provocada por la desregulación, la desigualdad, la desinstitucionalización, la precariedad del trabajo y la informalización de las relaciones laborales, la libertad absoluta de movimientos de capital, el privilegio de la especulación financiera, el desmantelamiento de los sectores públicos, la desfiscalización, la consolidación del poder monetario privado, etc. fortaleciendo todo ello para salvar patrimonialmente a los bancos y reafirmar la posición negociadora del capital. Así solo se llega aún más lejos del abismo en el que estamos.
Para salir de ahí hace falta que Europa deje de ser el problema y se convierta en la solución salvándose a sí misma y no solo al capital, asumiendo un nuevo horizonte, un nuevo tipo de equilibrio interno y, sobre todo, un reparto diferente de la riqueza y del poder. Europa no puede hacer creer que sigue siendo el proyecto de todos cuando es algo que cada está en poder de menos manos y cuando son los muy pocos los que se aprovechan de ello.

TARTA HELADA DE LIMÓN - THERMOMIX -



Hoy he preparado esta Tarta helada de limón - La Juani de Ana Sevilla -, a Juanma le gusta mucho el limón, a mi no especialmente, con lo cual esta tarta me sabe demasiado a limón, yo le echaría menos, para que estuviera más suave. A él le ha encantado.
Anina

viernes, 25 de mayo de 2012

“Todo el dinero que haga falta” (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en Sistema Digital el 25 de mayo de 2012

Entiendo que puede resultar algo repetitivo este comentario, pero ¿cómo permanecer en silencio cuando una vez más las autoridades públicas manifiestan que no hay problema ninguno para salvar a los banqueros mientras que recortan los recursos que salvan a las personas?
El ministro de Guindos ha dicho de nuevo que habrá todo el dinero que haga falta para capitalizar Bankia, esto es, para dejarlo limpio y en buenas condiciones para privatizarlo cuando llegue el momento, que es lo que harán sin ningún tipo de duda, porque si desearan mantener un banco público ya lo habrían creado y no precisamente a base de material de derribo.
Es normal que la gente se indigne cuando se entera de estas cosas. ¿Cómo se puede explicar que no haya límites impuestos por el déficit y la deuda a la hora de destinar dinero público a los bancos y que al mismo tiempo no haya ni un euro para los servicios públicos?
¿Cómo es posible que el gobierno se disponga a inyectar miles de millones de euros a Bankia sin depurar primero responsabilidades, sin poner sobre la mesa la gestión que han llevado a cabo sus directivos, el daño que ha hecho al erario público la injerencia constante de los gobernantes “liberales” de la Comunidad de Madrid que tan contrarios al intervencionismo se proclaman constantemente? ¿Cómo se puede aceptar que el Gobierno de Rajoy esté todos los días con el sambenito del cafelito de los funcionarios y del coste que suponen para el Estado y no se pare a plantear cuánto nos va a costar a los españoles la gestión de Rato y de sus estrategas?
¿Por qué dar por hecho que hay que poner dinero público en Bankia cuando se sabe que lo que ha ocurrido allí es el resultado de una serie de pasos estratégicamente dados para llegar a la situación en la que estamos?
¿Y cómo se puede aceptar la desfachatez de que el gobierno recurra a los auditores más tramposos del planeta para que pongan en claro las cuentas de Bankia y de su matriz, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA)? ¿A quién quiere engañar el Gobierno contratando a los embusteros más grandes del sistema financiero mundial para que proporcionen ¡¡transparencia!!? ¿Cómo se puede consentir que el Ministro de Economía contrate a Goldman Sachs para aclarar la situación de la banca española cuando es el banco que más ha faltado a la verdad y que más estafas ha cometido en los últimos años cuando? ¿Quién ha impuesto que la auditoría la haga alguien que se sabe que va a mentir, que no ha dado nunca punta con hilo, que ha falseado las anteriores que ha hecho para justificar, en cada momento, lo que le interesaba a él mismo o a sus patrones y socios? ¿Cómo es que se hacen cuenta permanentemente sobre lo que vale una operación de nuestros hospitales, las clases que dan nuestros maestros o la atención de nuestros mayores y el Gobierno no cae en lo que nos va a costar que nos haga los números un par de auditores delincuentes?
El Gobierno de Rajoy sigue sin tomar ni una sola medida que garantice de verdad lo que es fundamental conseguir: la financiación de las empresas y de la economía en su conjunto. Simplemente se dedica a administrar los intereses de los dos o quizá tres grupos bancarios que van a terminar siendo los amos en solitario del sistema financiero español.
A quien hay que darle todo el dinero que haga falta no es a entidades financieras quebradas y a los banqueros que han provocado la situación en la que nos encontramos porque lo van a utilizar para volatilizarlo sobre la marcha en sus balances. Quien necesita ese dinero son las pequeñas y medianas empresas que han de pagar el escasísimo crédito que ahora reciben al 12 o 15%, o incluso al 30% si se da en circunstancias más extraordinarias o urgentes.
Los propios errores del gobierno (del actual y del anterior, todo hay que decirlo) o su complicidad y dependencia con el gran capital financiero, le restringe cada vez más el margen de maniobra. Cada día que pasa pierde posibilidades de actuación y se ve más obligado a discurrir por un camino que se estrecha continuamente, que ya casi es como el de una cuerda floja. Pero está a tiempo, a pesar de todo. Aunque no puede actuar de cualquier forma.
No basta con afirmar ahora que Bankia actuará como un buen banco público (y no solo nacionalizado) porque eso es insuficiente. A estas alturas se requiere algo más que un banco. Es necesario un sistema de financiación a la economía y, por ello, también un protocolo de actuación financiera que obligara no solo a otros más que se nacionalizaran, sino a todo el conjunto del sistema. La economía española está al borde del colapso por falta de aire financiero, de crédito. Si no se le proporciona pronto, se viene abajo.
El Estado está aún en condiciones de poner en marcha un motor financiero que la pusiera de nuevo en movimiento y en otro vía distinta a la insostenible que ha seguido años atrás.
No queda mucho tiempo pero quizá no sea la premura de tiempo lo más preocupante sino la anestesia que domina a la población en general, a los empresarios, que se encaminan a miles hacia el cierre y la ruina nublados por una visión ideologizada de la realidad impuesta desde la banca y la gran empresa que los ahoga; a los trabajadores, que han caído en la falacia de creer que lo que mejor les conviene es tratar de salvarse ellos mismos; a la mayoría de los jóvenes, que nada parece poder despertarles del sueño que ni siquiera es de Morfeo en el que los mantenemos.
¿Reaccionaremos o nos seguirá pareciendo lógico, natural y aceptable que se disponga de todo el dinero necesario para los banqueros mientras que nos quitan a los demás hasta el aire?