domingo, 16 de octubre de 2011

EJECUTIVA EN APUROS (JONAS ELMER, 2009)

Lucy Hill (Renée Zellweger) es una ejecutiva ambiciosa con mucho futuro que vive en Miami, encantada además con su estilo de vida en la bulliciosa ciudad. Adora sus zapatos, adora sus coches y adora subir puestos en el escalafón corporativo. Cuando de un día para otro le ofrecen un puesto temporal lejos de su ciudad, en una pequeña población rural de Minnesota, para reestructurar una fábrica, Lucy acepta inmediatamente, sabiendo que un gran ascenso no anda muy lejos. Pero lo que empieza siendo un trabajo sencillo acaba siendo una experiencia que le cambiará la vida, ya que Lucy va a encontrar un mayor sentido a su existencia y también, de forma imprevista, al hombre de sus sueños (Harry Connick, Jr.). (FILMAFFINITY)

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"La verdadera cuestión es: ¿Te gustan este tipo de comedias románticas? Es un digno ejemplo dentro de su tipo: no buena, pero competente. (...) Puntuación: ** (sobre 4)." (Roger Ebert: Chicago Sun-Times)
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"Esta porquería se suponía que iba a ser la 'peli para chicas' antídoto de la fiebre de la Super Bowl. ¡Ja! (...) Puntuación: * (sobre 4)." (Peter Travers: Rolling Stone)
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"Tiene un guión de escuadra y cartabón (...) la corte de secundarios la redime un tanto de sus carencias y, sin llegar a salvarla, al menos la hace soportable en los (pocos) planos en los que no sale su protagonista." (Javier Ocaña: Diario El País)
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"Se le puede acusar de muchas cosas excepto de original (...) Los chistes (...) no molestan, al menos hasta que se pronuncia la palabra 'tapioca' por centésima vez. (...) Puntuación: ** (sobre 5)." (Javier Cortijo: Diario ABC)
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viernes, 14 de octubre de 2011

Vaticinios (JUAN TORRES LÓPEZ)

Publicado en Sistema Digital el 14 de octubre de 2011


¿Fue casualidad que hiciese eso justo meses antes de que empezase a estallar la burbuja inmobiliaria y a caer el precio de las viviendas? Cuesta trabajo creer que fuese así. Primero, porque lo normal no es que el Banco de Santander tuviera menos información de la que disponían muchos economistas que estábamos aventurando que eso iba a ocurrir pronto. Y segundo porque los bancos, y por supuesto mucho más el Santander, tienen capacidad para influir en los precios de la vivienda, de modo que incluso saben mejor que nadie cuál va a ser su evolución a corto, medio y largo plazo.
Lo cierto fue que poco después de poner en marcha esa operación los precios se derrumbaron y los directivos del Santander sabrán las pérdidas de valor en balance que pudieron evitar o las plusvalías que obtuvieron.
Lo curioso es que a pesar de estos “casualidades” que claramente revelan que los grandes agentes económicos sabían lo que se venía encima, todavía haya gente que se cree que nadie pudo anticipar la crisis o dirigentes dispuestos a hacérselo creer.

Pues bien, ahora nos encontramos en una situación que podría tener muchas similitudes.
Los bancos, los economistas y políticos neoliberales, los dirigentes de la Unión Europa y las grandes patronales nos vienen diciendo que para salir de la crisis hay que reformar el mercado de trabajo, privatizar, recortar derechos y gasto público, etc., es decir, todas las medidas que hemos visto tomar en estos últimos meses.
Muchos economistas, premios Nobel como Krugman o Stiglitz, decimos, por el contrario, que de esa forma no se va a salir de la crisis sino que se va a producir una recaída quizá aún más grande porque ni esas son las medidas adecuadas ni van acompañadas de las reformas financieras que se debieran tomar para no caer en los mismos problemas que la provocaron.

En lugar de sacarnos de la crisis lo que se está consiguiendo, con el único objetivo de aumentar el poder de negociación de la gran empresa y la liquidez y rentabilidad de las entidades financieras, es disminuir el combustible que necesitan las economías para funcionar y crear empleo: el gasto privado y público y la financiación. Y de esa manera es inevitable que vuelvan a pararse. Ya lo henos visto en Irlanda, en Portugal, en Grecia y en otros países del este europeo de los que nadie habla o, de momento en menor grado, en España, Italia y los demás países de la Unión.
Salvo que uno quiera engañarse, no se debería tener la más mínima duda: es imposible que las economías europeas se recuperen con las medidas restrictivas que se vienen tomando y mientras se siga permitiendo que el dinero sin límites que se pone en manos de los bancos se dedique a que éstos especulen con la deuda de los estados en lugar de destinarlo a financiar a empresas y consumidores.

Las pequeñas y medianas empresas que crean empleo están agonizando por falta de crédito y de demanda y los gobiernos cada vez tienen menos margen de maniobra para evitarlo porque están cada vez más endeudados ya que las entidades financieras les encarecen continuamente su deuda y tienen que pagar más intereses y porque con las políticas restrictivas que aplican también caen sus ingresos.
Para salir de la situación hay alternativas muy claras que podrían tomarse rápidamente si las autoridades fuesen capaces de pararle los pies a los financieros y a los responsables de las grandes empresas que se están obteniendo beneficios extraordinarios con las políticas que están llevando a Europa a un desastre sin parangón. Vicenç Navarro, Alberto Garzón y yo proponemos 115 medidas concretas en el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España de inmediata aparición, pero de entre ellas destacaría como extraordinariamente urgentes a tres de ellas.

- Parar la sangría de la deuda obligando al Banco Central Europeo a tomar las riendas y a plantear una quita o reestructuración generalizada y a hacerse cargo de su financiación difiriendo el pago y devolviendo los intereses a los estados.

- Crear una banca pública y obligar a la banca privada a financiar a las empresas y ciudadanos que necesiten crédito para llevar a cabo actividades productivas.

- Poner en marcha un plan de estímulo paneuropeo que garantice demanda suficiente, en lugar de recortar salarios y gasto público, como se viene haciendo, y que se centre en “salvar” a las empresas que crean empleo en lugar de contemplar inactivos la desaparición de miles de ellas por falta de financiación y demanda.

Avanzar por otro camino, por el que se empeñan en llevarnos, solo va a conducirnos, como venimos diciendo muchos economistas, a otra recesión y a nuevos problemas financieros, seguramente mucho más graves.

Y si se quiere un vaticinio más concreto quizá sirva las noticias que circulan por la red: el Banco de Santander y el BBVA ponen a la venta toda su cartera inmobiliaria (Banco Santander venderá toda su cartera inmobiliaria aunque le provoque pérdidas; ¿Operación liquidación?: BBVA coloca a un peso pesado al frente de su cartera inmobiliaria).

Y ahora empiecen a leer de nuevo el artículo por el principio. 

La banca pública es mejor que la banca privada: el caso de EEUU (VINCENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 14 de octubre de 2011

Este artículo critica la manipulación por parte de los medios de información de las encuestas realizadas para mostrar un apoyo popular a las políticas de austeridad que no cuentan, en realidad, con tal apoyo. 

Durante la época del neoliberalismo que abarca desde finales de la década de los años setenta hasta ahora, la postura hegemónica en los centros financieros, políticos y mediáticos en el mundo más desarrollado económicamente (donde se genera la sabiduría convencional transmitida por las mayores instituciones internacionales, desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, a la OCDE, entre otros) es que la Banca privada es más eficiente que la pública. De esta creencia se derivan las políticas estatales en la mayoría de tales países, incluyendo España, de privatizar la Banca y, en España, las cajas de ahorro, convirtiéndolas todas ellas en Bancas privadas. Esta ideología o creencia, sin embargo, se apoya en fe más que en evidencia científica, la cual apoya posturas opuestas a las que los establishments financieros, políticos y mediáticos están promoviendo. Un ejemplo de ello es lo que ocurre en EEUU. Veamos los datos.
El Estado de EEUU que tiene una economía más eficiente, con el mayor porcentaje de la población empleada, con el menor desempleo, con los salarios más elevados, y con un mayor superávit en sus ventas es North Dakota. ¿Cuál es la causa de ello? A primera vista parecería que se debe a que es un Estado afortunado: tiene petróleo. Y ello crea riqueza. Ahora bien, otros Estados tienen petróleo y sus indicadores siguen la pauta general del país: alto desempleo, destrucción de empleo, y con cuentas públicas en negativo. Entre ellos está el Estado de Alaska, uno de los Estados que produce más petróleo en aquel país. Montana y Wyoming también son ricos en recursos energéticos –gas y petróleo- y en cambio están –como lo está también Alaska- en crisis profunda. Parece, pues, que tener petróleo no es la causa principal de que a North Dakota le vaya tan bien.
Analizando las causas, Ellen Brown, una analista, conocida por sus estudios de las economías de los Estados, ha concluido que el éxito de North Dakota (su desempleo es del 3.3%, el más bajo de EEUU) es que tiene un Banco Público. El Estado deposita todos los ingresos que recibe en este banco, el cual tiene como objetivo ayudar a la economía del Estado, teniendo prohibido invertir fuera del Estado y practicar comportamientos especulativos. Ayuda a las empresas basadas en el North Dakota y tiene como función primordial proveer crédito a los residentes en aquel Estado. El contraste en la manera como este Estado maneja sus ingresos –a través de la Banca Pública- y la manera como lo hace, por ejemplo, California –a través de la Banca Privada- es espectacular.
El profesor de Economía y Director de la Facultad de Derecho de Orange, del Estado de California, el Sr. Timothy Canova, ha hecho esta comparación ítem por ítem, y llega a la conclusión de que parte del enorme problema del Estado de California es que, además de tener desregulada a la Banca, deposita todo su dinero en la Banca privada, la cual lo utiliza fuera del Estado y para fines especulativos que crea un gran riesgo e inestabilidad financiera. Es más, una vez el Estado lo deposita en los bancos, pierde la oportunidad de invertirlo en fines encaminados a favorecer la economía productiva californiana. California, como resultado de ello, tiene gravísimos problemas, con elevadísimo desempleo y cuentas públicas muy negativas, al contrario que North Dakota.
Esta experiencia se reproduce también en Europa. El país que hoy tiene unos mejores indicadores sociales y económicos es Noruega, que es uno de los pocos países que tiene un Banco Público. Como en el caso de North Dakota, la clave no es el petróleo, sino la existencia de una entidad pública que garantice el crédito.

LA SITUACIÓN EN ESPAÑA

Las privatizaciones masivas que tuvieron lugar en España a partir de la década de los años noventa, y muy en particular durante el gobierno del Partido Popular, empobreció a la larga al Estado español. Éste dejó de recibir fondos producidos por empresas públicas altamente rentables, tales como Telefónica, Tabacalera, Repsol, Gas Natural y Endesa, entre otras. Para darse cuenta de lo que significa para el Estado tales privatizaciones, hay que conocer que los beneficios de la Lotería nacional que el gobierno español ha intentado privatizar ha dado en 2011 unos beneficios al Estado de 2.643 millones de euros, que es mucho más que el dinero que el Estado ha intentado ahorrarse congelando las pensiones y reduciendo los salarios de los empleados públicos. Un tanto semejante ocurría en aquellas otras instituciones que han sido privatizadas: han dejado de generar recursos al Estado.
Tal empobrecimiento ha ocurrido también en el sector financiero. Las instituciones financieras Argentaria, Banco de Crédito Industrial y Banco de Crédito Agrícola, hoy parte del BBVA, eran altamente rentables cuando fueron privatizadas. En realidad la privatización del crédito ha dificultado enormemente la misión que tiene el Estado de garantizar la disponibilidad del crédito como medida necesaria para estimular la actividad económica. La única institución que tiene como objetivo primordial esta garantía de crédito, es el Instituto de Crédito Oficial (ICO) que, por cierto, es rentable, presentando unos beneficios anuales de 20 millones de euros. Su tamaño es excesivamente limitado y un gobierno progresista debería haber estimulado su desarrollo y transformación en una Banca pública que hubiera garantizado la disponibilidad de crédito, uno de los mayores obstáculos para que la economía española se recupere. Es decepcionante que el gobierno Zapatero, cuyo equipo económico ha estado imbuido del dogma neoliberal, no haya considerado el establecimiento de tal Banca pública, y también es frustrante que el candidato Rubalcaba haya rechazado la propuesta de que se estableciera la Banca pública en España, una de la mayores condiciones para que la economía española se recupere. En cuanto al mayor partido de la oposición, el partido Popular, sus propuestas de desregular el sector bancario y su deseo de continuar la privatización de las cajas de ahorros dificultarían todavía más la disponibilidad de crédito y, por lo tanto, la recuperación económica.

jueves, 13 de octubre de 2011

Movimiento mundial prodemocracia (VINCENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 13 de octubre de 2011

Este artículo analiza las causas y las consecuencias del surgimiento de los movimientos prodemocracia en muchas partes del mundo. Estos movimientos se iniciaron en los países árabes pero se han expandido a otras partes del mundo incluyendo Europa y Estados Unidos. Tal movimiento en Europa, que se inició con el movimiento 15-M en España, está forzando una reflexión muy profunda sobre el significado de democracia. En Estados Unidos ha forzado un replanteamiento de las estrategias de los partidos políticos. Un elemento en común que todos ellos tienen es una demanda de que se elimine la influencia de los poderes financieros y económicos en el proceso político.

Se está estableciendo un movimiento a nivel mundial, que se manifestará este sábado 15 de octubre en muchos países, que amenaza a las estructuras del poder financiero, económico y político de los estados, no sólo árabes, sino también de Europa y ahora de EEUU. Su demanda es la democracia, es decir, exigir que existan sociedades democráticas en las que sea la ciudadanía la que gobierne su quehacer colectivo. Donde primero aparecieron estos movimientos fue en países árabes. Eran movimientos antidictatoriales que aparecieron como consecuencia de la aplicación por parte de sus gobiernos de medidas neoliberales (promovidas por los gobiernos estadounidenses y europeos) que habían determinado una enorme concentración de poder económico y financiero que había coaptado al poder político. Resultado de ello era una percepción generalizada entre las clases populares de que sus estados eran insensibles a sus necesidades, incluso las más básicas y elementales como la mera subsistencia.
En principio, tales movimientos prodemocráticos contaron con notable simpatía en los centros mediáticos de los países autodefinidos como democráticos. Pronto se dieron cuenta, sin embargo, de que no era una demanda limitada al mundo árabe. Era una demanda que estaba también apareciendo en su mundo, y que señalaba la contradicción clara entre la narrativa oficial, supuestamente democrática, de sus establishments políticos, por un lado, y la experiencia real en la que las mayores decisiones que se estaban tomando por parte de sus instituciones llamadas representativas (y que afectaban y continúan afectando negativamente el bienestar de la mayoría de las poblaciones) se hacían sin la participación o mandato de la ciudadanía. Tales movimientos prodemocracia denunciaron la obvia falsedad del discurso oficial supuestamente “democrático”. El caso más reciente son las medidas de austeridad, altamente impopulares, que se están imponiendo a la población de estos países por parte de gobiernos, sin que la ciudadanía haya tenido la oportunidad de decidir sobre tales medidas.
No es casualidad que las primeras movilizaciones prodemocracia en los países supuestamente democráticos surgieran en España, el país de la UE-15 donde el sistema democrático es más limitado (resultado de una Transición de una dictadura a una democracia que, consecuencia del domino de las fuerzas conservadoras en el aparato del Estado en tal proceso, dio pie a una democracia muy limitada e insuficiente) y donde las consecuencias de las políticas de austeridad han sido más dramáticas. En España, el 42% de la juventud está sin trabajo. Tal movimiento, conocido como el movimiento de los indignados, o 15-M, ha inspirado muchos otros. Todos ellos tienen en común el objetivo de eliminar la enorme influencia que el poder financiero y económico tiene en sus sociedades, incluyendo sus instituciones representativas.
El último caso es el movimiento “Nosotros somos el 99% de la población” de EEUU, que denuncia que las instituciones políticas estadounidenses, así como la vida financiera y económica del país, están controladas sólo por un 1% de la población. Como señaló recientemente Joseph Stiglitz, “lo que vemos en EEUU es el gobierno del 1% de la población, para el 1% de la población y por el 1% de la población”. El poder de este 1% (el poder financiero, económico y político en EEUU) es enorme. Este 1% tiene el 40% de toda la riqueza del país. Este 1% ha adquirido un enorme poder político durante la época neoliberal. Mientas que en los años sesenta pagaban el 51% de sus rentas en impuestos, ahora pagan sólo un 17%. Como consecuencia, tales ingresos, que representaban el 33% de los ingresos al Estado en aquella época, ahora representan sólo un 7%. Grandes corporaciones como Exxon Mobil, que en 2009 consiguieron 45.200 millones de euros en beneficios, no pagaron ni un centavo al Estado.
Mientras tanto, el 22% de los niños en EEUU vive en situación de pobreza, el número de personas que desearía trabajar y no encuentra trabajo representa, según su Ministerio Federal de Trabajo, el 17% de la población adulta, y 48 millones de ciudadanos no tienen cobertura sanitaria. Las políticas seguidas por el Congreso de EEUU, cuyas figuras claves están financiadas en gran parte por este 1% de la población, está siguiendo políticas fiscales que acentúan todavía más la enorme concentración de poder económico y político. De ahí que el 82% de la población no considere que el Congreso de EEUU representa sus intereses.
Estas son las consecuencias políticas del neoliberalismo. Pero es parte de la condición humana la capacidad de rebelión. Y esto es lo está ocurriendo en gran número de países. Tales movimientos están siendo tratados con gran hostilidad por parte de los establishments mediáticos próximos al capital financiero. Así, el corresponsal en EEUU de uno de los rotativos de mayor difusión de España (que se autodefine de centro liberal) definió al movimiento de los indignados estadounidenses como un movimiento que refleja “las viejas aspiraciones hippies de solidaridad” (asumiendo que la solidaridad fuese un objetivo sólo de los hippies), ignorando, por cierto, al movimiento obrero, cuyos sindicatos son definidos por aquel corresponsal “como las instituciones más corruptas de EEUU”.
Tal movimiento se ha extendido a gran número de ciudades en EEUU (Philadelphia, Boston, Baltimore, Washington, Chicago, Los Angeles, Detroit, y muchas otras) e incluye a todos los grupos etarios, a muchos grupos y clases sociales, y han sido apoyados por los sindicatos estadounidenses, cuyo nivel de corrupción es mucho menor que el existente en las instituciones empresariales, políticas y mediáticas de aquel país. En realidad, estos movimientos de indignados son continuadores de aquellos otros que les precedieron en su lucha por un mundo mejor.

miércoles, 12 de octubre de 2011

EN CARACAS (ISMAEL SERRANO)

Es la voz del contestador
la de un juez que dicta sentencia.
Como la de los megáfonos
de los aeropuertos arrancándome
de tu abrazo de luz de zafiro.

No sé de ti y aquí en Caracas
todos los arroyos que surcan el asfalto
desembocan en tus manos.
Mis pies dibujan coronas de agua
y los autos parecen bestias enfurecidas
que embisten la niebla
que baja de los cerros.

Me levanto tarde y con ganas
de levantarte en brazos,
y soy la espuma de la primera ola
 arañando tu mañana,
la corteza del árbol primigenio
donde todos los amantes
tallaron sus nombres.

Te echo de menos
y busco tu rostro en el de todos los peatones
que sortean los charcos
y nadan entre anémonas de humo.

En los embotellamientos
la gente vigila al coche de al lado
y sueña con una mirada a través del cristal
que le arranque del tedio,
que le proponga una huida definitiva,
que le muerda los hombros,
el cuello y la vida,
hasta desangrar los cuerpos
que conducen cansados
y apagan las radios
para no sentir la espina
de esa canción que no habla de ellos.

La gente, ya te lo dije,
nada sabe del amor
si no se reconoce en nuestros pasos.
En cada esquina
encuentro tu acertijo
mientras llueve en Caracas
y el mundo grita la pregunta
que nos tiene por respuesta.
Es sólo que te echo de menos.
Ismael Serrano

viernes, 7 de octubre de 2011

Política fiscal y conflicto de clases: la Gran Recesión en EEUU (y en España) y cómo salir de ella - VICENÇ NAVARRO -

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 7 de octubre de 2011
Este artículo analiza la evolución de las políticas fiscales en Estados Unidos y en España así como de la concentración de las rentas de capital que tales políticas fiscales han determinado. El artículo señala que a no ser que se revierta este proceso a base de políticas fiscales progresistas y amplia expansión del gasto público la Recesión se puede convertir en Gran Depresión.

Cuando el Presidente Obama propuso incrementar los impuestos de aquellos ciudadanos cuya renta deriva primordialmente de los beneficios del capital –es decir, de los ricos y súper ricos- los republicanos pusieron el grito en el cielo indicando que el Presidente Obama estaba practicando la lucha de clases, penalizando a los sectores de la población que estaban creando riqueza y empleo, y lo estaban haciendo –según ellos- a fin de contentar a la mayoría de la población (cuyas rentas derivan de su trabajo), envidiosa y resentida de lo que consideraban –según los republicanos- errónea e injustamente como una clase privilegiada. El Partido Republicano no quiere que se aumenten los impuestos de los súper ricos y ricos, pues –según tal partido- éstos son los que invierten y crean riqueza.
Algo semejante ocurre en España. Tradicionalmente, los partidos conservadores y neoliberales (que en Europa se definen como liberales), han sido los protectores de las rentas superiores utilizando el mismo argumento. La narrativa del conocimiento económico neoliberal (próximo a los intereses de tales grupos sociales) afirma que la gravación de los ricos es contraproducente pues ahuyenta al capital necesario para invertir (según la Agencia Tributaria española, el 72% de las rentas más altas -600.000 euros y más- deriva de la propiedad de capital). Esta postura está ampliamente generalizada en la Unión Europea, de manera que en los últimos años, incluso los partidos socialdemócratas gobernantes han reducido significativamente los impuestos de los ricos y súper ricos a fin de conseguir mayor inversión y mayor producción de empleo.
Frente a esta postura, que ha alcanzado el nivel de dogma en el pensamiento económico dominante y en la cultura política y mediática hegemónica a los dos lados del Atlántico, hay que mostrar varios hechos, todos ellos conducentes a la conclusión de que tal dogma es erróneo. Está sostenido por un elemento irracional -la fe neoliberal- y no por la evidencia. Veamos los datos.

¿CÓMO SE GENERÓ LA GRAN DEPRESIÓN Y LA GRAN RECESIÓN?

Cuando en los años veinte del siglo pasado se alcanzó en EEUU una enorme concentración de las rentas con un aumento exponencial de las rentas del capital a costa de una dramática reducción de las rentas del trabajo, estalló en aquel país la Gran Depresión, causada precisamente por tal polarización de las rentas. El 70% del crecimiento de PIB, entre 1923y 1929, fue al 1% de la población más rica de EEUU, y sólo el 19% fue al 90% de la población. Era la “época dorada” de los súper ricos (James Crotty, The Great Austerity War. Political Economy Research Institute, 2011). Esta enorme mala distribución de la creación de riqueza significó el descenso muy marcado de las rentas del trabajo (que quiere decir básicamente descenso de los salarios), lo cual significó un enorme descenso de la demanda de bienes y servicios que creó una caída en picado del crecimiento económico y un aumento del desempleo. Por otra parte, la desregulación de la banca (que es la medida que los súper ricos y ricos siempre desean, pues depositan su dinero en sus bancos y la desregulación les permite hacer lo que quieran) había permitido a los ricos y súper ricos invertir en actividades especulativas en lugar de las áreas de la economía productiva (donde se crean los bienes y servicios).
Un fenómeno semejante ha ocurrido a los dos lados del Atlántico desde los años ochenta cuando se comenzaron a aplicar las políticas neoliberales con el Presidente Ronald Reagan en Estados Unidos y la Sra. Margaret Thatcher en Gran Bretaña. Tales políticas incluyeron bajada de salarios, disminución de la protección social y del gasto público social, y desregulación de la banca (que facilitó las actividades especulativas del capital financiero). Consecuencia de ello, las desigualdades de renta alcanzaron en 2007 los niveles existentes a principios del siglo XX, causando la Gran Recesión, la cual, resultado de la aplicación de “soluciones” neoliberales de mayor austeridad, que están acentuando todavía más la disminución de la demanda doméstica, va en camino de traducirse en la II Gran Depresión. El fracaso de tales medidas es previsible. En ambos casos, entonces –principios del siglo XX- y ahora –principios del siglo XXI- la enorme concentración de las rentas y mimo (expresión utilizada por el Sr. Warren Buffet, uno de los ricos más súper ricos del mundo, en su artículo en el The New York Times titulado “Dejen de mimar a los ricos”, 15.08.11, para definir el trato fiscal discriminatorio de los Estados a favor de las rentas del capital) originó la Gran Recesión y, con ella, una enorme destrucción de puestos de trabajo.

¿CÓMO SE SALIÓ DE LA GRAN DEPRESIÓN?

En EEUU el Presidente Roosevelt (que todavía hoy es el Presidente más popular que EEUU haya tenido) salió de la Gran Depresión a base de aumentar los impuestos de los ricos y súper ricos, gravándolos hasta el 91% de su renta (sí, ha leído bien, el 91% de su renta). Con estos fondos creó empleo (11 millones de puestos de trabajo) mejorando la muy deteriorada infraestructura física y social del país. El desempleo bajó de un 23% en 1993 a un 9% en 1937. Estableció la Seguridad Social y ayudó a que se expandieran los sindicatos a fin de estimular el crecimiento de los salarios. La polarización de las rentas disminuyó espectacularmente, aumentando las rentas del trabajo. Todo ello impulsó un enorme crecimiento de la demanda y de la actividad económica, con gran crecimiento de puestos de trabajo.
Por otra parte, el gobierno federal frenó la especulación de la banca, separando los bancos comerciales de los bancos de inversión, protegiendo los depósitos en los primeros. Se establecieron también bancas públicas que garantizaron el crédito. Y al Banco Central Estadounidense (Federal Reserve Board) se le asignó el objetivo de, además de contener la inflación, estimular la economía para conseguir el pleno empleo. Estas medidas, junto con los preparativos para la II Guerra Mundial y consiguiente incremento de la inversión pública, eliminó la Gran Depresión. Un indicador de que esta activa intervención del estado federal fue la responsable de la recuperación económica es que, cuando en el año 1937 el Presidente Roosevelt, aconsejado erróneamente por algunos de sus asesores económicos, (que creyeron que la Depresión se había ya resuelto) disminuyó el gasto público, el desempleo inmediatamente creció de nuevo.
La gran expansión del gasto público, entre otras medidas, fue una causa determinante de la salida de la Gran Depresión. Un tanto semejante ocurrió después de la II Guerra Mundial en Europa. Este continente se recuperó mediante una enorme expansión del gasto público, estimulada en la Europa Occidental por el Plan Marshall, hecho que, por lo visto, se ha olvidado en los establishments europeos

LA RESPUESTA DEL CAPITAL A LOS AVANCES DEL MUNDO DEL TRABAJO

El New Deal, que era el nombre de las políticas llevadas a cabo por el gobierno Roosevelt, marcó las bases para que se creara lo que se ha llamado la “época dorada” del capitalismo, un capitalismo con una intervención pública activa que redistribuía los recursos producidos por el crecimiento económico, manteniendo un elevado nivel de demanda, basado en unas políticas de pleno empleo, con salarios altos y elevado gasto público. El gasto público federal pasó de ser equivalente al 3% del PIB en 1929 al 16% en 1950. Fue en esta época cuando el porcentaje de la población trabajadora que estaba sindicalizada alcanzó mayores niveles.
Los ricos y súper ricos no aceptaron aquella situación, y a través de su creciente influencia en los Estados de los dos lados del Atlántico, intentaron recuperar su gran poder y lo hicieron a costa de la mayoría de la población, que obtiene sus rentas a costa del trabajo. Así, en EEUU, el impuesto de los ricos y súper ricos bajó del 91% al 70% en los años setenta, y al 35% actual (en realidad, esta es la cifra nominal. La real es incluso más baja, 17%). En consecuencia, la procedencia de los ingresos al Estado cambió dramáticamente. Durante la época del New Deal, cuando el Presidente Roosevelt gobernaba EEUU, por cada dólar que el gobierno federal ingresaba procedente del trabajo, había 1,50 dólares procedentes de las rentas del capital. Hoy, por cada dólar que aporta un trabajador, el capital aporta sólo 25 centavos. Y ello se ha conseguido a base de una lucha frontal (Noam Chomsky la llama guerra en su introducción al libro Hay alternativas, de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón) en contra de la clase trabajadora (a través de políticas públicas encaminadas a reducir los salarios y el gasto público social) que está alcanzando su máxima expresión estos días. Y cuando, resultado de las protestas populares (que son más frecuentes e intensas de lo que publica en los medios) los estados desarrollan tímidas propuestas de recuperar los impuestos a los ricos y súper ricos, éstos y sus portavoces neoliberales inmediatamente echan el grito al cielo (como ocurre en EEUU y en España) protestando que “los gobernantes están estimulando la lucha de clases”. Portavoces tanto del Partido Republicano en EEUU como del Partido Popular en España han utilizado tales expresiones últimamente.
Una última observación. Las prácticas neoliberales que han mimado a los ricos y súper ricos, se han justificado con el argumento de que los ricos y súper ricos son los que crean riqueza y puestos de trabajo al invertir y estimular el crecimiento económico. Tales argumento ignoran hechos elementales como que la creación de puestos de trabajo fue mucho mayor en la época 1950-1975, cuando la carga impositiva de las rentas superiores era 91%, que ahora es sólo el 17%
Y ello es fácil de entender. Si el Estado crea empleo a través de sus fondos, la creación de empleo va a ser mayor que si los ricos y súper ricos acumulan más y más dinero, que dedican más a la especulación que a la inversión productiva. Hoy los ricos y súper ricos (en los dos lados del Atlántico) han acumulado enormes sumas de dinero, y en cambio se está destruyendo empleo. En realidad, lo primero es la causa de lo segundo. Este capital no se ha estado utilizando con fines productivos (creando empleo), sino especulativos (destruyéndolo). Y ahí está el problema. La concentración de las rentas en grupos sociales muy minoritarios, facilita el endeudamiento de la gran mayoría de la población por un lado y la actividad especulativa a los súper ricos por el otro. De ahí que tales políticas sean el sueño de la banca, cuya excesiva influencia sobre los Estados está llevando a los países de los dos lados del Atlántico a la Gran Depresión.

jueves, 6 de octubre de 2011

El Vaticano, la pobreza y Haití (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 6 de octubre de 2011
Este artículo analiza críticamente la política del Vaticano en Haití que ha dificultado las reformas necesarias para resolver la pobreza en aquel país. 

A la vez que Benedicto XVI alentaba en Madrid a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud a que se dedicaran a servir a los pobres, siguiendo supuestamente las enseñanzas de la Iglesia católica, se publicó en una revista de Haití (el país con un porcentaje mayor de su población viviendo en situación de pobreza), llamada Haïti Liberté, unos datos hasta entonces confidenciales, dados a conocer por Wikileaks, sobre la activa intervención del Vaticano en aquel país para impedir el desarrollo de políticas encaminadas a erradicar la pobreza, lideradas por el expresidente Jean-Bertrand Aristide, que deseaba volver desde su exilio para continuar desarrollándolas.
En realidad, lo ocurrido en Haití es muy representativo de lo que ha ocurrido en países mal llamados “pobres”. Haití no es un país pobre. En realidad, es rico, siendo su tierra enormemente fértil. Durante muchos años fue uno de los mayores productores del mundo de café y azúcar. A pesar de ello, la gran mayoría de la población es muy pobre. Y la causa de ello es la enorme concentración de las tierras y del crédito en manos de una oligarquía que ha regido el país desde hace muchos años.
Conjuntamente con las familias que constituían la oligarquía, ha existido un entramado internacional –dirigido por EEUU, Francia y también por el Vaticano– que ha mantenido a aquel país en la pobreza. Una de ellas fue la familia Duvalier, a la que la Madre Teresa –que será beatificada pronto– definió, por cierto, como “el gran amigo de los pobres” (por haber donado dinero a un programa caritativo dirigido por tal figura católica en Haití). Tal familia, enormemente corrupta y cruel, asesinó a más de 60.000 opositores. Una rebelión popular forzó su caída y huida del país. Así fue como surgió el Gobierno Aristide, que inició las únicas reformas progresistas que aquel país ha conocido, que incluyeron una reforma agraria, la reforestación de las tierras, la sindicalización del sector textil y el aumento de los salarios. Tales reformas afectaron inevitablemente los intereses de tal oligarquía (incluyendo los de la Iglesia católica, que había sido uno de sus pilares ideológicos), lo que creó grandes resistencias, que culminaron con un golpe militar, apoyado, de nuevo, por EEUU y Francia, y también por el Vaticano. Más de 3.000 personas murieron en aquel golpe, muchos de ellos militantes del partido político del presidente Aristide. Se inició también entonces una campaña internacional mediática para desprestigiar a Aristide, acusándole de traficar con drogas (sin que nunca se aportaran datos que apoyaran tales acusaciones).
Las fuerzas militares de EEUU desplazaron físicamente al presidente Aristide a Sudáfrica, donde permaneció exiliado, y desde donde intentó en múltiples ocasiones poder volver a su país, lo cual no fue posible debido a la oposición activa del Gobierno estadounidense, del Gobierno francés y también del Vaticano. El diario Haïti Liberté ha publicado las comunicaciones, hasta ahora secretas, entre oficiales de la diplomacia estadounidense, francesa y del Vaticano que muestran la campaña internacional orquestada por tales estados a fin de desacreditar a Aristide e impedir su vuelta a Haití. El intento queda claramente indicado en una escucha secreta a la embajadora de EEUU en Haití, Janet Sanderson, en la que explícitamente indica que: “Es importante impedir el resurgimiento populista y antieconomía de mercado que se originaría con la vuelta de Aristide”.
Desafortunadamente, las tropas de Naciones Unidas están contribuyendo a esta labor. Escuchas hechas públicas ahora muestran también cómo el oficial guatemalteco, representante de las Naciones Unidas en Haití, trabajó estrechamente con el Gobierno de EEUU con el objetivo de evitar la vuelta de Aristide e imposibilitar el resurgir del movimiento Lavalle pro Aristide, que continuó prohibido en Haití, no permitiéndosele que participara en las elecciones fraudulentas que se han estado realizando en aquel país. El anterior secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, presionó al Gobierno de Thabo Mbeki de Suráfrica para que retuviera a Aristide y no le permitiera volver a Haití, ya que supuestamente originaría lo que el Vaticano, en otra escucha, definió como una “catástrofe”. El subsecretario de la diplomacia vaticana, monseñor Ettore Balestrero, en una comunicación con el arzobispo de Haití, Bernardito Auza, subrayó lo catastrófico que sería para Haití la vuelta de Aristide. Bernardito Auza insistió en la necesidad de que el Vaticano se pusiera en contacto con las autoridades eclesiásticas católicas en Sudáfrica para que presionaran a fin de que Aristide no volviera a Haití. El Vaticano actuó con plena coordinación con el Departamento de Estado de EEUU.
El problema de esta movilización internacional es que la población de Haití tiene memoria. Según los datos del propio embajador de EEUU, Aristide continuaba siendo (en 2005) “la única figura en Haití que tenía un apoyo favorable por encima del 50% de la población”. De ahí la constante oposición a que Duvalier volviera a Haití.
Mientras, las medidas a favor de expandir la “economía de mercado”, que tales autoridades han favorecido para Haití, con la eliminación de medidas proteccionistas, han significado la invasión en el mercado de productos alimenticios procedentes de EEUU, destruyendo la economía nativa de Haití. Políticamente, las últimas elecciones fraudulentas (en las que participó sólo el 24% del electorado) mostraron que el sistema político carecía de legitimidad. El permiso del Gobierno de Haití al dictador Duvalier de volver a Haití creó una movilización nacional e internacional de oposición tal que el Gobierno la intentó paliar permitiendo la vuelta de Aristide, aunque el establishment de Haití (incluyendo la Iglesia católica) obstaculiza el desarrollo auténticamente democrático que permitiría a Aristide y a su partido volver al poder.

Si no se cambia, hay que salir del euro (JUAN TORRES LÓPEZ)

1. Europa en el abismo.

Las autoridades europeas, la Comisión y el Banco Central Europeo, están llevando a Europa al borde del abismo. Se habla todos los días de la situación extrema de Grecia, pero no es solo ese país el que está siendo literalmente saqueado y arruinado por las desastrosas medidas que se están aplicando para salvar los intereses de los grandes grupos financieros y empresariales europeos. Son muchos más.
Las políticas “de austeridad” son meros recortes en el gasto social y en los salarios directos e indirectos y diferidos (sanidad, educación, pensiones…) orientados a limitar el disfrute de derechos sociales conquistados hace décadas con gran esfuerzo por las clases trabajadoras en beneficio de los grandes capitales. Y día a día estamos viendo que de esa manera no solo no se sale de la crisis sino que, por el contrario, están provocando una nueva recesión que incluso denuncian organismos internacionales neoliberales como el FMI o Estados Unidos porque no les conviene que Europa llegue a una situación de impago generalizado como la que se nos viene encima.
Las autoridades europeas están siendo incapaces de asegurar la financiación a las empresas a pesar de haberles dado cientos de miles de millones a los bancos, de modo que miles de ellas siguen cerrando y generando más desempleo y una situación de deterioro productivo que pronto puede llegar a ser irreversible.
Sin reformas que garanticen una nueva forma de actuar del sistema financiero y sin impulso público que sostenga a la actividad empresarial y al consumo hasta que se recuperen por sí solos, las autoridades europeas están generando un problema fatal de demanda.
Y cayendo día a día la actividad y por tanto los ingresos, la deuda sigue aumentando sin cesar mientras que la complicidad del Banco Central Europeo con los bancos privados deja a los gobiernos en manos de “los mercados”, encareciendo la ya de por sí dificultosa y escasa financiación y provocando una gigantesca amenaza que ya es prácticamente una realidad: Europa no puede pagar la deuda que acumulan sus gobiernos y empresas y familias. Es materialmente imposible que puede hacerse y mucho menos con la pérdida de ingresos que se produce en los países más endeudados como consecuencia de las políticas que se están imponiendo.
Y para colmo, no solo no se resuelven los gravísimos problemas económicos que se extienden como una mancha de aceite por toda Europa, sino que las instituciones resultan impotentes, incapaces de coordinarse con efectividad, de transmitir liderazgo y confianza a ciudadanos y empresarios y de tomar decisiones con rapidez y eficacia. La inicial crisis financiera se ha convertido finalmente en una auténtica crisis política que paraliza a Europa que pone en peligro su estabilidad social y que puede llevarnos a un conflicto de grandes proporciones.

2. No hay solución en el marco político en el que quieren moverse  los dirigentes europeos.

El empecinamiento en mantener las políticas de recorte de gasto social y los privilegios a la banca impide que los problemas económicos de las economías europeas se puedan resolver, ni siquiera con los sacrificios cada vez mayores que se les están imponiendo a la población.
Que nadie se engañe. Es materialmente imposible salir del agujero en el que nos encontramos con las políticas que se están aplicando. Estrujar hasta la extenuación a los países y a los pueblos, como en Grecia, Irlanda, Portugal, Rumanía u otros muchos de la Unión solo están produciendo una destrucción fatal y quizá permanente de sus aparatos productivos y una quiebra social sin precedentes en nuestro continente. Abortando sus mecanismos de generación de ingresos es una estupidez pensar que los países endeudados puedan pagar la deuda y salir adelante.
Hablemos claro. No se trata solo de errores doctrinales. La insistencia de los grandes grupos financieros en imponer a Grecia y otros países medidas cada día más restrictivas y antisociales son ya conductas sencillamente criminales que hay que repudiar por inútiles y por salvajes. No hay derecho al ensañamiento vil de los poderes financieros. No tienen derecho a destrozar las economías y a arruinar a los pueblos de la manera en que lo están haciendo y las autoridades Europas deben dejar ya de actuar como sus siervos para imponerlas sin piedad.
Estas medidas no pueden resolver los problemas que hay sobre la mesa sencillamente porque estos derivan de fallos estructurales en la construcción de la unión monetaria, o mejor dicho de fallos “estratégicamente” estructurales porque responden a un diseño deseadamente imperfecto desde el punto del equilibrio y la justicia global pero que garantizan unas condiciones inmejorables para el capital europeo. Me refiero, por ejemplo, a la falta de mecanismos de coordinación de las políticas económicas, a la ausencia de una hacienda europea y de un presupuesto suficiente, a la renuncia de disponer de un auténtico banco central que financie a los estados cuando estos lo necesiten para no hacerlos esclavos de la banca privada, a la falta de supervisión financiera centralizada que hubiera impedido los desmanes de las entidades financieras, o de instituciones que garanticen la gobernanza democrática y el control efectivo de los poderes informales que se superponen sobre las instituciones representativas. Y eso por no hablar de la falta de pluralismo y del fundamentalismo que guía las políticas que se vienen llevando a cabo a pesar de que la realidad muestra día a día que no son las adecuadas para mejorar el rendimiento económico y mucho menos para aumentar la equidad y los equilibrios territoriales y personales en los distintos países y en el conjunto de la Unión.

3. El mal diseño del euro produce más inconvenientes que ventajas.

Los daños que está produciendo en los últimos años el defectuoso diseño de la unión monetaria, o mejor dicho, su diseño orientado simplemente a proporcionar un área de óptima rentabilización a los capitales, están empezando a ser ya insoportables.
Es verdad que la pertenencia al euro ha conllevado muchos beneficios. Ha proporcionado sinergias, ahorro de muchos costes, intercambios muy fructíferos, empuje acelerado y modernidad a estados más atrasados, referencias inexcusables para mejorar estándares de vida, de emprendimiento e innovación, e ingresos para poder abordar en muy poco tiempo transformaciones que hubiera costado decenios llevar a cabo sin el euro. Y es cierto también que ha proporcionado un encuadre más seguro a las economías más atrasadas que se han podido aprovechar de la seguridad que da “viajar” de la mano de economías tan potentes como la alemana o incluso la francesa en el seno de una zona que estaba llamada a ser uno de los grandes ejes del desarrollo y la prosperidad mundial.
Pero la realidad es que esas ventajas palidecen si se tienen en cuenta otros problemas derivados, como acabo de señalar, de haber puesto la unión monetaria al servicio de los grandes capitales y de su renuncia a avanzar hacia la conformación de un espacio auténticamente integrado y equilibrado.
Los países de la periferia hemos perdido nuestros mejores activos y el control de nuestras principales empresas y redes, que hemos tenido que vender a los capitales europeos más potentes, y así, nuestras economías son ahora mucho menos competitivas y está mucho más concentradas en torno a  grupos de poder y decisión cuyos intereses nada tienen que ver con el desarrollo de nuestras capacidades productivas o con el aumento de nuestros ingresos.
Nuestras grandes empresas se han beneficiado de formar parte del espacio común que les ha dado alas para saltar al global pero eso ha supuesto pérdida de empleos, extraversión de ingresos y renuncia a nuestra capacidad de decisión sobre intereses nacionales estratégicos.
Hemos recibido muchos ingresos de Europa pero no han servido para reducir significativamente nuestros deficits sociales ni para reducir nuestras desigualdades. Todo lo contrario. Hemos perdido capacidad de maniobra y ahora hemos de nadar con las manos y pies atados justamente cuando las aguas se ponen más bravas y difíciles.
Es verdad que todo ello ha sido también por culpa nuestra. No podemos responsabilizar de todo a Europa. Pero no lo es menos que en el marco en el que actualmente se mueven las políticas europeas resulta muy difícil hacer otra cosa. El discurso oficial precisamente se basa en difundir la idea de que “lo impone Europa” y que es “imposible” llevar a cabo otras políticas que nos sean las que dictan sus autoridades.
Por eso hay que acabar con aseveraciones que solo son verdades a medias. Se podría haber avanzado por otros caminos sin necesidad de haber roto con Europa: incrementando la justicia fiscal, modificando nuestras prioridades y especialidades productivas, aumentando la inversión en  el gasto público y social necesario para impulsar la actividad productiva y la vida empresarial creadora de empleo y, sobre todo, se podría haber actuado con mayor independencia respecto a los centros de poder de Europa levantando nuestra voz en lugar de limitarnos a ser siervos obedientes de los grupos de poder económico y financiero que dominan las instituciones europeos.
Dicho de otro modo: los dos partidos que se han alternado en el gobierno en estos últimos años podrían haber sido más fieles a los intereses nacionales y haberlos defendido en Europa en lugar de ceder España al capital extranjero, como han hecho de la manera más explícita mediante privatizaciones y aplicación de normas en su beneficio. Y el resto de las fuerzas sociales deberíamos haber estado más acertados a la hora de impulsar la lucha contra todas las injusticias y daños que ha provocado nuestra inadecuada entrada en el euro y los efectos que hemos venido padeciendo por culpa de ello.

4, Ha llegado el momento de hacerse oír.

La situación europea que está creando la crisis política que se añade a la financiera y económica es de emergencia.
A punto de entrar en otra recesión, con una deuda gigantesca que es imposible pagar, como he señalado, y sin capacidad efectiva de decisión política por parte de las autoridades europeas (como demuestran las idas y venidas, las contradicciones y retrasos continuos en la toma de decisiones y en su aplicación) solo queda como alternativa a corto plazo para evitar el derrumbe definitivo de Europa tomar medidas urgentes como las siguientes:
  1. Que el Banco Central Europeo se haga cargo de la financiación de la deuda de los estados. Que se organice una quita o reestructuración generalizada de toda ella y que se planee un plan de pagos a medio y largo plazo que no lleve consigo la ruina de Europa sino que garantice la generación de ingresos en todos los países. Dicho con palabras que todo el mundo entiende: tal y como salvaron antes a los bancos, tienen que salvar ahora a los pueblos, a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos que crean empleo y a las economías en general.
  2. Debe crearse una institución pública financiera en Europa que inmediatamente garantice recursos a empresas y consumidores.
  3. Ha de ponerse en marcha un plan urgente de reactivación de la actividad basado en el impulso de nuevas líneas productivas. Una especie de “Plan Marshall” europeo que posiblemente debería contar con el apoyo internacional en el marco de acuerdos globales sobre nuevos estilos de gobernanza, política y justicia global.
  4. Igualmente, es imperioso llevar a cabo un plan urgente de fortalecimiento democrático de las instituciones europeas y de coordinación de las políticas que permitan aplicar todo lo anterior, sobre todo, limitando el poder financiero y la influencia decisiva que viene  teniendo las operaciones especulativas.
Soy consciente de la dificultad de poner en marcha planes como estos. Mejor dicho, estoy completamente seguro de que no se van a llevar a cabo mientras predominen los intereses que hoy día gobiernan Europa y mientras que los poderes que la dominan no tengan enfrente, en la calle y en las instituciones, contrapesos contundentes y de suficiente envergadura.
Por eso creo que a estas alturas ya no basta con reclamar estas medidas y ni siquiera con esperar o confiar en que la sensatez o el duro enfrentamiento con la realidad obligue a modifique su actuación a las autoridades europeas. No creo mucho en los milagros.
Hay que forzar la situación y al mismo tiempo hay que evitar que el tsunami que están provocando las desastrosas políticas de los poderes europeos nos arrastren. Por eso creo que la mejor alternativa para la economía española es salir del euro. Se que se trata de una posibilidad ni siquiera contemplada en los tratados pero que, en ese caso, se puede adoptar sencillamente como una alternativa de facto. No es ninguna opción irreal ni nos llevaría al desastre. De hecho, si no cambia la orientación de las políticas actuales (y no cambiarán sin medidas de presión como la amenaza de que países como España digan ¡Basta ya!) terminaremos todos fuera del euro. Pero saliendo deprisa y corriendo, con el rabo entre las piernas y huyendo de la quema.

miércoles, 5 de octubre de 2011

ESPERÁNDOTE (ISMAEL SERRANO)

Este silencio de cocina vacía,
este alfiler clavándose en el párpado
esta ausencia tuya grazna
encaramada al perchero sin abrigos.
Te echo de menos, ya ves,
y el autobús en que viajas
es la góndola en la que Venecia
se llena de brindis y guirnaldas,
el balcón repleto de oscuras golondrinas,
la fiesta que uno admira mientras llueve
al otro lado del cristal de la ventana.

Tú, tan Ulises de regreso,
yo, sin triste sudario que tejer,
y este octubre terco
que clava las agujas del sol sobre mi espalda,
que deja a los maestros sin escuelas,
que escupe a los otoños las mil hojas
que arropan a los muertos de las horas
más sombrías de Madrid
donde gritan las radiales y las olas.

Te has ido un instante,
sólo una tarde de recados y tareas
y yo me tumbo en el suelo
y ensayo el desmayo que es tu ausencia
y siento el frío de la tierra
como un abrazo de sala de embarque,
pasajeros al tren, despega el vuelo,
quizá no te dije que te quiero
tantas veces como pude,
y me levanto sintiendo que el cuerpo,
como el alma, es más viejo
y quizá por eso esta soledad
tan de número primo,
de neutrino incomprendido en su odisea,
de coche en segunda fila,
de carta extraviada en algún frente.

Te amo. Y vuelves.
Vibra el teléfono y descorcho una botella
y te sonrío, el autobús venía hasta arriba,
y salvas mi retrato del incendio
y todo empieza en ti. En tu regreso.
ISMAEL SERRANO

martes, 4 de octubre de 2011

El programa de creación de empleo del Presidente Obama y su relevancia para España (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 4 de octubre de 2011
El artículo detalla las propuestas realizadas por la Administración Obama para reducir el desempleo en Estados Unidos, intentando con ello centrar la atención política y mediática del país en la necesidad de reducir el desempleo en lugar de, como ocurre ahora, la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública. El artículo concluye con observaciones de la relevancia del programa Obama para España.

El Presidente Obama presentó hace unos días su programa de creación de empleo al Congreso de EEUU, proponiendo un gasto de las arcas públicas de 450.000 millones de dólares (unos 337.000 millones de euros). Con ello subrayaba la necesidad de cambiar la atención política y mediática del país, y en lugar de centrarse en la reducción del déficit y de la deuda pública como tema principal de discusión pública (como ha sido hasta ahora), quiso que el tema principal pasara a ser el desempleo, el mayor problema pendiente en el país. El objetivo de estos 450.000 millones de dólares es crear empleo.
Este cambio de énfasis era y es muy necesario, no sólo en EEUU, sino también en la Unión Europea, incluyendo España. El desempleo no es sólo un enorme problema humano y social, sino también económico. La economía estadounidense (y la española) no se recuperará hasta que se haya llenado el vacío económico creado por el colapso de la burbuja inmobiliaria. Este vacío conllevó un enorme crecimiento del desempleo, que causó un gran descenso de la demanda doméstica. De ahí la urgencia de estimular esta demanda, y la mejor manera de hacerlo es creando ocupación a través del incremento del gasto público y su inversión en actividades que creen puestos de trabajo. De ahí la necesidad de gastar mucho dinero público, con el objetivo de crear empleo. Los sindicatos, los movimientos sociales y las bases del Partido Demócrata han aplaudido este intento de cambiar el centro del debate, haciendo de la creación de empleo el tema central de las políticas federales. Con ello, el Presidente Obama ha intentado también movilizar a las bases de su partido, bastante decepcionadas con su administración por su excesiva moderación y su excesiva dependencia y proximidad al capital financiero (es decir, Wall Street).
En realidad, parte de la esperanza que la elección del Presidente Obama había creado partía de su orientación keynesiana. En su discurso inaugural había enfatizado que “el estado actual de la economía exige una intervención pública clara y ambiciosa no sólo para crear empleo sino también para establecer las bases de un nuevo tipo de crecimiento, basado en inversiones físicas y en inversiones sociales… que nos mantendrán unidos como país”. Y una de las medidas más urgentes que propuso fue el programa de estímulo económico, con el compromiso de gastar 814.000 millones de dólares (unos 610.000 millones de euros) en las mayores inversiones en infraestructuras y sociales que el país había visto desde la II Guerra Mundial. Ahora bien, por muy grande que parezca esta cantidad, el hecho es que era insuficiente, pues el agujero creado en el PIB por el estallido de la burbuja inmobiliaria era tres veces mayor. Es más, un defecto de tal estímulo fue que dos terceras partes de esta cantidad se utilizaron, no en la producción de empleo directamente por parte del Estado, sino en la rebaja de impuestos que indirectamente debían estimular la economía, lo cual se suponía que crearía empleo, medida en parte impuesta por los conservadores y neoliberales que dominaban el Partido Republicano y los demócratas del sur de EEUU, que representan el ala conservadora del Partido Demócrata. Las izquierdas protestaron que el Presidente Obama cediera tanto, en este punto clave, a las presiones de las derechas, incluidas en su propio partido. El Presidente Obama, dirigente máximo del Partido Demócrata no disciplinó a los demócratas rebeldes sureños cuando el Partido Demócrata controlaba el Senado y la Cámara Baja. El Presidente Obama se ha caracterizado por una actitud favorable al establecimiento de consensos, lo cual ha dado poder de veto a las fuerzas conservadoras, dándoles más poder del que actualmente tienen. La crítica que las izquierdas han hecho del Presidente Obama no es su pactismo, necesario en cualquier sistema parlamentario, sino su deseo de alcanzar consenso con todas las sensibilidades políticas, lo cual ha dado gran poder a sus adversarios. Esta situación ha desdibujado gran número de propuestas, como la del estímulo económico.

Puntos flacos de la propuesta

Una situación semejante ocurre ahora. Por muy elevada que parezca esta cantidad de 450.000 millones de dólares (unos 337.000 millones de euros), es muy insuficiente para resolver el enorme problema del paro. El agujero que tiene que llenarse es más del triple de esta cantidad. Esta cantidad será claramente insuficiente. Los premios Nobel de Economía, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, han subrayado este hecho. En realidad, los sindicatos (AFL-CIO) han calculado que se necesitan unos 2.500.000 millones de dólares (unos 1.870.000 millones de euros) para reparar la estructura física y social del país, y otros 2.000.000 millones (unos 1.500.000 millones de euros) para desarrollar la nueva estructura energética que requiere el país, creándose con estas inversiones 25 millones de nuevos puestos de trabajo, que es el número de puestos de trabajo que se necesitan para proveer empleo a todos los estadounidenses que lo desean. El Plan Obama creará sólo dos millones.
Pero el otro problema es que de los 450.000 millones de dólares, 300.000 millones son recortes de impuestos, que tendrán poco impacto en crear empleo. Es cierto que al tener los ciudadanos más dinero en sus bolsillos, gastan más. Pero las reducciones de impuestos benefician, sobre todo, a las rentas superiores, que consumen menos (y por lo tanto, tienen menor nivel de demanda) que las clases populares. De ahí que su impacto en estimular la demanda y en crear empleo sea relativamente menor. En un estudio presentado el 24 de julio del 2008 al Congreso de Estados Unidos (Comité de Pequeñas Empresas U.S. House Committee of Small Business) por el economista Mark Zandi (que fue asesor económico del candidato republicano John McCain), éste reconoció que la mejor manera de estimular la economía y crear empleo era a través de inversiones públicas en infraestructuras físicas y sociales del país, así como en transferencias públicas orientadas a las clases populares como seguros de desempleo y asistencia a las rentas inferiores (como en el programa Food Stamps, alimento para los pobres). La evidencia científica acumulada a favor de que la mejor manera de crear empleo es mediante las inversiones públicas es robusta y enorme (a pesar de las voces neoliberales que dominan los medios de difusión que machaconamente promueven la falsedad de que la mejor manera de crear empleo es bajando los impuestos).
Lo que sí es eficaz en el programa Obama, es la asignación de 140.000 millones (unos 105.000 millones de euros) en crear empleo directamente en inversiones físicas (tales como sistemas de transporte, carreteras, puertos y otros) y sociales (escuelas, servicios sanitarios, servicios sociales, entre otros). Además de estos 140.000 millones, el Presidente Obama asigna otros 35.000 millones (unos 26.000 millones de euros) a los diferentes Estados y municipios para que no tengan que despedir al personal que trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar. Estos 140.000 millones más los 35.000 millones, tendrán un impacto directo en disminuir el desempleo. Pero los otros 300.000 millones (en recortes fiscales), es probable que tengan un impacto menor, como ya ocurrió con los 400.000 millones de dólares que invirtió en diferentes recortes fiscales en el primer estímulo. Y tanto entonces como ahora, la causa de que un porcentaje tan elevado del estímulo económico sea la reducción de impuestos es la influencia del Partido Republicano (controlado ahora por el Tea Party) que se opone a las inversiones públicas y en cambio favorece –a pesar de su menor impacto- las reducciones de impuestos. Y ello debido a que tales reducciones de impuestos favorecen a las rentas superiores, cuyos intereses son privilegiados siempre por el Partido Republicano.

La relevancia del programa Obama para España

La experiencia de los programas de creación de empleo del Presidente Obama es relevante para España. A pesar de las diferencias existentes en la estructura económica de ambos países, el hecho es que los dos tienen causas comunes en su Gran Recesión, mucho mayor en España que en EEUU. Y estas causas comunes son el enorme vacío creado por la explosión de la burbuja inmobiliaria que no puede rellenarse con la iniciativa privada debido al enorme endeudamiento de la población, tanto de las empresas medianas y pequeñas, como de la ciudadanía. De ahí la enorme falta de demanda de productos y servicios y la consiguiente reducción de empleo.
La solución obvia a este problema es que el Estado, a través del gasto público, tiene que llenar este vacío creando empleo. Esto es lo que ha hecho la Administración Obama, y que ningún país, ni tampoco España, ha hecho. Es un indicador del enorme conservadurismo de los países de la Unión Europea y de sus establishments, que sus gobiernos continúen acentuando que el mayor problema de la Unión Europea sea su deuda  pública, y no su elevadísimo desempleo. Hoy la mentalidad del Partido Republicano –controlado por la ultraderecha estadounidense, el Tea Party- es la dominante en los establishments políticos de la U.E.
Por otra parte, la experiencia del programa Obama también muestra la mejor manera de crear empleo, que no es a través de rebajas de impuestos –que fue la medida escogida por el gobierno Zapatero, y ahora propuesta por el PP-, sino la inversión pública en infraestructuras físicas y sociales, siendo estas últimas muy poco desarrolladas en España. Nuestro país tiene el porcentaje de personas adultas trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar más bajo de la UE-15. Y los establishments políticos, financieros y económicos del país todavía no se han dado cuenta.

lunes, 3 de octubre de 2011

Savater, “todología” e indignación (VICENç NAVARRO)

El profesor Navarro aconseja la lectura de este artículo Savater, “todología” e indignación en que los autores Carles Muntaner y Joan Benach critican las declaraciones e insultos de Fernando Savater al movimiento 15-M.

El filósofo mediático Fernando Savater ha insultado recientemente a los indignados catalanes llamándoles “hatajo de mastuerzos”, o sea calificándolos de tontos, torpes y tarugos. Es difícil reconciliar este exabrupto con la evidencia de su compleja y democrática organización “asamblearia”, su estrategia y acción pacífica claramente mostrada en las masivas manifestaciones del pasado 19 de junio, el impulso hacia una mejora del sistema representativo, la crítica de los medios de comunicación actualmente existentes, la defensa del Estado Social, el efecto en las elecciones del 22-M y el boicoteo de varios desalojos, y el cambio de tono que preside las propuestas de algunos políticos por nombrar sólo algunas de las propuestas y logros conseguidos hasta el momento por los “indignados”. Más que tontos o torpes los indignados parecen ser capaces, estar coordinados y ser democráticos y efectivos. Al contrario del insulto de Savater, parecería más bien que el movimiento 15M de los “indignados” estuviese dando una clase de inteligencia, humildad y madurez al país entero.
El recurso a la descalificación mediante insultos y a la falta de argumentos rigurosos no es nada nuevo en los medios informativos del país, sino algo que desgraciadamente caracteriza a bastantes de los intelectuales y a la mayoría de tertulianos que copan permanentemente, y sin la adecuada justificación académica o conocimiento técnico, muchas de las páginas de los rotativos y las ondas de radio y televisión. La puya y el insulto disfrazado de erudición o de dominio de la lengua son algunas de sus armas preferidas.
No hay duda que en el estado español algunos filósofos, (muy pocos por cierto, ya que pocos tienen la cultura científica necesaria), pueden hablar con conocimiento de causa de muchos temas. Uno de ellos es el filósofo argentino-canadiense de habla castellana Mario Augusto Bunge, pero lamentablemente su caso no abunda. Buena parte de los que tenemos en España, pensando en el monopolio mediático de Savater y otros muchos tertulianos afines, no ejercen propiamente de filósofos ni de científicos por supuesto, realmente son “todólogos” si se nos permite el neologismo. A la mayoría de ellos se les podría definir generosamente como intelectuales de derechas que hablan de cualquier tema sin tener el adecuado conocimiento para hacerlo. Eso sí, sus poderosas redes personales o sociales les permiten escribir en rotativos y participar en programas de radio y televisión con enorme frecuencia. Calificar a muchos de ellos de “derechas” está justificado no sólo por el rechazo y desprecio que bastantes muestran ante un movimiento social como el de los “indignados” sino también ante otros movimientos sociales que luchan por la igualdad y un mundo más justo y democrático, como por ejemplo el movimiento para la recuperación de la memoria histórica.
Savater tiene publicados más de setecientos artículos en su gran mayoría fuera del ámbito profesional de filosofía, y sin revisión por pares ( peer review ), la forma habitual en el mundo académico que permite mejorar y refinar la calidad y rigor de las publicaciones. Son artículos que tratan de lo mundano y de lo divino, abarcando desde la educación a las drogas, pasando por la política, la religión, la ética, la psicología, la sociología, la biología, el humanismo, la literatura y un aparente sinfín de especialidades. De ellos, sin embargo, sólo unos trescientos han sido citados, con lo cual el impacto de este autor, a pesar de tener un acceso a los media casi sin restricciones, es mucho menor de lo que podría parecer. A pesar de ser tan prolijo, centenares de sus artículos no son citados por nadie. Ni que decir tiene que hoy en día es imposible ser un experto en tantos temas debido a la magnitud de la producción académica y a la especialización científica y de conocimiento que se requiere; incluso en el campo de la filosofía ello es literalmente imposible. Tal elocuencia y profusión está pues engañando doblemente al público. Primero, porque Savater, al igual que otros muchos “todólogos” no puede ser un experto o tener el conocimiento apropiado para escribir o hablar sobre muchos de los temas sobre los que escribe y, segundo, porque su impacto y reconocimiento como filósofo es mucho menor de lo que parece.
Ante todo ello, la pregunta que podríamos hacernos es doble: ¿Cuál es el tipo de poder y cultura intelectual y mediática actualmente existente que permite que esta impostura intelectual continúe? Y, segundo, ¿quién se beneficia de ello? Desde luego si en las páginas periodísticas y en las ondas del país hubiese voces más críticas y expertas, de izquierdas la población hubiera podido percibir con toda claridad que la crisis financiera y la llamada “austeridad” para los pobres (que no para los ricos) se iban a cebar en España, por tan sólo poner un ejemplo. Sin pretender decir que la información tiene una relación directa con la acción y el cambio político, debemos darnos cuenta que un público desinformado y habituado a que las verborreas retóricas y poco informadas pasen por conocimiento objetivo es más fácil de manipular y engañar. Los indignados del 15M llevan la razón y conocen bien el poder de manipulación generado por la mayor parte de los medios de comunicación. Una de sus pancartas de la manifestación del 19J así lo resumía irónicamente: “¿Qué enseñareis hoy por televisión?“ El resto de la población debería estar indignada, también, no sólo con Savater sino con el resto de lo que otros muchos “todólogos” representan.

viernes, 30 de septiembre de 2011

DESAHUCIOS (JUAN TORRES LÓPEZ)

La crisis se ha llevado por delante muchos principios morales y jurídicos y ha dejado en la cuneta el disfrute de derechos sociales y humanos fundamentales, pero si alguna de las injusticias que se vienen cometiendo destaca sobremanera me parece que es el trato que están recibiendo las personas y familias que pierden su vivienda por culpa de una crisis que no han provocado.
Los últimos datos permiten prever que a finales de año llegarán a ser unas 300.000, una cifra posiblemente menor a la real y que en cualquier caso no refleja el daño total que han provocado en el patrimonio familiar de las clases trabajadoras las condiciones leoninas que han acompañado a miles de contratos hipotecarios.
Muchas de esas familias no solo han perdido la vivienda sino que además siguen pagando la diferencia entre el préstamo recibido (con una tasación al alza de vivienda de por medio) y el valor de ejecución (que suele tasarse, por el contrario, muy a la baja, mucho más de lo que en realidad disminuyen los precios de mercado).
Es una verdadera vergüenza que en todos estos años ni el gobierno ni el principal partido de la oposición se hayan puesto de acuerdo para afrontar este drama y para evitar, de forma efectiva modificando la Ley Hipotecaria y no con los parches que solo a última hora se han querido poner, que el derecho a la vivienda que pregona la Constitución se convierta también en humo.
Con tal de salvar los intereses de unas entidades financieras que siguen ganando miles de millones de euros, como en su día reconoció expresamente el ministro José Blanco, se ha renunciado a llevar a cabo reformas legales que terminen con la situación que estamos viviendo.
Los mismos parlamentarios que en un dos por tres se pusieron de acuerdo nada más y nada menos que para reformar la Constitución renunciando a la soberanía nacional sobre aspectos que quizá en los próximos meses pueden ser decisivos (como la no modificación de los créditos externos) no han dado ni un paso para introducir fórmulas legales que ya existen en muchos países para que otro derecho más, aunque ahora tan vital como el de la vivienda, no esté siempre supeditado al beneficio financiero.
La dación de pago es una figura que de forma bastante elemental hubiera podido resolver, al menos, que quien ya ha perdido su vivienda termine además arruinado para siempre pagando cuotas de préstamos que ya no le financian nada y que, para colmo, son el resultado de la desigualdad entre las partes con la que en su día se establecieron las condiciones contractuales.
Pero ha bastado que los bancos amenazaran (vaya a saber usted de qué forma en la intimidad de los despachos o de las líneas telefónicas) para que el gobierno se achante una vez más y se haya negado a dar avance alguno en esta dirección.
Es un auténtico escándalo y una prueba más de que nuestra democracia está patas arriba que quien haya tenido que salir a defender a los cientos de miles de familias humildes que pierden sus viviendas hayan sido sus propios convecinos y conciudadanos, teniéndose que enfrentar así a partidos mayoritarios, al gobierno y a la policía. Y es muy sintomático de los fines que en realidad persiguen que ninguno de esos obispos que con tanto ardor se manifiestan en defensa de la familia para atacar al gobierno, ni las organizaciones que lideran con ese aparente fin, ni el Partido Popular que siempre quiere aparecer como su gran adalid hayan movido ni un dedo para evitar esos desahucios.
Las plataformas de afectados, el movimiento 15-M y otras organizaciones y partidos son quienes están dando la batalla contra esta inmensa injusticia frente a unos partidos mayoritarios que muestran su verdadera utilidad cuando los intereses bancarios y de los poderosos se ponen por medio.
Generalmente, esos movimientos contra los desahucios vienen defendiendo la dación de pago como alternativa a la situación actual, una opción que a mí me parece insuficiente y errónea si no va más allá. Es verdad que evita, si se me permite la expresión, el recochineo de tener que seguir pagando al banco cuando éste ya se ha quedado con una vivienda por debajo del precio de mercado. No es poco pero no se puede considerar que esa sea la alternativa justa y democrática en un país moderno. Al igual que existen en otros de nuestro entorno, deberían de establecerse mecanismos de arbitraje independiente que permitieran que las partes se pusieran necesariamente de acuerdo sin que los deudores en situaciones de emergencia económica o familiar tengan que perder la vivienda, que es lo que al fin y al cabo ocurre con la dación de pago.
Esta última es un mal menor pero un mal en cualquier caso que no contempla lo que debería ser imperativo:  el horizonte del derecho a la vivienda que reconoce nuestra Constitución.
Sería deseable, por tanto, que además de reclamar la dación de pago con carácter obligatorio y no solo voluntario como existe ahora se antepusiera a ello una reclamación mucho más justa y eficaz: la prevalencia del derecho a la vivienda.
Bastaría con mirar a nuestro alrededor para tomar las instituciones ya existentes y mejorar si fuese necesario, claro que para ello sería necesario mucha mayor dignidad por parte de nuestros legisladores, más independencia de criterio y una actitud más valiente frente a los grandes financieros.
Mientras tanto, seguiremos en la surrealista situación en la nos encontramos: quienes no hacen nada para evitar que los que sufren la crisis pierdan sus viviendas se proclaman defensores de la democracia. Y a quienes nos indignamos con ello, a quienes nos esforzamos por impedir los desahucios y que las familias más humildes pierdan sus viviendas no acusan, como hace la presidente de Madrid, de "impulsar golpes de estado populistas" o nos comparan con la "turbas parisinas", como hace el presidente de las Cortes José Bono. Es lo que hay.

Juan Torres López

¿ES EL MODELO ALEMÁN EL FUTURO A SEGUIR EN LA EUROZONA? (VINCENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 30 de septiembre de 2011

 

Este artículo critica el modelo económico alemán señalando que el énfasis en el estímulo económico basado en las exportaciones, en lugar de la demanda doméstica, es insostenible y es responsable de la Gran Recesión en Alemania y en la Eurozona.

Alemania era, hasta hace unas semanas, el modelo exitoso a seguir. Se decía que, resultado de las reformas que había realizado el canciller Schröder del gobierno socialdemócrata (cuando gobernó en coalición con el Partido Verde) y, más tarde, la canciller conservadora del Partido Cristiano Demócrata, Angela Merkel (cuando gobernó en coalición con el Partido Socialdemócrata y, más tarde, con el Partido Liberal), Alemania estaba creciendo a un nivel (mas del 3% por año), que causaba la envidia del resto de países de la eurozona. De ahí el mensaje que se ha estado promocionando por las autoridades alemanas y por dirigentes de la Unión Europea (UE) de que se debían realizar, en todos los países de la Eurozona (incluyendo España), reformas semejantes a las que realizadas en Alemania a fin de alcanzar su nivel de competitividad, orientando la recuperación económica hacia el incremento de las exportaciones. Alemania se convirtió así en el modelo a seguir, un modelo que ha centrado su economía en el estímulo proveído por las exportaciones. Para alcanzar su nivel de competitividad, había que reducir los salarios y la protección social, incluyendo los beneficios laborales y sociales, tal como había hecho Alemania.
Éste ha sido también el mensaje promovido por el gobierno Zapatero y su equipo económico. El país tiene que pasar momentos difíciles para poder hacer las reformas que nos sacarán de la crisis. Este mensaje se ha convertido en el dogma que se ha estado reproduciendo también en los medios. Los pocos economistas que subrayábamos que este modelo alemán, ni era exitoso, ni era viable para todos los países, fuimos ignorados y marginados. Pues bien, lamento informarles que los datos, como ya preveíamos, ya están ahí para todo el que quiera verlos. La tasa de crecimiento de la economía alemana ha caído en picado y, según las cifras del último trimestre (Q22011), las tasas de crecimiento económico han bajado y la economía alemana está estancada y, en contra de las predicciones del gobierno alemán, les aseguro que permanecerá estancada por bastante tiempo.

LA DEBILIDAD DEL MODELO BASADO EN LAS EXPORTACIONES

El modelo exportador alemán es exitoso cuando hay países que importen lo que Alemania exporta. Pues bien, la gran mayoría de países a los que Alemania exporta, que son los países de la Eurozona, no están en condiciones de importar los productos alemanes. En realidad, nada menos que las dos terceras partes de todas las exportaciones alemanas van a los países de la Eurozona. Pero como estos países están en recesión, las importaciones de productos alemanes por parte de estos países han caído en picado, y con ello las exportaciones alemanas a estos países cayeron también en picado. Y, como consecuencia, tanto la economía alemana como la europea están estancadas. Todos los sacrificios (austeridad incluida) realizados por los gobiernos Schröder y Merkel fueron en balde. Sirvieron muy poco para aumentar la demanda de las clases populares alemanas. En realidad, la aplicación del modelo alemán a nivel de la UE es un desastre (no hay otra manera de definirlo), pues las políticas de austeridad que pregonan dificultan todavía más el crecimiento de la actividad económica. En realidad, lo que se necesita hacer es precisamente lo opuesto a lo que están haciendo, es decir, aumentar la demanda doméstica, y con ello estimular la actividad económica y el crecimiento económico, lo cual quiere decir que todas las políticas de austeridad que se están imponiendo a la población no son sólo erróneas, sino incluso contraproducentes.
La evidencia de ello es abrumadora. Incluso el Gabinete de Estudios del Fondo Monetario Internacional ha concluido que –como promedio en los países de la OCDE- cada reducción (equivalente a un 1% del PIB) del déficit público conlleva un crecimiento del desempleo de 0.3 puntos. En España este impacto es mucho mayor. Este aumento del desempleo contribuye al descenso de la demanda y con ello al descenso del crecimiento económico. Es este estancamiento económico –y no el tamaño del déficit y de la deuda pública- lo que está alarmando a los mercados. Lo que estamos viendo es la fortaleza de un dogma, el dogma neoliberal, totalmente impermeable a los hechos que está llevando a la economía europea a unos niveles de inactividad económica que puede conducirla a una Gran Depresión.

¿QUÉ DEBERÍA HABERSE HECHO?

Lo dijo muy bien Oskar Lafontaine cuando era Ministro de Economía de la coalición socialdemócrata-Partido Verde. Criticó duramente al gobierno Schröder y a sus políticas, que predijo conducirían al estancamiento de la economía alemana y de la economía europea. La Coalición Socialdemócrata-Partido Verde estableció con sus reformas (acentuadas más tarde por el gobierno Merkel) las bases que han llevado a la situación actual. Aquella coalición desreguló la banca, diluyendo la relación entre la banca y la economía productiva. Los bancos locales (equivalente a las cajas de ahorros de España) habían sido siempre un pilar del modelo industrial alemán, estableciéndose una relación capital financiero-capital industrial que estaba en el centro del sistema productivo. Era lo que se llamaba Deutschland, A.G.
El gobierno de coalición, liderado por Schröder, liberalizó el sistema financiero que tuvo como consecuencia el debilitamiento de esta relación de la banca con el mundo empresarial local, acentuándose así la mercantilización de la banca privada local. El gobierno Zapatero ha ido incluso más lejos. Ha privatizado las cajas de ahorros rompiendo esta relación entre el capital financiero y el empresarial que está dificultando enormemente la disponibilidad del crédito a las medianas y pequeñas empresas y a los ciudadanos.

LA REDUCCIÓN DE LOS DERECHOS LABORALES DE LA COALICIÓN PARTIDO SOCIALDEMÓCRATA-PARTIDO VERDE

Otra reforma de la coalición socialdemócrata-Partido Verde fue el debilitamiento del sistema de cogestión, mediante el cual los trabajadores de una empresa participaban en la gobernanza de la empresa. Una consecuencia de ello fue el debilitamiento de los sindicatos, con reducción del seguro de desempleo y una rebaja salarial que causó una reducción de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional. Puesto que la productividad continuó creciendo, ello se tradujo en un incremento muy notable de las rentas del capital a costa de la reducción de las rentas del capital.
Esta polarización de las rentas a favor del capital causó un estancamiento de la demanda interna por un lado y un gran crecimiento de capital financiero, por el otro. La enorme acumulación de euros que tuvo Alemania, resultado de la mala distribución de las rentas a favor del capital financiero, determinó así un estancamiento de la economía alemana y de la economía europea, causando un creciente endeudamiento de los países periféricos conocidos como PIGS, financiado en gran parte con el exceso de euros que tenía Alemania. La banca alemana se convirtió en la mayor propietaria de bonos públicos y privados de los países periféricos, incluida España.
Este modelo alemán estaba creando las bases para la crisis europea. De ahí que, como ya previó y propuso Oskar Lafontaine, lo que se tenía que haber hecho era estimular la demanda doméstica alemana, mediante la mejor distribución del crecimiento de la productividad, incrementando los salarios y expandiendo el gasto público social. Este crecimiento de la demanda alemana hubiera estimulado la economía alemana y, por lo tanto, la economía europea. Oskar Lafontaine propuso que los salarios aumentaran a nivel europeo, junto con una mayor intervención del Estado en la regulación del crédito, acentuando la necesidad de garantizarlo. Lafontaine dimitió como Ministro de Economía y también del gobierno, y contribuyó a crear un nuevo partido, Die Linke (La Izquierda). Mientras, el Partido Socialdemócrata perdió la mitad de militantes y sufrió el mayor bajón electoral de su historia. Y hoy Alemania está estancada. Todo el sacrificio que se impuso a las clases populares no sirvió para nada. La responsabilidad histórica de los dirigentes de aquel partido es enorme. Pero, por desgracia, los dirigentes de la Socialdemocracia española aprendieron la lección equivocada. Lo que tenían que haber aprendido es que desde la perspectiva de las clases populares (que tradicionalmente fueron sus bases electorales) todos estos enormes sacrificios que se están imponiendo a la población (y que serán incluso más acentuados con un gobierno PP) no han servido ni servirán para nada si su objetivo es salir de la crisis. Repito, para nada. Antes al contrario, han empeorado la situación.

jueves, 29 de septiembre de 2011

EL TESTIGO (PRODUCCIONES EL BRUJO)

Fui con mis padres y Elena al Teatro Bergidum de Ponferrada, a ver esta divertida obra de "El Brujo", que lo hizo genial, me gustó mucho. La pena es que con mi dolor de garganta y oídos, ando bastante sorda y al estar sentados en las últimas filas, me perdí muchos detalles de la "susurrante obra", jejeje!
¡Necesito recuperarme ya!
Anina