jueves, 12 de abril de 2012

LONDON

Llegamos al aeropuerto de Londres a mediodía, comimos en el aeropuerto (en Burguer King) y nos fuimos en autobus al centro de Londres. Lo primero que hicimos fue coger el billete de metro para el día, se llama day travelcard. Fuimos a nuestro hotel a dejar el equipaje, por cierto, pésimo el hotel, una habitación enana, un desayuno bastante pobre y muy caro, carísimo!.
Nos decidimos a ir a Covent Garden, dar un paseo por el barrio, disfrutar de su ambiente. También fuimos a Chinatown y a Trafalgar Square. Acabamos cenando en McDonalds, ¡que mala la comida inglesa!
A Juanma no le gustó mucho esta zona.
Estabamos muy cansados y nos fuimos a descansar después de un larguísimo día.
Anina


Covent Garden

Covent Garden

Covent Garden

One of the oldest pubs in London

London


National Gallery (Trafalgar Square)


Nelson Column (Trafalgar Square)


Chinatown


Oxford Hotel

Oxford hotel

We arrived at London airport at noon, we had lunch at the airport (Burger King) and we went by bus to the city centre (Victoria). The first thing we did was to take the underground ticket for the day, is called "day travelcard".  
We went to our hotel to leave our luggage, of course, bad hotel, a tiny room, a very poor breakfast and very expensive.
We decided to go to Covent Garden, we took a walk and enjoyed the atmosphere. We also went to Chinatown and Trafalgar Square.
We had dinner in McDonalds, ¡terrible food!
Juanma didn't like this area.
We were very tired and we went to rest after a very long day.
Anina

miércoles, 11 de abril de 2012

El euro nunca estuvo en peligro (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro, 11 de abril de 2012

Este artículo critica la postura ampliamente generalizada en círculos económicos, incluidos progresistas, que asumen que las políticas fiscales de austeridad han sido necesarias en los países de la Eurozona para salvar el euro.

Existe una impresión generalizada de que estuvimos al borde de que el euro desapareciera y de que la Unión Europea se desmembrara. Josep Oliver, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, y uno de los economistas a los que leo en El Periódico siempre con gran interés y, a menudo, como ahora, con desacuerdo, repite esta percepción en un artículo “Los Estados Unidos de Europa”, publicado en tal rotativo el último 01.03.12, señalando que parece que estamos saliendo del peligro de colapso del euro y desmantelamiento de la UE, pero tenemos que ir todavía con mucho cuidado y cautela porque estamos lejos de haber salido de la crisis actual.
Del artículo parece deducirse que, según el profesor Oliver, la causa de que nos estemos alejando del precipicio se debe a las políticas de rectitud fiscal, promovidas por el gobierno de la canciller Angela Merkel y aplicadas a todos los otros países. Parecería, pues, que el Profesor Oliver atribuye lo que considera una mejora a la política de ortodoxia fiscal que nos ayuda a salir del atolladero en que nos encontramos. Últimamente el Profesor Josep Oliver ha indicado su apoyo a las políticas de recortes de gasto público, aún cuando ha protestado por la manera indiscriminada e injusta de tales recortes.
Con el gran respeto que le tengo al profesor Oliver, tengo que indicar que estoy en profundo desacuerdo con él. Soy consciente de que esta lectura de la realidad es la más común, pero ello no la hace más creíble o certera. En primer lugar, el euro nunca estuvo en peligro. Si hubiera estado en peligro, hubiera caído en picado el valor de tal moneda, cosa que no ha ocurrido. Aunque se devaluó frente a otras monedas, como el dólar estadounidense, el euro jamás bajó más en el valor que tenía cuando se estableció (ver mi artículo “El euro no está en peligro. El bienestar de la población sí que lo está”. El Plural. 26.12.11). En realidad, el descenso del euro fue un cambio positivo para la economía real productiva, pues facilitó la mejora de las exportaciones a zonas que comercializan con los países de la Unión Europea. El que la banca y el establishment europeo clamaran que había que implementar políticas de austeridad a fin de salvar al euro, no quiere decir que el euro estuviera en peligro. La Banca y el Banco Central Europeo (BCE) perdieron credibilidad desde hace mucho tiempo.
En cuanto al descenso de los intereses de la deuda pública, ello tiene poco que ver con las políticas de austeridad. El hecho más importante que ha ocurrido para explicar tal bajada no es la reducción del déficit del Estado español, sino la decisión del Banco Central Europeo de comprar deuda pública española en los mercados secundarios. Esta decisión ha sido la que ha determinado la bajada de tales intereses. En realidad, el nivel de los intereses es modificable y depende de causas políticas. Contra lo que el profesor Oliver indica, no son los mercados financieros los que determinan el nivel de los intereses de la deuda pública. Este nivel es más una variable política que económica. Y puede modificarse fácilmente mediante la intervención del BCE. Éste, que es en la práctica un lobby de la banca, modula sus intervenciones con el objetivo de alcanzar lo que desea, como la privatización de los servicios, la desregulación de los mercados laborales, la eliminación de los convenios colectivos y otras medidas que, en realidad, tienen poco que ver con la fortaleza del euro, y mucho que ver con los intereses empresariales de la banca y otros elementos del capital financiero. Baste sólo con leer las declaraciones del Presidente del BCE, Mario Draghi (que había sido Vicepresidente del Banco Goldman Sachs) a la revista Wall Street Journal  (24.02.12) en el que, con toda claridad y contundencia, indica que “la Europa Social es inviable”, señalando que la era de la Europa Social ha terminado. Todas las condiciones que el BCE está poniendo a España para que intervenga es que reduzca más y más el Estado del Bienestar, instrucciones que el gobierno Rajoy está cumpliendo a pies juntillas. Creerse que bajar tal gasto público hará recuperar “la confianza de los mercados” es de una ingenuidad que queda claramente en evidencia con lo que está ocurriendo en España. Por desgracia, pocos fuimos los autores que denunciamos estas políticas fiscales cuando se presentaron como la solución a la gran recesión. Hoy, los hechos nos han dado la razón. Sería de desear que economistas como Josep Oliver, que sin lugar a dudas piensan en sus propuestas mejorar la calidad de vida de las clases populares, se dieran cuenta de ello lo más pronto posible.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PAPÁ!!!

¡FELICIDADES PAPÁ!

Que pases un feliz día, junto a mamá, a la vuelta te achucho fuerte fuerte! 
Te quiero,
Anina

lunes, 9 de abril de 2012

MERLUZA EN SALSA DE GAMBAS - THERMOMIX -


Tenía ganas de hacer esta receta: Merluza en salsa de gambas - La Juani de Ana Sevilla - ya había comprado los ingredientes así que hoy nos pusimos a ello. La salsita super suave y riquísima, y ¡muy ligerito! 
Anina

La ignorancia histórica de la canciller Merkel y su selectividad moral (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 9 de abril de 2012

Este artículo critica la falta de credibilidad y dualidad moral que presenta el gobierno alemán en su comportamiento y crítica hacia Grecia y su deuda pública. 

Una de las motivaciones que han definido las políticas de austeridad impuestas por el gobierno alemán de la canciller Angela Merkel a Grecia ha sido la de penalizar a este país por su comportamiento, considerado por tal canciller como irresponsable, al vivir por encima de sus posibilidades, con un Estado supuestamente derrochador, atributos de una sociedad enferma e inmoral. La mentalidad que hay que “castigar a Grecia” ha sido dominante en el establishment financiero, económico y político alemán, reproducido a través de sus medios de información de mayor difusión, que contienen, todos ellos, artículos, reportajes y páginas de opinión claramente anti-Grecia, reproduciendo estereotipos insultantes para la mayoría de las clases populares de aquel país. El griego “vago” y “dependiente del Estado” financiado por la ayuda alemana través de fondos públicos alemanes, se ha convertido en una imagen muy común de los medios alemanes con mayor capacidad de persuasión entre su población. Invito al lector que no se crea lo que estoy diciendo a que ojee los diarios alemanes de mayor tiraje y busque artículos que hagan referencia a Grecia, y verán que raramente aparecen imágenes o narrativas que sean mínimamente objetivas o equilibradas en su reportaje. La gran mayoría de artículos son condenatorios del Estado griego y de su población.
En esta actitud alemana hacia Grecia hay varios problemas graves, resultado de una enorme ignorancia por parte de la canciller Merkel y del establishment alemán, no sólo de la propia historia de Alemania, sino también de la de Europa. Vayamos por partes. La primera ignorancia es desconocer las terribles consecuencias de querer penalizar a todo un país por su comportamiento supuestamente inmoral. Alemania es un ejemplo de ello. El Tratado de Versalles, firmado el 28 de Junio de 1919, era el Tratado de Paz que terminaba con la Primera Guerra Mundial. Los vencedores de aquel conflicto, Francia, Gran Bretaña y EEUU, impusieron un castigo a Alemania, perdedora de aquella guerra, castigo que tenía como objetivo penalizar al pueblo alemán por su responsabilidad en haber causado la I Guerra Mundial. Con aquella penalización se intentaba prevenir que Alemania causara en el futuro otra guerra. Como dijo el Primer Ministro francés Georges Clemenceau, el objetivo central de las enormes sanciones impuestas al pueblo alemán era prevenir una II Guerra Mundial. La historia, sin embargo, mostró el enorme error de aquellas políticas de sanciones encaminadas a penalizar el comportamiento considerado inmoral de un país. La Segunda Guerra Mundial siguió a la Primera, y en cierta manera, la II Guerra Mundial era una respuesta a la política de sanciones firmada en Versalles en 1919. En realidad, el economista Keynes, de Gran Bretaña, que había dimitido de la delegación británica en Versalles por su desacuerdo con aquellas políticas sancionadoras que iban a aprobarse en el llamado Tratado de Paz, había ya alertado que aquellas sanciones empeorarían todavía más la situación alemana, creando las condiciones para que apareciese un movimiento de protesta, canalizado por el nazismo, tal com oocurrió. Lo que Keynes aconsejó al Primer Ministro británico Lloyd George, fue lo que se hizo después de la II Guerra Mundial (y que se tenía que haber hecho después de la I Guerra Mundial): perdonarle a Alemania más de la mitad de la deuda pública, deuda que Alemania, debía a los vencedores (que eran los mismos que ganaron la Primera Guerra Mundial), a fin de ayudar a la reconstrucción de aquel país. Detrás de tales medidas había el acertado supuesto de que no se podía condenar a todo un pueblo por los errores y malas prácticas políticas y económicas de sus establishments.

¿Penalizando a Grecia por su comportamiento inmoral?

Este supuesto se podría aplicar también a Grecia, país que ha estado gobernado por unos establishments de ultraderecha por la mayoría del tiempo desde el final de la II Guerra mundial. Las políticas corruptas, responsables de unos Estados altamente represivos y con escasa sensibilidad social, fueron realizadas por sus clases dirigentes griegas apoyadas precisamente por las clases dirigentes alemanas. El enorme endeudamiento del Estado griego, basado en parte en la escasez de recursos (generada por un enorme fraude fiscal por parte de los componentes de su clase dirigente) y en unas políticas fiscales enormemente regresivas, con unos gastos militares (aproximadamente el 30% de su presupuesto público) totalmente hiperbólico, se realizó con el apoyo del capital financiero alemán y estadounidense. Es más, la banca Goldman Sachs jugó un papel importante en la creación de la deuda pública, su ocultación y, más tarde, su especulación. El establishment alemán estaba involucrado en las políticas llevadas a cabo en Grecia, que condujeron directamente al mal llamado “problema de la deuda pública griega”. Y la banca alemana fue la que financió la expansión del gasto militar en Grecia (ver mi artículo “Lo que no se dice sobre Grecia”, publicado en mi blog www.vnavarro.org el 28.03.12). ¿Dónde está la crítica de la supuesta moralista Angela Merkel de los banqueros de su país, que se beneficiaron enormemente del comportamiento irresponsable e inmoral de la clase dirigente griega? Y, ¿cómo es que la prensa del establishment alemán está tan silenciosa sobre el papel central que el capital financiero, incluido el alemán, jugó en crear “la crisis de la deuda pública griega”? El pueblo griego no se benefició de aquellas políticas. Fue la burguesía financiera alemana la que se benefició.
No es, pues, Alemania versus Grecia el mayor conflicto actual. Ni Alemania ayuda a Grecia, ni Grecia es corrupta e inmoral. Debe conocerse que dentro de cada país hay clases sociales con intereses distintos, e incluso contrapuestos. Lo que se llamaba antes la burguesía financiera alemana jugó un papel clave en la creación del problema de la deuda pública griega, lo cual hizo con la activa colaboración de la burguesía griega, corrupta, reaccionaria y represiva, perjudicando así tanto a las clases populares griegas como a las clases populares alemanas, pues el dominio de la burguesía financiera sobre el Estado alemán ha sido responsable de las políticas de bajos salarios y escasa demanda, exportando el capital en lugar de invertirlo en el propio país, Alemania, y así aumentar su demanda doméstica, lo cual hubiera estimulado la economía alemana y a la europea a la vez. De esto sin embargo, apenas se habla en los medios de mayor difusión alemanes y españoles.

UNA VERDAD INCÓMODA (DAVIS GUGGENHEIM, 2006),

Documental sobre los efectos devastadores del cambio climático. El ex-vicepresidente norteamericano Al Gore muestra un contundente y preocupante retrato de la situación del planeta, amenazado por el calientamiento global provocado por las ingentes emisiones de CO2 por parte de la acción del hombre. Un documental cuya leyenda reza: "De lejos la película más aterradora que verá jamás". (FILMAFFINITY)

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"El hecho de que 'Una verdad incómoda' no debería existir es una razón para estar agradecido de que exista. (...) intelectualmente es estimulante (...) Un buen lugar para empezar, y continuar, un proceso de concienciación que difícilmente puede ser más urgente. Un film necesario." (A. O. Scott: The New York Times)
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"No es un film aburrido. El director usa palabras, imágenes y la letanía concisa de Gore sobre los hechos para construir una película que es fascinante e implacable. (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Roger Ebert: Chicago Sun-Times)
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"Una excelente herramienta educacional." (Dennis Harvey: Variety)
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"Lección magistral. (...) Más que un documental, parece un grito de alarma. (...) Lo mejor: La permanente impresión de estar aprendiendo de la manera más amena que se pueda imaginar. (...) Puntuación: **** (sobre 5)." (Alberto Bermejo: Diario El Mundo)
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"Su fórmula narrativa acaba convirtiendo un defecto en una virtud. Nada hay más alejado del cine que ver a un tipo largando una teoría tras otra durante una conferencia (...) Tiene el valor de la divulgación de lo incontestable más allá de sus más nimios defectos." (Javier Ocaña: Diario El País)
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"Una clase magistral (...) ¿Aburrida? Para nada. ¿Electoralista? Tampoco." (Días de cine)
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PREMIOS:
2006: 2 Oscars: Mejor documental, mejor canción original (Melissa Etheridge)
2006: National Board of Review: Mejor documental
2006: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor documental


WEB OFICIAL:

Ayer vi con Juanma este documental, que todavía no había visto (¡ya me vale!), me gustó, es importante la divulgación de estos temas medioambientales que tanta importancia tienen para el futuro de nuestro planeta.
Anina

sábado, 7 de abril de 2012

MACARRONES EXPRESS - THERMOMIX -


¡buenísimos! 
Anina

jueves, 5 de abril de 2012

¿Quién define la confianza de los mercados financieros? (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 5 de abril de 2012

Este artículo señala la manipulación que hacen las agencias de valoración de bonos en su definición de la solvencia de los Estados, manipulación que se realiza con la complicidad de las instituciones financieras europeas, incluyendo el Banco Central Europeo.

El argumento más frecuentemente utilizado por el gobierno Rajoy para justificar los enormes recortes de gasto público en España es la necesidad de “recuperar la confianza de los mercados financieros”, la frase más utilizada por todos los proponentes de las políticas de austeridad. De ahí que debería ser un motivo de gran atención mediática averiguar cómo se define tal supuesta confianza de los mercados, y quién tiene el poder de definición. Es sorprendente, en este sentido, la escasa atención mediática sobre estos puntos.
El indicador más frecuentemente utilizado para medir tal confianza de los mercados son los intereses que el Estado debe pagar para poder vender su deuda pública. A mayor desconfianza, mayores los intereses, y viceversa. A mayor confianza, menores intereses. Pero, ¿quién define los intereses? La respuesta conforme a la ortodoxia neoliberal es que son los “mercados”. Pero, como toda ortodoxia, ésta se basa en fe más que en evidencia. Ésta muestra que, en general, son las agencias de valoración de bonos las que, con sus evaluaciones, guían el comportamiento de tales mercados financieros. En realidad, uno de los instrumentos más valiosos que tienen las instituciones financieras (tales como los bancos, las compañías de seguros y los fondos de alto riesgo) que intervienen en el supuesto mercado, son las agencias de evaluación de los productos financieros (en inglés Credit Rating Agencies) que, en teoría, valoran tales productos –como los bonos públicos de los Estados- y dicen a las instituciones financieras si vale la pena invertir en ellos o no. Cuando una de tales agencias valora negativamente los bonos públicos de un Estado, éste tiene que aumentar los intereses de tales bonos a fin de hacerlos más atractivos para las instituciones financieras. Es lo que se llama “recuperar la confianza de los mercados”.
En teoría, tales agencias podrían justificar su existencia si su trabajo fuera independiente, objetivo y creíble. Pero no es así, tal como lo demuestra la evidencia acumulada. Estas agencias son meros instrumentos de aquellas instituciones que, en gran parte, las financian. De ahí que siempre valoren muy positivamente los productos de las instituciones que les financian (sean bancos, compañías de seguro, u otros) mientras que valoran negativamente a ciertos productos si ello favorece los intereses de tales instituciones financiadoras. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Esto fue reconocido por el vicepresidente de una de ellas, la famosa Moody’s, que tras dejar la compañía, declaró a la Comisión Federal de EEUU encargada de analizar las causas de la crisis  financiera, que lo más importante para tal agencia no era la objetividad en sus estudios del valor de los productos financieros sino la satisfacción de sus clientes que financiaban tales estudios (citado en el artículo de John Ryan “Do we need Credit Rating Agencies?” en Social Europe Journal. 16.03.12). Más claro imposible.
Para comprender y predecir sus valoraciones basta conocer quiénes les financian. Así, en EEUU, ha habido una campaña promovida por Wall Street, el centro financiero de EEUU, que tiene como objetivo desacreditar la deuda pública del gobierno federal como manera de forzar recortes en la Seguridad Social y privatizar las pensiones y los programas sanitarios a las personas de la tercera edad. Con la ayuda de los medios afines, Wall Street ha estado promoviendo tal mensaje a través de sus agencias de valoración, devaluando su valoración de los bonos públicos federales. (Antonio Caño en sus sesgados informes sobre EEUU –ver El País de 18.03.12- también transmite este mensaje sobre la deuda pública federal de EEUU). Tales bonos, sin embargo, no tienen ningún problema. Prueba de su salud es que los bonos federales tienen los intereses más bajos de la OCDE (el club de países más ricos del mundo). Si tuvieran problemas, tendrían intereses elevados. La desvaloración de los bonos del Estado federal por parte de tales agencias no tuvo ningún impacto, excepto desacreditar en EEUU todavía más a tales agencias, incluso más de lo que ya lo estaban. Un tanto semejante ocurrió con la devaluación de los bonos públicos del Estado francés, valoración que respondía a una campaña encaminada a penalizar al gobierno francés por su petición de establecimiento de una agencia pública europea que las sustituyera.
El gobierno español, sin embargo, raramente las criticó. Antes al contrario, la ministra de Economía y Hacienda del gobierno Zapatero, Elena Salgado, las alabó, y se opuso al establecimiento de las agencias públicas europeas. Su docilidad hacia tales agencias privadas era sorprendente en una ministra de un gobierno socialista. Su temor (algunos dirían pánico) a antagonizarlas llegó a niveles extremos. Un tanto semejante ocurre con el actual ministro de Economía y Competitividad Luis de Guindos, que fue el director en España del Banco Lehman Brothers que, al colapsar debido a sus prácticas especulativas, creó la crisis financiera. Su obediencia a los mandatos de tales agencias es absoluta.

¿Por qué no se las ignora y se crea una agencia pública europea?

La evidencia de que tales agencias son meros instrumentos de las instituciones financieras hace que se haya estado explorando el desarrollo de agencias públicas de valoración que sean más objetivas y más creíbles que las actuales. El Parlamento Europeo ya ha recomendado el establecimiento de tal agencia. Predeciblemente, la mayor fuerza opositora procede del capital financiero que las financia y sostiene y, como no, del Banco Central Europeo que, como he indicado muchas veces, no es un banco central, sino un lobby de la banca. La avalancha de lobbies intentando que no se constituya esta entidad pública es abrumadora, y es probable que no se apruebe. Y así estamos.
En Estados Unidos, sin embargo, se ha aprobado una ley –The Dodd Frank Act- que elimina la regla que instruía hasta ahora el deber de las pensiones publicas, así como de los bonos públicos, de vender sus activos valorados negativamente por tales agencias. Esta regla les dio un enorme poder que ahora desaparecerá. Nada de esto está pasando en la UE, cuyas instituciones, incluyendo el Banco Central Europeo, continúan considerando tal evaluación como criterio de valoración de la deuda pública. Y ello ocurre a pesar de que la motivación política de tales agencias es obvia si se mira cómo se creó el llamado “problema de la deuda pública” que se inició en Grecia, cuando el Presidente socialista, George Papandreu anunció que la deuda pública griega era mayor que la anunciada por el gobierno conservador anterior. En teoría, tal declaración del Sr. Papandreu parecería “haber descubierto” que las cuentas del Estado no eran correctas. Pero, en realidad, la falta de credibilidad de las cuentas griegas era bien conocida antes de que el Presidente Papandreu lo indicara. Ya en 2004, la Oficina de Estadísticas de la UE –Eurostat-había indicado que las cuentas del Estado griego no eran creíbles, lo cual no fue obstáculo para que las agencias de valoración mantuvieran la evaluación positiva de la deuda pública griega. Fue al anunciarlo el Presidente Socialista cuando se cambió la evaluación, pasando a ser negativa, iniciándose la cascada de valoraciones negativas, primero Grecia, después Portugal, y más tarde España e Italia. ¿Cómo es que las agencias habían valorado positivamente la deuda publica de todos estos países y sólo hasta aquel momento se cambió de valoración positiva a negativa? Y la respuesta es fácil de ver si uno deja de creer en el dogma liberal. Fue el intento del capital financiero de crear la crisis de la deuda pública, de cuya especulación ganó pingües beneficios.
Lo que pasó en Grecia había pasado antes en EEUU. Recordemos que en EEUU tales agencias valoraron muy positivamente los productos de los bancos estadounidenses (incluido el Lehman Brothers del Sr. Luis de Guindos, actual Ministro de Economía), que colapsaron el día después de que les dieran matrícula de honor. En ambos casos, en las dos vertientes del Atlántico, su comportamiento fue el que respondió a los intereses del capital financiero. El famoso “problema de la deuda pública” fue y continúa  siendo un problema artificial, creado, en parte, por las agencias de valoración, para obtener los intereses de aquellas instituciones que las financian. El hecho de que se haya creado este problema (un problema que es falso) se debe a que a los bancos les ha ido muy bien con la existencia de tal problema. Así de claro.

miércoles, 4 de abril de 2012

El mayor problema de la economía no es la falta de conocimiento, sino los bajos salarios (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 4 de mayo de 2012

Este artículo señala que uno de los problemas mayores de la economía estadounidense que se reproduce también en España es la extensión del sector laboral con bajos salarios que está creando un problema grave de falta de demanda, tema apenas debatido en los mayores medios de información del país.

Existe un debate en EEUU sobre las causas de las desigualdades y de la polarización social (ver mi artículo “¿A qué se debe la polarización social?”. Sistema Digital. 16.03.12), que es relevante a las discusiones que han existido en España sobre la sociedad del conocimiento. En realidad, ha habido casi consenso en el establishment económico, político y mediático español, de que el futuro de España dependerá primordialmente del nivel de educación académica existente entre la población. La imagen que se ha promovido es que la sociedad del futuro requerirá elevadas cualificaciones, que se obtendrán en centros de educación superior. De ahí que la estrategia del desarrollo se haya basado en optimizar el número de estudiantes que fueran a la universidad o a un nivel de formación superior.
Creo haber sido de los pocos autores que han criticado esta concepción en España (ver mi artículo “Por qué existe un elevado desempleo: el error de la tesis de ‘la sociedad del conocimiento’“. Sistema Digital. 04.03.11, expuesto en mi blog www.vnavarro.org), sin que mis escritos hayan tenido ninguna resonancia o aceptación. El término de sociedad de conocimiento, como motor del desarrollo, continúa siendo parte de la sabiduría convencional. Y recientemente el Gobierno PP lo ha promovido de nuevo.
El problema con tal postulado y con tal estrategia es que la mayoría de puestos de trabajo en EEUU (y en España), hoy y en el futuro, no requieren elevadas cualificaciones. Según los datos de la Agencia de Estadísticas Laborales del Gobierno estadounidense (‘U.S. Bureau of Labor Statistics’ -BLS-) sólo el 20% de los puestos de trabajo existentes en EEUU requieren educación universitaria. El grupo mayor, el 43%, requiere educación secundaria, y un 26% educación primaria. El porcentaje de personas con educación universitaria, sin embargo, es un 31%, un número mayor que el número de puestos de trabajo que requieren tal cualificación. La consecuencia de ello es que se está educando a personas que estarán trabajando en puestos de trabajo que requieren menor educación, creando una gran frustración (que es lo que está pasando ahora).
Ni que decir tiene que hace falta personal especializado con formación universitaria. Según el BLS, faltan seis millones de profesionales con master o doctorado. Pero estos seis millones representan menos del 5% de toda la fuerza laboral. Las categorías laborales más extensas (más de un tercio de toda la población laboral, es decir 49 millones de personas) están constituidas por personal administrativo de nivel medio (con un salario de 30.710 dólares); personal en comercio y en ventas (con un salario de 24.370 dólares) y personal en restaurantes y lugares de ocio (18.700 dólares). El otro tercio lo constituye personal de ayuda en las escuelas de infancia (19.300 dólares), trabajadores de asistencia domiciliaria (20.250 dólares), personal de seguridad (23.920 dólares), asistentes técnicos de la docencia (20.310 dólares), y trabajadores de la construcción (29.830 dólares). Estos trabajadores continuarán siendo la mayoría de trabajadores en EEUU (y en España).
De ahí que estos puestos de trabajo requieran su propio conocimiento (distinto al universitario) y sus propias condiciones de trabajo. Un cambio fundamental es la revalorización de estos puestos de trabajo, sus condiciones laborales y su valoración. El clasismo dominante de la sociedad española explica el excesivo número de universidades, cuyo desarrollo era para garantizar a los hijos de las clases dominantes una educación universitaria que les garantizara mantenerse en lo que se define como clase alta. El descuido, cuando no discriminación, hacia los otros sectores y clases sociales, explica la escasa valoración de los puestos de trabajo que no requieren educación llamada superior. De ahí la necesidad de movilizar a los colectivos de tales sectores para conseguir mayores salarios y mejores condiciones de trabajo. Y esto no se conseguirá mediante aumento de su educación, sino con su capacidad de acción, incluyendo su sindicalización. Es fundamental para este grupo que se aumente el salario mínimo. En EEUU, tal salario es 7,25 dólares por hora, que significa al año (trabajando 44 horas semanales) unos ingresos anuales de 15.080 dólares, que es ligeramente superior al umbral de pobreza (11.000 dólares). En España la situación es incluso peor: el salario mínimo es aproximadamente 10.110 dólares al año, sólo 230 dólares más que el umbral de pobreza (9.879 dólares). Tal trabajador necesita trabajar todo el año para pagar el coste del coche más económico de la gama estadounidense (un Ford Fiesta, 13.200 dólares). En la época de Henry Ford (el fundador de la Ford que promovió salarios altos para sus empleados para que se compraran sus coches), un trabajador de la Ford tenía que trabajar (en 1914) cuatro meses para pagarse un coche. Hoy tiene que trabajar un año. Y ahí está el enorme problema de demanda que se basa en los escasos y bajos salarios de la clase trabajadora estadounidense. De ahí que comience a haber preocupación, incluso entre algunos sectores del establishment empresarial de EEUU, que algo no está funcionando bien en la economía estadounidense, y este algo recae no en la supuesta ausencia de conocimiento de la fuerza laboral, sino en su limitada capacidad adquisitiva, motor de toda la economía.
Una última observación. No existe una plena realización en España del extremismo de la derecha española. El comprensible deseo de ver a España entre los países avanzados llega a una situación que en inglés se llama “wishful thinking”, que vive de la ilusión de homologar a las derechas españolas a las existentes en otros países. Y ello no es cierto. Un ejemplo. El señor. José Mª Aznar quiere identificarse con el candidato republicano a la Presidencia de EEUU, el señor. Mitt Romney. Le visitó en Boston y como era de esperar apareció la fotografía y fue promovida por el PP. Tal candidato ha ido adaptando posturas más y más derechistas durante las primarias del partido Republicano, adoptando el programa del Tea Party, que es lo más derechista que existe en aquel país. No es, pues, santo de mi devoción. Pero es justo reconocer que, consciente del problema que describo en este artículo, ha sorprendido a muchos indicando que está a favor de que aumente sustancialmente el salario mínimo y que éste se incremente anualmente para adaptarlo a la inflación, posturas que serían impensables en el señor Aznar. En realidad, éste ha repetido ‘ad nauseam’ que elevar el salario mínimo destruiría empleo, ignorando u ocultando que la experiencia internacional no avala tal postulado. Antes al contrario. Tal como ha indicado James Galbraith “subir el salario mínimo quiere decir que aumenta el consumo, y con ello la necesidad de tener más trabajadores para aumentar la producción de los productos consumidos”. El incremento más reciente del salario mínimo fue en Australia, donde aumentó a 16 dólares por hora y, sin embargo, el desempleo continuó siendo uno de los más bajos del mundo, un 5%. En España hemos ido viendo como el descenso de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora ha creado un enorme problema de demanda y de endeudamiento. De ahí que la solución exige un cambio de rumbo muy sustancial, con aumento de los salarios, incluyendo el salario mínimo, y con una gran creación de empleo por parte del sector público, lo opuesto a lo que está ocurriendo.

martes, 3 de abril de 2012

VISITA DE NAHIKARI E IBON


Ayer vinieron a vernos por sorpresa Nahikari e Ibon, ¡que ilusión!, fue una visita cortita porque seguían ruta hacia Galicia, pero ¡me encantó veros! ¡gracias chicos por venir a visitarnos! espero que nos veamos prontito.
Anina

La Monarquía, el establishment y la crisis (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 3 de mayo de 2012

Este artículo señala que el enorme dominio que las fuerzas conservadoras han tenido históricamente sobre los estados de España, Grecia y Portugal explica las grandes insuficiencias que los sistemas democráticos tienen en estos países, así como la profundidad de la recesión (que para las clases populares es ya depresión) en la que se encuentran. Los poderes fácticos financieros y económicos y su influencia sobre las instituciones políticas han jugado un papel clave en la génesis de las crisis financieras y económicas. En España, tales poderes fácticos han arropado a la monarquía como el sistema político que mejor les protegía. Esto ha determinado una crisis profunda del sistema político y del propio sistema monárquico.

Una de las respuestas que los partidarios de mantener la Monarquía en España dan frecuentemente al argumento de aquellos que proponen el establecimiento de una República es que en este momento de enorme crisis financiera y económica tal tema es secundario frente a las enormes dificultades que el país tiene para salir del enorme bache económico en el que se encuentra. En mis discusiones con algunos amigos dirigentes de partidos políticos, sobre todo de sensibilidad socialista, esta respuesta es una constante. Aunque simpatizan con el proyecto republicano, creen que éste es un tema de interés muy secundario en este momento.
Entiendo que tales amigos piensen así, pero creo que se equivocan porque hay una relación clara entre la enorme crisis económica, financiera y política del país y el dominio del establishment conservador sobre los aparados del Estado, liderado por el Monarca. Veamos los datos.
A la vuelta de mi largo exilio indiqué que la transición de la dictadura a la democracia no había sido “modélica” tal como la sabiduría convencional la había definido. Antes al contrario, aunque hubo cambios muy significativos permitiendo el establecimiento de una democracia, el enorme dominio que las fuerzas conservadoras tenían sobre los aparatos del Estado (y la mayoría de los mayores medios de información tanto públicos como privados) la limitó enormemente, dando como resultado una democracia enormemente empobrecida. Indicadores de ello hay miles. Por citar sólo uno: no existe hoy en España ni un solo rotativo de izquierdas a nivel nacional. Ni que decir tiene que existen voces de izquierda en los medios de mayor difusión, pero siempre en una situación muy minoritaria y prácticamente marginal.
Una consecuencia de este enorme dominio conservador en la vida mediática y política del país es el enorme retraso social de España y la subfinanciación de su Estado del Bienestar. Treinta y cuatro años después de establecerse democracia, España continúa a la cola de la Europa Social. El gasto público social por habitante continúa siendo el más bajo de la UE-15 (el grupo de países de la UE que tienen semejante nivel de desarrollo económico al nuestro). Y los recortes actuales acentuarán todavía más este retraso social. He documentado extensamente (ver mi libro El Subdesarrollo Social de España: Causas y Consecuencias. Anagrama. 2006) que este subdesarrollo social se debe al enorme poder que las fuerzas conservadoras (bien en su versión cristianodemócrata, bien en su versión liberal, es decir, neoliberal) tienen sobre la vida política y mediática en España. Es cierto que el partido socialdemócrata ha gobernado España por amplios periodos de tiempo, conllevando cambios substanciales en España. Pero su potencial de cambio ha venido muy marcado por las limitaciones impuestas por los poderes fácticos económicos y financieros a los cuales frecuentemente se ha adaptado, convirtiéndose, paradójicamente, en su defensor.
¿Quiénes causaron  la crisis económica y financiera?
Para responder a esta pregunta hay que observar que España comparte con otros dos países del sur de Europa –Grecia y Portugal- este enorme retraso social. Estos países, junto con España, son también países que están en una profunda recesión (en realidad, como bien acentuó el Financial Times, en una Gran Depresión). El hecho de que estos tres países sufran una gran crisis económica y financiera no es por casualidad, pues todos ellos tienen en común que en su historia las fuerzas ultraconservadoras han dominado los espacios financieros, económicos y políticos del país. Su influencia sobre sus Estados ha sido enorme. Esta enorme influencia explica que todos ellos tengan Estados muy represivos (tienen el mayor número de policías por 10.000 habitantes de la UE-15), con muy escasa sensibilidad social (tienen el porcentaje de la población adulta que trabaja en el Estado del Bienestar más bajo de la UE-15), y con limitadísimo impacto redistributivo. Son también los países que tienen mayor fraude fiscal, la mayoría del cual es realizado por las grandes fortunas, las grandes empresas (como Repsol) que facturan más de 150 millones de euros al año, y la banca (como el Banco Santander, cuyo presidente Emilio Botín ha evitado ser juzgado por fraude fiscal con la complicidad de los gobiernos de turno, incluido el socialista). Los ingresos al Estado son los más bajos de la UE-15, con la mayoría de ellos procedentes de la gravación de las rentas del trabajo, que al disminuir, resultado de la explosión de desempleo, ha creado un enorme agujero en las cuentas del Estado, llamado déficit público.
Las soluciones a la enorme crisis son relativamente fáciles de ver (ver el libro que Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos escrito, Hay alternativas: Propuestas para crear empleo y bienestar social en España). Todas ellas consisten en dar un giro de 180 grados a las políticas que se han aplicado. Se requieren políticas expansivas en lugar de restrictivas de gasto público con el intento de crear empleo, y estimular la demanda y el crecimiento económico. La financiación de tal estímulo debe basarse, no en los flujos de los famosos mercados financieros, sino en una reforma fiscal profunda que genere tales recursos. Si, por ejemplo, el fraude fiscal de las grandes fortunas, grandes empresas y la banca (que cometen el 72% de todo el fraude fiscal en España) se corrigiera, el Estado ingresaría 66.000 millones de euros, con los cuales, entre otras medidas, se podrían crear cinco millones de puestos de trabajo, eliminando el paro en España. Si España tuviera un adulto de cada cuatro trabajando en sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios de atención a la dependencia y otros (tal como tiene Suecia), en lugar de uno de cada diez (como tenemos ahora), España no tendría desempleo. El argumento de que no podríamos financiar tal expansión ignora u oculta deliberadamente que si los impuestos como porcentaje del PIB en España fueran los mismos que Suecia, España ingresaría 200.000 millones de euros más, cantidad más que suficiente para reducir el déficit y crear aquellos cinco millones de nuevos puestos de trabajo.
Hay alternativas a las políticas de austeridad
No es cierto que tales políticas no puedan realizarse y que no se puedan hacer porque el Consejo Europeo, la Comisión Europea o el Banco Central Europeo no lo tolerarían. Corregir el fraude fiscal o aumentar los impuestos del capital, por ejemplo, no está prohibido en la Eurozona. La externalización de responsabilidades a fin de imponer políticas altamente impopulares es la práctica más frecuente utilizada por el establishment financiero, económico y político español para promover el argumento de que no hay alternativas, consiguiendo con ello lo que siempre han deseado: disminuir la protección social y debilitar al mundo del trabajo. Hay que romper con la visión generalizada, incluso entre las izquierdas, de que, a no ser que Europa cambie (solía antes decirse a no ser que el capitalismo colapse), no hay nada que pueda hacerse en España. He escrito extensamente criticando la manera como las instituciones europeas citadas han dificultado el crecimiento económico español. Pero no es cierto que España, incluso en la situación actual, no pudiera seguir otras políticas, incluyendo políticas fiscales redistributivas y creación de empleo.
Sabemos, por lo tanto, como se puede salir del agujero. Pero su falta de consideración de tales posturas (cuando no su marginación en los debates) se debe a causas políticas que tienen que ver con el enorme dominio de aquel establishment ultra-conservador heredado del régimen dictatorial anterior, establishment liderado por el Monarca. Véanse los continuos votos de lealtad al Monarca por parte de la banca, de la gran patronal, de los mayores medios, de la Iglesia, de la derecha política y un largo etcétera. Y este Monarca es el Jefe del Ejército, de donde deriva en última instancia la garantía de continuidad del sistema. Es un poder enorme que dificulta la puesta en marcha de medidas que nos permitirían salir de la crisis. Ahora bien, España no podrá salir de ella y corregir su enorme retraso social sin cambios muy sustanciales en tal estructura de poder y el establishment que genera.
De ahí que en un momento como el actual, donde se ve con tanta claridad que las instituciones llamadas representativas están captadas por los intereses financieros y empresariales que imponen unas políticas que no estaban en los programas electorales de los partidos gobernantes y que están causando un enorme daño a las clases populares, España esté experimentando una crisis no sólo financiera y económica, sino también política. La legitimidad del sistema político español nunca ha sido tan baja. Y de ahí el enorme temor de tal establishment, que explica su enorme represión, criminalizando la resistencia, incluso pasiva, de la población que protesta, con razón, por la imposición de tales políticas.
Pero el temor de las fuerzas conservadoras debería ser la oportunidad de las fuerzas progresistas. Hay que cambiar este establishment financiero, económico, político y mediático a fin de desarrollar la segunda transición de una democracia incompleta a una democracia completa, que permita que se tomen las medidas que cambien las políticas públicas que se están desarrollando. Para ello es necesario cuestionar la pervivencia del centro de aquel establishment, la Monarquía, que es un elemento clave de la estrategia de permanencia de tal injusta distribución de poder. Sé que con un tono condescendiente, algunos de mis amigos, principalmente socialistas, me dirán que las posibilidades reales de que ello ocurra son casi nulas. Pero en esta actitud reflejan más su constante y frustrante moderación y adaptación a la estructura de poder que una lectura objetiva de la realidad. La Monarquía está perdiendo rápidamente su artificialmente creada popularidad. Los movimientos sociales de mayor composición juvenil están enarbolando más y más la bandera republicana. Véanse las fotografías de las manifestaciones de protesta. La historia, incluida la historia española, está llena de ejemplos de que cuando las clases populares se movilizan pueden conseguir lo que desean. Desde la caída del muro de Berlín hasta el fin de la dictadura en España (desde 1974 a 1976 España tuvo el mayor número de huelgas y movilizaciones políticas en Europa) se ve que las movilizaciones populares y las agitaciones sociales tienen impacto.
Una última observación. Algunos monárquicos utilizan el caso de los países escandinavos mostrando que el sistema monárquico puede ser compatible con sociedades avanzadas y progresistas. Tal argumento ignora, sin embargo, el contexto político que determinó la existencia del sistema monárquico en aquellos países y en el nuestro. Al Monarca español lo nombró el dictador, y la función de la Monarquía era precisamente dejar bien atado todo lo que pudiera haber quedado deshilachado. Y se consiguió. No debería olvidarse que la misión de las fuerzas progresistas es precisamente deshilacharlo para conseguir la democracia por la que millones de españoles lucharon sin nunca conseguirlo. Hoy, sin una segunda transición a una mayor democracia en España, no habrá salida de la horrible crisis que el país está viviendo. Un país en el que el 50% de la juventud no encuentra trabajo no puede aceptar la continuidad de unas instituciones tan poco representativas y sensibles a las necesidades de las clases populares. De ahí que la demanda de una mayor y mejor democracia y de resolución de los enormes problemas sociales sean idénticas hoy en nuestro país.

lunes, 2 de abril de 2012

¿Por qué no se habla de la reforma empresarial? (VICENÇ NAVARRO)

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 30 de marzo de 2012

El artículo señala que el énfasis en las reformas del mercado de trabajo como manera de salir de la crisis ignora la evolución del comportamiento empresarial que gobierna las grandes compañías transnacionales. Tales comportamientos, favorecidos y estimulados por intervenciones públicas que los han promovido, han sido responsables del gran crecimiento del desempleo y de la escasa recuperación económica que los países desarrollados están experimentando. El artículo señala como la manera como se ha llevado a cabo la globalización económica ha conducido a un sistema económico en el que unas elites empresariales muy minoritarias –la plutocracia- controlan no solo el mundo del trabajo sino también el mundo del consumo a nivel internacional, realidad que ha sido incentivada por intervenciones públicas de los Estados donde tales empresas tienen sus sedes. Esta situación es un ejemplo más de la excesiva influencia que tales elites tienen sobre los Estados, influencia que ha violado (hasta casi destruirlo) al proceso democrático.

La gran atención dedicada a la crisis financiera por parte de los medios de comunicación ha facilitado que quedara en segundo plano uno de los fenómenos más importantes y preocupantes en la evolución de la economía productiva, es decir, en el sector de la economía donde se producen los bienes y servicios. Hasta hace poco los beneficios de las grandes empresas dependían primordialmente de la demanda doméstica para tales productos. De ahí que era importante que los salarios, por ejemplo, fueran elevados, pues la mayoría del consumo de tales empresas (alrededor del 80%) procedía del consumo de los asalariados y sus familias en el país donde se ubicaban sus sedes centrales.
Pero esto está cambiando muy rápidamente. Actualmente, el consumo de tales grandes empresas, hoy en día transnacionales, se produce fuera del país, y de una manera creciente en los países emergentes. China es importante, no sólo por la baratura de su fuerza de trabajo, sino por el enorme potencial de consumo de su población: casi una quinta parte de la población mundial. Jeffrey Immelt, el CEO (Chief Executive Officer) de la General Electric, es decir el que manda más en dicha empresa, indicó recientemente que de los 14.250 millones de dólares en beneficios que la compañía estadounidense hizo en 2010, 9.100 millones se habían realizado fuera de EEUU, siendo China uno de los países que generó mayores beneficios. Estos beneficios se basan, no sólo en los bajos salarios de los trabajadores chinos (la gran mayoría de empleados de las grandes empresas como Apple, Hewlett Packard, General Electric o empresas de Internet, están en China), sino también en el consumo realizado por los millones de chinos que están integrados ya en el mercado internacional. Y no sólo en China. En 2001, el 32% de los ingresos de las 500 compañías estadounidenses más importantes, procedían del extranjero. En 2008 tal porcentaje había subido al 48%. El ciudadano estadounidense, pues, deja de tener importancia para las grandes empresas transnacionales no sólo como trabajador, sino también como consumidor. El bajón de su capacidad adquisitiva y, por lo tanto, de la demanda de los productos de tales transnacionales, ha sido sustituida por la demanda generada por las “nuevas clases medias” que están surgiendo en los países emergentes.
La respuesta propuesta para subsanar esta situación era que los trabajadores estadounidenses y de otros países desarrollados, como los europeos, pudieran competir con los trabajadores chinos o de los otros países emergentes a base de aumentar su productividad. Pero esta situación está perdiendo validez a medida que la productividad en los países emergentes está creciendo enormemente.
Esta situación explica, en parte, la situación aparentemente paradójica de que, aunque la economía de EEUU y de los países de la Unión Europea está creciendo muy poco y la capacidad adquisitiva de los trabajadores ha ido descendiendo, los beneficios empresariales de tales empresas transnacionales han crecido exponencialmente. Los beneficios empresariales de las grandes empresas transnacionales en EEUU alcanzaron en 2010 la astronómica cifra de 1.659 billones (europeos) de dólares, 28% superior a la del año anterior, mientras que el salario de los trabajadores (la mediana) bajó 159 dólares de 2001 a 2009, quedándose en 26.261 dólares. El salario por hora para nuevos trabajadores de la manufactura es de 15 dólares, la mitad de hace diez años.
Las grandes empresas entienden el mundo como un mercado. Y sus trabajadores están también en todo el mundo. Se construye así un mundo en el que unos pocos, las élites dirigentes de tales empresas, tienen todo el dominio, frente a la mayoría de las clases populares, que se van empobreciendo en la medida que tales empresas van desplazándose de país en país en busca de trabajadores de bajos salarios, asegurándose su consumo mediante el desplazamiento de sus mercados.
Naturalmente que existen variaciones de lo que he descrito, según los sectores económicos. Como promedio, y según las cifras del Bureau of Economic Analysis (BEA) del gobierno federal estadounidense, el porcentaje de empleados fuera de EEUU en las compañías transnacionales basadas en EEUU ha pasado de ser un 26% en 1982 a un 36% en 2008. En la manufactura, así como en la industria del automóvil, el cambio ha sido más sustancial. En Ford, tal porcentaje ha pasado de ser un 47% en 1992 a un 68% en 2010.

¿Puede esta situación revertirse?

La respuesta es sí, pues la causa determinante de esta movilidad ha sido el dominio de estas elites empresariales (la plutocracia) sobre los Estados en los que se asientan. Tal globalización ha sido facilitada por las intervenciones públicas, que pueden revertirse de manera que se regule y/o se incentive esta reversión. Hasta ahora, el intento de revertir esta movilidad se hizo mediante abaratamiento de la fuerza del trabajo y la reducción de su protección social. El enorme ataque a los sindicatos que estamos viendo en EEUU y en España responde a este objetivo. Algunas de las empresas que la Ford contrata en California (como en la fábrica de tractores en Dearborn) el salario horario es ya semejante al que Ford tendría que pagar en China en 2015.
Pero esta medida no resolverá el problema de la escasa demanda. De ahí que se hagan necesarias otras medidas intervencionistas del Estado, revirtiendo los incentivos y ventajas fiscales que hoy se otorgan a las compañías exportadoras, y exigiendo una desglobalización de las transnacionales, lo cual no quiere decir que abandonen los mercados exteriores, sino que prioricen los mercados interiores mediante medidas intervencionistas. Y sus frutos aparecen ya. Estamos hoy viendo compañías como Ford, Caterpillar, Wham-O Inc., Master Locks, Suarez Manufacturing e incluso General Electric, que están transfiriendo producción de China y Méjico a los Estados de Georgia, Ohio, Indiana, Wisconsin, California y Michigan. Lo que se requiere es un intervencionismo público encaminado a retener los puestos de trabajo, lo cual requiere un cambio muy notable de políticas públicas encaminadas a facilitar el mantenimiento de puestos de trabajo en lugar de su exportación. Estas políticas son necesarias también en la Unión Europea y en España. Medidas encaminadas a cambiar el comportamiento de las empresas transnacionales, incrementando el poder del mundo del trabajo a nivel empresarial son medidas alternativas a las existentes, cuya eficacia ha sido probada en otros países.